El maridaje perfecto para un rock o un hip hop, podría ser un Malbec. Tienen mucha personalidad y carácter. En cambio, las notas de un tempranillo, que es suave al paladar, combinan mejor con un jazz, soul, incluso con un house. Y un Chardonnay, que es fresco, sabe muy bien si de fondo hay un son cubano. En Vinos y Vinilos, un rinconcito en el séptimo piso del hotel Sonesta (Calle 127 N°15 – 03), el líquido de la vid, además de ir acompañado de uno que otro plato, se convierte en una exquisites si de fondo está el ‘soundtrack’ adecuado.
Una luz tenue, rojiza, hace que poner un pie en el lugar sea como devolverse en el tiempo hasta la década de los 70. En ese entonces, en Colombia, comprar un vinilo no solo era un lujo, también era una muestra de paciencia. En Bogotá, había quienes iban al San Andresito o al centro, esculcaban entre las tiendas de disos esperando encontrar el último lanzamiento de los Rolling Stones, The Beatles, Julio Iglesias, la Fania. Si no estaban entre las estanterías, los más melómanos, pedían a sus vendedores estos acetatos por encargo y esperaban hasta un mes para poner ‘on repeat’ el álbum de su artista favorito.
Vinos y vinilos, rooftop cerca a Unicentro, Bogotá Foto:Vinos y vinilos
“El vinilo fue el primer formato que existió en el mundo. Estamos hablando, más o menos, de los años 60, cuando comenzó a popularizarse. En Vinos y Vinilos tomamos los sentimientos que florecían en esa época, para provocarlos en la actualidad con nuestros mixes y muy buena comida”, dice Juan Sebastián Castro Álvarez (@juansvisual), quien hace mezclas con los acetatos, manejando el ritmo, la velocidad y el beat de las canciones.
Y agrega: “Tenemos una compilación amplia de géneros, porque el público del vinilo suele tener un gusto muy ecléctico. Tenemos la ventaja de que los miércoles, por ejemplo, hacemos cata de vinos. Ese día la música va hacia el blues, el indie, el house, el funk y el disco, muy en la línea del lugar. Los jueves son un poco más rumberos, seguimos con funk y disco, pero también incluimos hits del momento. Ahí suena pop, Michael Jackson, Madonna, algo de disco moderno, techno mix. Los viernes los dedicamos a la salsa: salsa dura. Y los sábados ya nos vamos por algo más rumbero y sofisticado, con house y disco”.
De ese deseo juvenil que se vivió hace casi 50 años con furor y de la tendencia de los ‘Wine bar’, que tomó el vino de la socialité para llevarlo a fiestas más populares en el París y Nueva York de los años 2000, nace Vinos y Vinilos. “Con esto, convocamos a los amantes de lo análogo, un público que sabe de música o que tiene cierta nostalgia por los discos. Además, que les gusta la variedad. El vinilo es un formato muy ecléctico. Un día puedes tener una fiesta de salsa, al siguiente uno de los años 80, otro día rock”, cuenta Cristian Padilla, uno de los socios del rooftop.
Vinos y vinilos, rooftop cercano a Rooftop Unicentro, Bogotá Foto:Vinos y vinilos
Así, a una selección muy bien curada, que incluye copas de un Calvet D’Anjou Cabernet Franc, un Joel Gott 815 Cabernet Sauvignon o un Ramón Bilbao Crianza Tempranillo, por precios que van desde los 37.500 pesos hasta los 55.000, se le suma una cocina despreocupada que hace que un plan ideal sea ir un domingo a escuchar buena música, almorzar y pedir una que otra copa.
En Vinos y Vinilos, el placer no se sirve en platos aislados, sino en tríos perfectamente afinados. Una Pizza Mortadela, con crema trufada, mozzarella y mortadela de pistacho con aceitunas, sabe mejor con un vino tinto y Madonna de fondo; una pasta Mafalda con Mariscos, que lleva salsa napolitana, granapadano y albahaca, fondo de mariscos y tomates Cherry, se disfruta más acompañado de un vino blanco y el ritmo de Buena Vista Social Club; y un Tiramisú con base de bizcochos bañados en café y crema montada de mascarpone y cacao, se siente más esponjoso con un vino rosé y la voz de Nina Simone.
María Jimena Delgado Díaz
Periodista de Cultura
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