Yeison Jiménez, uno de los artistas de música popular más importantes del país, falleció este sábado 10 de enero de 2026 en un accidente aéreo cerca de Paipa (Boyacá), cuando la avioneta en la que viajaba con cinco acompañantes más se estrelló a los pocos segundos de haber despegado.
Poco antes de su concierto del pasado 26 de julio de2025 en el estadio El Campín de Bogotá, el artista caldense conversó con EL TIEMPO sobre el reto del espectáculo que se había vendido por completo.
Reproducimos la entrevista, como un homenaje al artista que logró un sold out con más de 40.000 entradas vendidas para su show, que, en sus palabras, sería “un espacio mágico” para los asistentes.
Jiménez recuerda sus inicios cantando en bares y billares, habla de su evolución artística, su papel como pionero en la renovación del género y su visión empresarial.
Yeison Jiménez en concierto de estadio Nemesio Camacho El Campín, Bogotá. Foto:Sergio Cárdenas | El Tiempo
Llenar un estadio como El Campín no es fácil. ¿Qué significa para usted este logro?
La verdad, para mí llenar el estadio El Campín y ser el primer artista (de la música popular) que hace esta hazaña es muy meritorio. Me hace sentir demasiado agradecido con Dios, con la vida. Me llena de orgullo y de alegría, y te lo digo exactamente mirando el estadio del Campín, vea… ¡qué bonito! Es una locura lo que va a pasar el sábado.
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¿Qué nos puede adelantar sobre el show? ¿Cómo se están preparando para un espectáculo de esa magnitud?
Tenemos una producción demasiado robusta. De hecho, es lo más grande que hemos hecho hasta el día de hoy. En mi carrera jamás me había enfrentado a una tarima, a unos retos, a unos efectos y a todos los accesorios que tenemos para este gran concierto. También vamos a hacer un YJ FEST, que es como un preámbulo del concierto donde la gente, antes de ingresar, va a poder disfrutar, degustar tragos, ver artistas invitados… todo un ecosistema para el concierto en El Campín. No va a ser una entrada normal: tendrás todo un espacio previo, lleno de magia y de mucho trabajo.
Es uno de los primeros artistas de música popular en llenar El Campín. ¿Considera que eso lo convierte en el más importante del género en Colombia?
No sería prudente ni bonito de mi parte decir «yo soy», porque siempre trato de alejarme del ego. Pero sí estoy pasando por el mejor momento de mi carrera, de mi vida. He sido la persona que ha puesto la pauta y ha subido la vara cada vez más alto. El año pasado hicimos tres Movistar Arena. Tú sabes que nadie había vendido uno, y vender tres es una locura. Nos quedó la espinita de llenar un estadio. Soy el primero que lo logra, sí, y siempre trabajo para tratar de ser el mejor.
¿Qué papel juega Bogotá en su carrera? ¿Por qué eligió esta ciudad para dar este gran paso?
Bogotá es la capital de Colombia, pero más allá de eso, es la ciudad que me vio crecer como artista. Fue la primera en creer en mi talento. Comencé siendo un niño que vendía aguacates y que promocionaba su música en las calles, bares, cantinas, billares… cantaba canciones mías y de otros artistas. Para mí, Bogotá era una ciudad impresionante. Yo decía: esta ciudad es muy grande. En ese tiempo era como un epílogo sonar aquí. Bogotá hizo a Jason Jiménez musicalmente.
Yeison Jiménez en un concierto en El Espinal. Foto:WAISMAN MORA
¿Siente que la música popular ya rompió las barreras del regionalismo y se está consolidando a nivel nacional e internacional?
Hace mucho tiempo. Ayer llegué de Panamá. He estado en 29 países haciendo música popular. Somos artistas principales en Chile, Venezuela, Ecuador, México, Estados Unidos. La música regional colombiana está muy lejos de lo que era. Hoy los números, la calidad, la puesta en escena… todo ha evolucionado. Ya no es lo mismo de antes.
Ahora que habla de sus inicios, ¿hubo un momento clave en el que sintió que su música estaba cambiando?
Yo he sido parte de la transformación del género. Muchos dicen que gran parte de lo que ha pasado lo hemos logrado nosotros, esta nueva generación: Pipe Bueno, Jessi (Uribe), Yeison y muchos más. Yo llevo 14 años sosteniendo mi carrera. He sido pionero en muchas cosas: usar lanzallamas en un show, frío jets, cámaras de humo, subir un caballo a la tarima, usar sombrero, hacer videoclips fuera del país, hacer podcast… en transformar la imagen de la música popular, que ya no es solo de cantina. Eso pasó hace años.
