El alma es la tradición, la herencia, lo que se manifiesta en alguien o en algo: es la música. ¿Y el cuerpo? El cuerpo es donde la música se encarna, reflexiona Julia Salvi, la fundadora de este festival, en conversación con EL TIEMPO
Cartagena será, como todos los años desde hace dos décadas, la receptora álmica de este encuentro que reunirá a grandes exponentes de la música clásica, así como le hará honor a figuras inmortales como Bach, Mozart, Beethoven y hasta Chaikovski.
Desde esa concepción de la música como una experiencia que se encarna, Salvi habla del espíritu de esta vigésima edición y del diálogo que propone entre el canon clásico europeo y lo local-popular.
Elisabeth-Brauss se presentará en el festival el miércoles 7 de enero. Foto:feliXbroede_
Teniendo en cuenta que esta es la vigésima edición del festival y su largo recorrido, ¿cómo describiría la evolución del evento en estos 20 años y cuál ha sido el momento que más la ha marcado?
En estos veinte años, el Cartagena Festival de Música ha evolucionado como un proyecto cultural vivo, capaz de transformarse sin perder su esencia. Nació con la vocación de acercar a Colombia las grandes obras y figuras del repertorio clásico universal, y con el tiempo se convirtió en una plataforma que articula excelencia artística, formación y diálogo con el territorio.
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Por sus escenarios han pasado artistas de talla mundial, pero más allá de los grandes nombres, hubo presencias que marcaron el espíritu del Festival. Figuras como Jordi Savall, cuya mirada sobre la música como memoria viva y diálogo entre culturas resonó profundamente con la historia de Cartagena, ayudaron a consolidar la idea de que el Festival debía ser no solo un evento, sino un espacio de pensamiento, transmisión y legado.
El momento que más me ha marcado no corresponde a una fecha puntual, sino a la toma de conciencia de ese impacto. Cuando entendimos que el Festival empezaba a transformar trayectorias personales y a generar pertenencia —en músicos, estudiantes y públicos— comprendimos que la música no solo debía llegar a Cartagena, sino arraigarse en ella.
¿Qué significado tiene la temática “El alma y el cuerpo” para esta edición? ¿Por qué lo local sería ‘el cuerpo’?
“El alma y el cuerpo” es una metáfora profunda de la experiencia musical. El alma representa la tradición, el pensamiento, la herencia universal que atraviesa siglos; el cuerpo es la vibración, la presencia, aquello que se manifiesta en un lugar y en unas personas concretas.
En esta edición, lo local es el cuerpo porque es donde la música se encarna: en los músicos colombianos, en los sonidos del Caribe, en los espacios históricos de Cartagena y en un público que la vive con intensidad. Lo universal solo existe cuando encuentra un territorio que lo recibe, lo transforma y lo hace propio.
¿Qué lugar ocupa la música latinoamericana y colombiana dentro de una programación históricamente asociada al canon europeo?
Ocupa un lugar central y consciente. El canon europeo sigue siendo una raíz indispensable, pero nunca ha sido entendido como un límite. La música latinoamericana y colombiana dialoga con esa tradición desde la memoria, la identidad y la emoción, aportando otros lenguajes y otras formas de narrar la experiencia musical.
En el Festival, estas músicas no aparecen como una concesión ni como una nota al margen, sino como parte de una conversación artística legítima, que amplía el repertorio y lo conecta con realidades culturales contemporáneas.
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El Festival propone un recorrido que va de lo clásico europeo a compositores que dialogan con lo popular.
¿Qué historia quiere contar con ese recorrido musical y por qué es importante para el festival y para Cartagena hoy?
Ese recorrido cuenta una historia esencial: la música nunca ha existido aislada. Incluso las grandes obras del repertorio clásico están profundamente ligadas a danzas, cantos populares y contextos sociales específicos.
Para Cartagena —una ciudad mestiza, construida desde el intercambio y la diversidad— este diálogo tiene un significado especial. El Festival propone una narrativa en la que la sofisticación y la raíz no se oponen, sino que se enriquecen, recordándonos que la identidad cultural se construye desde la mezcla.
Siendo Cartagena conocida por su vida nocturna, por sus paisajes y por sus playas, ¿cómo acercan a ese tipo de público al festival? ¿Cuál es el público del Festival?
También se presentará Maxim Vengerov, uno de los violinistas más importantes de estos tiempos. Foto:Cortesía Cartagena Festival de Música
El público del Festival es diverso y ha ido creciendo con los años. Conviven melómanos fieles con personas que asisten por primera vez a un concierto de música clásica; turistas, jóvenes, familias y habitantes de la ciudad.
La clave ha sido integrar la música a la experiencia de Cartagena: conciertos en espacios emblemáticos, una programación que combina rigor y emoción, y la convicción de que el Festival no compite con la ciudad, sino que dialoga con ella. La música se vuelve así parte natural del recorrido cultural de quienes la visitan.
¿Cómo se construye la idea de que Cartagena también puede ser un epicentro de la música clásica, más allá de lo que las personas usualmente piensan del Caribe?
Rompiendo estereotipos desde el respeto y la calidad. El Caribe no es solo fiesta: es historia, pensamiento, profundidad cultural y creación artística.
Cuando grandes intérpretes internacionales llegan a Cartagena y se encuentran con públicos atentos, con jóvenes músicos en formación y con espacios cargados de memoria, se produce una transformación silenciosa pero contundente. Cartagena demuestra que puede ser celebración y contemplación al mismo tiempo.
¿Qué artistas importantes vendrán para esta nueva edición y que los asistentes no se pueden perder?
Esta vigésima edición reúne a artistas que encarnan distintas tradiciones y miradas musicales. Como es tradición del festival, tendremos a algunos de los solistas más sobresalientes y expertos en los repertorios escogidos. Será un privilegio contar de nuevo con la participación del ruso Maxim Vengerov, considerado uno de los violinistas más importantes de nuestro tiempo, y también tendremos a otras figuras como el arpista Xavier de Maistre, uno de los grandes renovadores de su instrumento.
Los espectadores podrán ver a otras figuras que, desde su propio lenguaje, representan ese encuentro entre alma y cuerpo que define esta edición conmemorativa, como Paquito D’Rivera, figura esencial del diálogo entre lo clásico y el jazz latino; el ensamble vocal VOCES8, reconocido mundialmente por su excelencia; y la violinista Leticia

















