Dominique Strauss-Kahn esperaba a que su avión despegara en Nueva York. Las llamadas y reuniones lo esperaban al otro lado del mundo, en Francia. En ese entonces, 2011, dirigía el Fondo Monetario Internacional (FMI) y empezaba a proyectarse como la gran esperanza de la izquierda francesa para la presidencia. Estaba en primera clase a la espera de su champaña. Notó la presencia de alguien a su lado. Alzó la mirada. Encontró a un oficial de la policía, en vez de una azafata con su champaña. Esposado, se bajó de la nave de Air France.
Más temprano, Nafissatou Diallo doblaba toallas en el vestíbulo del Sofitel New York de West 44th Street. De pronto, vio a un hombre desnudo corriendo por el pasillo directo hacia ella. El hombre la tomó, la arrastró hasta una habitación y la agredió sexualmente. Para cuando llegó la policía, Strauss-Kahn ya había salido del hotel, dejando su celular y otros objetos personales. El director del FMI enfrentó cargos de acto sexual criminal, intento de violación y encarcelamiento ilegal. Se zafó de la situación al hacer un acuerdo con la mucama del hotel y los cargos penales en Estados Unidos fueron retirados.
Chimamanda Ngozi Adichie, dramaturga y novelista nigeriana. Foto:Yomaira Grandett/ Archivo EL TIEMPO
Este caso, que sacudió el panorama internacional por la frialdad con que el FMI trató la situación, además, porque Strauss-Kahn luego fue señalado de facilitar prostitutas para orgías celebradas en París, Bruselas y Washington, llamó la atención de Chimamanda Ngozi Adichie. Ahora, la esencia del caso está plasmada en todo un capítulo de Unos cuantos sueños, el último libro de esta autora, en que dirige una mirada feroz hacia cuatro mujeres que viven desde diferentes perspectivas la naturaleza del amor y el mundo.
Esta y otras historias están en la obra, protagonizada por: Chiamaka, una escritora de viajes nigeriana que vive en Estados Unidos y que, en la soledad de la pandemia, recuerda a sus antiguos amantes mientras se enfrenta a sus propias decisiones y remordimientos. Zikora, su mejor amiga y una abogada exitosa que se siente traicionada y con el corazón roto. Omelogor, la audaz y franca prima de Chiamaka, que se ha convertido en una figura pública en Nigeria y que comienza a cuestionarse hasta qué punto se conoce a sí misma. Por último, Kadiatou, el ama de llaves de Chiamaka, que cría a su hija en Norteamérica, pero debe enfrentarse a un obstáculo que amenaza todo lo que ha construido.
A lo largo de 512 páginas, estas cuatro mujeres, que pueden interpretarse como cuatro versiones diferentes de la misma Chimamanda, se cuestionan: ¿Es posible alcanzar la verdadera felicidad o se trata de un estado fugaz? ¿Hasta qué punto debemos ser honestos con nosotros mismos para amar y ser amados? A través de una mordaz reflexión sobre las decisiones que tomamos y las que se toman por nosotros, sobre las hijas y las madres, Unos cuantos sueños reivindica el derecho a escribir sobre mujeres africanas ricas, con profesiones liberales y padres con chófer, para demostrar que la opresión machista no es una cuestión de clase, no discrimina a las privilegiadas.
“Es una novela que significa muchísimo para mí a nivel personal. Esta es diferente. Y no es solo porque me haya tomado tanto tiempo escribir una novela desde la anterior (12 años). Me gusta decir que esta es mi novela adulta. Es la primera novela que he escrito como madre, pero también como alguien que ya no tiene padres, y mis padres fueron muy importantes en mi vida. Perderlos —perdí a mis padres en 2020 y 2021, de forma muy inesperada— fue devastador para mí. Y fue solo después de la muerte de mi madre que empecé a escribir esta novela. Me gusta decir que realmente creo que el espíritu de mi madre me ayudó a escribirla”, compartió Chimamanda en una rueda de prensa.
El libro es un portal al Washington D. C. de principios de 2020. Habla, en medio de noticias siniestras de Wuhan, de que la «transmisión de persona a persona» no es posible, y es tan gráfica que el lector puede hasta imaginarse a alguien usando la punta de una cucharita para ingresar su contraseña en el cajero automático. El confinamiento se convierte en un gran telón de fondo, en que se desarrolla la historia de aquella escritora de viajes de 44 años (Chiamaka), cuando comienza a buscar en Google antiguos novios, creando una lista de “tipos de mierda”, o «ladrones de tiempo», según su mejor amiga, Zikora.
Así, Chiamaka, la hija menor y única de un rico empresario nigeriano, relata media docena de amoríos mal elegidos, desde un académico infiel que responde a su pregunta sobre su postura diciéndole que es «sacada del pantano contemporáneo que es la cultura pop», hasta un inglés casado en secreto que conoció.
“Una de mis partes favoritas al escribirlo —y fue muy divertido— es cuando un personaje llamado Omelogor tiene una entrada de blog que llama ‘Solo para hombres’. Se supone que es su forma de ayudar a los hombres con consejos sobre relaciones. Eso fue muy divertido para mí y, hablándolo en serio, esperaba que fuera útil para los hombres en sus relaciones”, cuenta la escritora.
Unos cuantos cuentos de Chimamanda Ngozi Adichie Foto:Penguin Random House
Mientras que los libros anteriores de Chimamanda se centraban a menudo en analizar las costumbres estadounidenses desde la perspectiva de los inmigrantes, este es una recopilación exhaustiva de experiencias vitales de mediana edad, construida en torno a la amistad de tres mujeres nigerianas cuyas vidas no han resultado como se imaginaban en cuanto al matrimonio y la maternidad, una situación a la que el libro responde con un rotundo «¿y qué?», sin dejar de lado cualquier posibilidad de angustia y arrepentimiento.
“Creo que también se trata de una idea más amplia sobre cómo vivimos nuestras vidas, cómo imaginamos las vidas que podríamos haber llevado, quién puede soñar y los sueños de quién respetamos, y qué significa soñar, especialmente para una mujer. Y también creo que trata mucho sobre las vidas interiores de las mujeres y sus complejidades. Es un libro sobre mujeres, pero no creo que sea solo para mujeres. También es diferente porque hay una sensación de libertad en la escritura. Incluso en la forma de escribir: mis frases son más largas, estoy más dispuesta a sumergirme en mi amor por el lenguaje de una manera que antes no hacía”, confiesa Chimamanda y concluye: “Una de las cosas de las que estoy orgullosa, es que escribí esta novela estando profundamente en duelo (tras la muerte de sus padres) y, sin embargo, no es un libro triste. De hecho, los pocos momentos en los que me reí al escribirlo fueron muy importantes para mí. Espero que los lectores encuentren humor en él”.
María Jimena Delgado Díaz
Periodista de Cultura

