¿Cuál fue esa canción que marcó un antes y un después en su carrera?
La canción que primero cambió mi vida fue ‘Por qué la envidia’. Era una canción que la gente cogió muy rápido, se identificaban mucho con la letra. Luego necesitaba una canción con magia, que entrara en todos lados, y esa fue ‘Aventurero’. Entró a todo Centroamérica: Costa Rica, República Dominicana, Chile, Venezuela, Ecuador, México, Estados Unidos. Es la canción por la que comienzan a conocer a Jason Jiménez como artista internacional.
Ha pasado de cantar en escenarios pequeños a llenar El Campín. ¿Qué aprendizajes le ha dejado ese proceso?
Lo más importante es saber que nada es imposible. Un artista colombiano de música regional, de padres humildes, ha llenado todas las plazas más grandes del país. Es muy gratificante. Nada en mi carrera ha sido regalado. Nada salió de abrir una nevera y encontrar un premio. Todo ha sido luchado, muy meritorio.
¿Qué tan difícil fue ganarse un lugar en la industria de la música popular y en el corazón de los colombianos?
Fui haciendo todo paso a paso. La gente se identificó con un pelado soñador, trabajador, con talento, que escribía bien. Canté donde me tocara: en un billar, un restaurante. Hice todo el proceso desde cero hasta llevar mi música al máximo nivel, gracias a Dios.
¿Alguna vez pensó en retirarse?
Solo una vez me tocó duro. Había muchos comentarios, envidia. Decidí dejar de cantar. Pero fue una situación de dos o tres días. Al cuarto día, pensé: no tengo nada que perder. Me había dicho a mí mismo: si en cinco años no lo logro, me voy para el ejército. Estaba mamado de trasnochar, encorabatado… A los cuatro años logré vivir de la música. No era famoso, pero ya podía vivir de esto.
Más allá del artista, también es empresario. ¿Se considera un artista-empresario?
Yo creo que es muy importante saber invertir, porque la música tiene muchos altibajos y nada está escrito. Puedes tener la canción más pegada y en tres meses desaparecer. Me enfoqué en tener algo más seguro que la música. En muchas inversiones perdí, en otras gané. Gracias a Dios lo logré. Hoy puedo salir a cantar sin muchas preocupaciones.
Yeison Jiménez en un concierto en Greenville, Estados Unidos. Foto:WAISMAN MORA
Aparte de la música y los caballos, ¿qué es lo que más le apasiona?
La ganadería y la construcción. Me encanta. Me gusta estar metido en eso.
¿Cómo ha cambiado su vida ahora que está en el mejor momento de tu carrera?
Mi vida se volvió una historia bonita, exitosa. Muy ocupada. Cantamos jueves, viernes, sábado, domingo, y lunes ya hay reuniones, martes también, miércoles entrevistas… Pero es chévere llegar a la casa y decir: hoy hice algo por mi carrera, por mi vida, por mi negocio.
¿En promedio cuántos conciertos hace al mes?
Ya bajó. Este ha sido un año difícil para la música. Yo soy de los que más trabajan. Estoy haciendo de doce a quince shows al mes. Pero duré seis años haciendo de veinte a veintiocho mensuales.
¿Por qué está difícil?
Todo el panorama del país: comercial, político, social. Hay paros, grupos armados… He llegado a conciertos listos, con 28 personas volando, y nos dicen: “no se permite el concierto”. No nos dicen nada, solo: “no se puede hacer”. Y nos vamos. Nunca me había pasado esto en 14 años. Y si yo lo estoy viviendo, imagínate otros colegas que no están en mi situación.
¿Qué papel ha jugado su familia?
Tengo una familia muy humilde, muy campesina, genuina. No son adictos a las redes, a la fama, al poder. Son trabajadores. Mi mamá ahora mismo está haciendo almuerzo para los trabajadores de las fincas. Mi familia es un puerto de llegada. Allí puedo ser una persona libre, sin estereotipos, sin búsquedas de fama ni dinero. Encuentro muchas respuestas en ellos.
¿El concierto de El Campín es lo más grande que ha hecho? ¿Qué sigue?
El Campín es la hazaña más grande en la historia de la música regional colombiana. Nadie lo había hecho. Pero no quiero volverme esclavo de “¿qué sigue?”. Quiero disfrutar lo que venga, sea grande o pequeño. Tomarlo con amor y tranquilidad. No pensar solo en lo próximo. Hay que vivir el momento y el progreso.
CAMILO PEÑA CASTAÑEDA – EDITOR VIDA DE HOY Y CULTURA

















