Experimentar una sensación de riesgo es el objetivo principal de las personas al ver una película de terror, sobresaltarse con un juego de suspenso o permanecer un instante en la cima de una montaña rusa.
Frente a eso, expertos en psicología, neurociencia y artes cinematográficas explican que, desde una perspectiva biológica, esta emoción básica se origina cuando el cerebro detecta o percibe alguna amenaza inmediata sobre la que se debe actuar.
El cerebro regula las reacciones cuando determina que no hay un riesgo real. Foto:iStock
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De acuerdo con Pedro Maldonado, profesor del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, cuando el miedo se hace presente “se libera adrenalina, se erizan los pelos, aumenta la temperatura corporal, disminuye la sangre que va al estómago y nos enfocamos”.
Sin embargo, hay algo más allá que las reacciones fisiológicas. Según un estudio publicado en la revista ‘Nature Human Behaviour’, las experiencias intensas también tienen una base neurocientífica, ya que algunas regiones del cerebro muestran patrones de activación ante estímulos que combinan miedo con disfrute.
El miedo fortalece la capacidad de adaptación. Foto:iStock
“Hemos creado productos culturales que nos permiten figurar, nos permiten representarnos, y nos dan elementos para poder darle una forma a ese efecto que nos sobrepasa y que tiene que ver con el terror”, sostiene Danilo Sanhueza, psicoanalista y académico.
El profesor también destaca que esta conducta es “bastante normal y lógica” dentro de la naturaleza humana, principalmente porque hace parte del crecimiento personal tener que afrontar situaciones difíciles para poder adaptarse.
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El miedo controlado se convierte en una experiencia gratificante
Un artículo de Harvard Medical School (HMS) destaca que el cerebro desencadena una respuesta inmediata ante el miedo, pero la regula y la extingue al reconocer la ausencia de un peligro real.
“La amígdala es la protagonista en esta respuesta, enviando señales a otras áreas cerebrales para activar respuestas de lucha o huida”, subraya el Instituto de Neurociencias Aplicadas, haciendo referencia a que, por siglos, el miedo ha sido una emoción esencial para la supervivencia.
Las pesadillas también hacen parte del proceso de adaptación del cerebro. Foto:iStock
En ese sentido, Maldonado afirma que el temor hace parte de un proceso natural, por lo que el cerebro provoca esta sensación a través de las pesadillas mientras el cuerpo está en completo reposo.
“Si nos vamos a los cuentos tradicionales o a los mitos, incluso los infantiles, contienen siempre un elemento que es terrorífico, violento y catastrófico”, comenta Sanhueza, quien también considera que los contenidos que generan miedo son una forma de obtener excitación y gratificación sin riesgo.
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STEPHANY GUZMÁN AYALA
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
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