El cantautor bogotano Duplat celebrará el lanzamiento de su álbum Dulce y Amarga con un concierto el 12 de marzo de 2025 en Bonfire, Bogotá. Apropiándose de su apodo, ‘El Príncipe de Chapinero’, el artista presentará un show cargado de amor, emoción y letras “con alma”, en el que fusionará su formación en piano clásico con su pop honesto y visceral.
De la crisis nació un sueño
eltiempo Foto:Juan Sebastián Prada
Era 2016 y, después de años de competencia, por fin estaba en un concurso de música en Mérida, México. Se había preparado toda su vida para ese momento: de sus 16 años, llevaba 12 practicando piano. Era la oportunidad de lucirse, pero al salir al escenario su mente quedó en blanco. Olvidó un fragmento de la pieza y el jurado, sin compasión, lo eliminó en la primera ronda. “Sentí que no era justo que doce años de estudio se fueran a la basura por un error”, recuerda Duplat en entrevista con EL TIEMPO.
Desde pequeño, Daniel Duplat, conocido artísticamente como Duplat, se enamoró del piano. La música era algo que siempre había estado presente en su familia. Su abuelo tocaba bambucos, su tío baladas, su hermano sabe tocar instrumentos y su primo también, aunque ninguno de ellos lo estudió oficialmente. “Todos eran amateurs, nadie era profesional”, comenta el artista.
Su fracaso en el concurso en México abrió la puerta a posibilidades que nunca se había planteado. Amaba el instrumento, pero no necesariamente la música clásica que debía estudiar para tocarlo. Entenderlo le permitió darse la oportunidad de conectar con la composición.
“Como forma de desahogo se me ocurrió escribir una canción sobre lo que sentía. Yo no sabía de canto ni de composición, pero como ya tocaba piano, fue natural empezar desde ahí. Y descubrí una pasión inesperada por escribir canciones. En esa misma época tuve una relación sentimental que fue un desastre, y se mezclaron las dos cosas. Encontré en las canciones un vehículo para expresar todo eso”, dice Duplat.
Encontrar su sonido
Duplat sentado en su piano. Foto:Andrés Yepes
Con una voz que, más que técnica, es emocional, se adentró en el pop y el rock, géneros que le daban más libertad al cantar. También transformó su manera de componer. “Antes componía mientras producía: hacía arreglos, ponía baterías, bajos, loops… y cuando ya tenía la canción, ahí sí escribía. Ahora es al revés: primero la hago en piano y voz, y luego produzco con más cuidado”, explica el artista.
Para él, cuando se ‘sobreproduce’ un tema, hay peligro de que se pierda el mensaje, cosa que es el corazón de su música. “Antes hacía música con letra: me enfocaba más en el sonido, en los arreglos, en los vientos, sintetizadores. Eso está bien, pero no siempre conecta. La letra, el mood, las historias son más poderosas. Hoy mi enfoque es contar mis experiencias y dejar que la música complemente ese mensaje”. Según Duplat, la gente conecta más con la emoción que con la producción.
Gracias a eso, Daniel Duplat dice que ha encontrado un sonido más pop y mucho más claro, que llega a más públicos y con los que todos pueden sentirse identificados.
“Hace dos años me veían como un artista indie para universitarios y alternos. Hoy me escriben ‘Gladys’ y ‘doña no sé qué’ diciéndome que son fans, y eso me encanta. No quiero hacer música para intelectualoides; quiero hacer música que le llegue a cualquiera, sin perder profundidad”.
De ser referente para universitarios a componer junto a Andrés Cepeda
Asistentes al concierto de Duplat en Bogotá en 2024. Foto:Andrés Alvarado
Su colaboración con Cepeda nació de una amistad que se dió improvisadamente. Fonseca había invitado a Duplat y a Andrés Cepeda a cantar en su concierto en el Movistar Arena. Cuando estaban haciendo la prueba de sonido de la presentación, tuvieron tiempo libre para hablar. “Hubo mucha química, él ya sabía quién era yo, pero hasta que conversamos, no se dio una conexión real”, recuerda Duplat.
Fue una relación simbiótica en donde ambos encontraron en el otro una libertad creativa para expresarse. Escribieron ‘Dulce y Amarga’ en menos de una hora: “Coincidimos en la importancia del mensaje y en que las canciones digan algo, que tengan alma”, cuenta el artista.
Así mismo, Daniel ha colaborado con Manuel Medrano, con Fonseca y con grandes exponentes del pop en el país.
‘Uno puede estar dichoso y destruido al mismo tiempo’
eltiempo Foto:Juan Sebastián Prada
Su último álbum es especial porque nace de los sentimientos que emergen al enfrentar la adultez. “Este año monté mi empresa musical —trámites, notaría, nuevas responsabilidades—; la carrera se puso seria, ya no es un juego, y voy a ser papá. Todo eso me obligó a crecer de golpe”.
Para Daniel, crecer es un proceso agridulce e implica dejar atrás un lado infantil y adolescente con el que se sentía cómodo. “Ese sentimiento marcó mucho el disco. También me propuse que las canciones tuvieran un significado real. Siento que hoy mucha música es insípida, hecha solo para ser pegajosa o para nombrar marcas. Me parece superficial. Yo quería letras con mensaje, con una tesis, con un punto de vista. Además, este año ha sido el más feliz y el más difícil de mi vida al mismo tiempo” afirma.
Aunque este año tuvo mucho éxito laboral y cumplió varios de sus sueños, también vivió crisis personales profundas: “Y entendí que esas emociones no se cancelan: uno puede estar dichoso y destruido al mismo tiempo. Son fuerzas paralelas”.
El príncipe de Chapinero
Su apodo comenzó como un chiste interno. Nunca quiso apropiarse ni representar el sonido bogotano porque sentía que su música aún no tenía tanto impacto. “Pero en los Premios Nuestra Tierra, cuando gané, hablé espontáneamente de Bogotá. Eso resonó mucho y hasta el Concejo de Bogotá me condecoró por promover la ciudad”, recuerda Duplat.
Después de eso, en las giras, no perdía oportunidad para hablar de Bogotá en los países a los que llegaba ni en los conciertos que cantaba. “Siento que mis canciones tienen un espíritu muy rolo: citadino, ligeramente gris, pero querido. Bogotá es gris, pero la amamos. Incluso detalles como decir “taxi amarillo” en una letra tienen identidad: en México no son amarillos, en otros países tampoco. Chapinero, además, es un barrio con un mood particular, y me parece bonito exportar esa idea”.
Romper la burbuja de ‘ser el artista que a nadie le importa’
Para Duplat, este fue el año en que entendió que puede llegar a públicos más amplios. “Es posible romper esa burbuja del ‘artista que a nadie le importa’ y entrar en un territorio más mainstream. Siento que estamos a un paso —no a dos— de eso”.
El 11 diciembre tocará la Rhapsody in Blue —una obra marcada por el jazz— junto a la Orquesta Sinfónica de Bogotá, en Compensar. En el próximo trimestre llegará la gira de Dulce y Amarga en Bogotá, Medellín, Cali y Ciudad de México, además de varias colaboraciones con artistas mexicanos y colombianos.
“Y en un futuro más lejano, quiero ocupar un lugar que aún no existe en Colombia: el del gran pianista pop del país. Todos podemos nombrar a Billy Joel, Elton John, Fito Páez… pero ¿quién es el pianista colombiano por excelencia? Creo que esa figura todavía no está y siento que tengo la combinación perfecta para construir ese camino”, cuenta Duplat.
Carol Tatiana Gómez Suarez y Valeria Torres – Escuela de Periodismo Multimedia

















