Su música tiene la cautela de un animal salvaje. Toca el piano con una habilidad que por momentos es delicada, controlada y silenciosa, pero que cuando ataca… todo el auditorio se sobresalta. Las personas mueven la cabeza hacia atrás, sorprendidas por ese factor inesperado, por esa subida repentina que las saca de la planitud. “Suave, fuerte y salvaje”, así describe Elizabeth Brauss su música. “Son todas esas cosas conviviendo al mismo tiempo”.
Su relación con el piano fue natural y casi que instintiva. Hija de padres músicos, tuvo la fortuna de tener un gran piano de cola que le servía de resguardo mientras se acostaba a ver a su padre tocarlo durante horas.
EL TIEMPO conversó con la pianista alemana después de sus presentaciones en el Cartagena Festival de Música, sobre el equilibrio que hay que tener entre el control y la libertad al momento de interpretar una obra, sobre ser mujer en una industria históricamente dominada por hombres, sobre la moda como forma de expresión en escena y sobre su primer concierto en Cartagena.
Más allá de haber empezado a tocar a una edad tan temprana, ¿recuerda cuándo el piano dejó de ser solo un instrumento y se convirtió en algo que realmente amaba? ¿Qué le hizo enamorarse del piano?
Mis padres son ambos músicos profesionales. Así que crecí en una casa llena de música. Para mí era lo más natural del mundo: comer, dormir y hacer música formaban parte de la vida cotidiana.
Mi padre es director de orquesta, y como director toca mucho el piano para estudiar las partituras y la música. Siempre tocaba en casa. Teníamos un gran piano de cola, y yo solía acostarme debajo del piano mientras él tocaba y escucharlo durante horas.
En algún momento, cuando tenía alrededor de cuatro años, quise hacer lo mismo. Empecé a tocar junto a mi padre y él me mostró algunas cosas. Y creo que desde ese momento supe que esto era lo que quería hacer, que así quería pasar mi vida. Y eso nunca cambió desde entonces.
Naturalmente, amo el piano profundamente. Siempre lo haré. Es, de alguna manera, mi voz. Hay mucha información sobre lo que significa ser humano dentro de la música.
¿Qué tipo de emociones puede expresar a través del piano, que no puede expresar por sí misma?
Brauss comenzó a tocar el piano a la edad de 4 años. Foto:@CartagenaMusicFestival
Lo que siempre me parece interesante es verlo al revés: cuando hago música, nunca es posible sentir odio o algo parecido. Nunca. En mi vida personal, por fortuna, no experimento odio, aunque sí siento enojo o frustración en algunos momentos.
Pero en la música siempre hay un nivel que es más grande que una misma. No se trata de tu emoción particular, es algo que habla sobre la humanidad en general. Por eso muchas personas, cuando están frustradas, tristes o enojadas, se sientan al piano y tocan, y de alguna manera eso mejora las cosas. La música tiene un efecto terapéutico.
Cuando hago música, cuando expreso algo en el piano, siento que es la mejor forma de conectar con otras personas de una manera muy universal. Eso es algo profundamente hermoso de la música.
En su forma de tocar hay una sensación de delicadeza y concentración silenciosa, casi instintiva, que de pronto se transforma en intensidad. ¿Qué tan importante es para usted el cuerpo y el lenguaje no verbal al momento de interpretar una obra?
En la vida tuve que aprender cuán importante es eso. Cuando era más joven, me sentaba al piano de manera muy rígida, tratando de controlar todo lo que pasaba, porque pensaba que eso era lo mejor para la música.
Pero con el tiempo entendí que cuando subes al escenario, todo tu cuerpo tiene que convertirse en la música. Porque cuando escuchas una interpretación, de alguna manera tus ojos también escuchan. Todo lo que sucede en el escenario es importante.
Aunque se piense que todo es solo música, solo sonido, no es así. Es una experiencia completa: escuchar, ver y sentir físicamente la música en el cuerpo, en la mente, en el alma, en todas partes.
Ya que hablamos de instinto, ¿podría imaginarse su música como una especie de animal?
¡Sí!, creo que la imagino como un animal fuerte y salvaje, pero también suave y delicado. No sé exactamente qué animal sería, es difícil encontrar uno solo, pero definitivamente tiene esas dos caras. Son todas esas cosas conviviendo al mismo tiempo.
Siempre estoy buscando los momentos suaves y silenciosos, pero también el completo opuesto.
Cuando interpreta una obra, ¿siente que se guía más por el control consciente o por el impulso del momento?
Creo que hacer música y subir al escenario siempre tiene que ver con encontrar un equilibrio entre el control y la libertad. Es algo que también intento encontrar en la vida en general.
La intuición solo puede aparecer si estás preparada. Tienes que saber qué quieres hacer con una obra, con una interpretación. Luego subes al escenario, sabes todo lo que puedes saber, has preparado todo lo posible, y entonces tienes que soltarlo y abrirte a la intuición y a la inspiración del momento.
Por supuesto, al mismo tiempo tienes que mover los dedos de cierta manera, así que hay control. Pero también debes permitir que la música hable a través de ti. Es un constante ir y venir entre control y libertad. A veces te inclinas más hacia el control, otras veces simplemente te dejas llevar.
¿Qué sucede dentro de usted en los segundos antes de tocar la primera nota? ¿Es un momento de calma, de tensión o de escucha interior?
Creo que es diferente para cada músico. Para mí, en los diez minutos antes de salir al escenario, repaso mentalmente cada pieza que voy a tocar, cada movimiento, y trato de tener una visión general de toda la obra.
Pero cuando ya estoy en el escenario y justo antes de tocar la primera nota, solo pienso en los primeros ocho compases. Quiero sentir el tempo, estar completamente presente para las primeras notas que voy a tocar.
En la música clásica, tradicionalmente se viste de negro, pero ayer llevaba una blusa plateada y hoy está vestida de blanco. ¿Para usted la ropa en escena es solo una elección estética o también una forma de expresión artística?
Para Elisabeth Brauss, la música es una forma de conectar con la humanidad. Foto:@CartagenaMusicFestival
Cuando toqué en una sala tan hermosa como la del teatro Adolfo Mejía, que es una de las más bellas en las que he actuado, sentí que también quería darle algo al espacio y al público. Todos en la orquesta ya iban de negro, ya hay mucho negro en el escenario, y el lugar es tan hermoso que quiero armonizar con él y darle algo más de alguna manera.
También depende del repertorio. Para Bach o música barroca, usaría algo distinto que para música contemporánea o jazz. En ese caso, seguramente usaría algo más colorido, más “funky”. Todo depende de la música.
La música clásica es una carrera históricamente dominada por hombres. ¿Cómo ha sido para usted construir su propia voz como pianista mujer? ¿Lo ha vivido como presión, responsabilidad o empoderamiento?
Definitivamente como una forma de empoderamiento. Es una pregunta muy importante.
Creo que es aún más difícil para las mujeres en la dirección orquestal, porque allí casi todos son hombres. Para las pianistas u otros solistas no ha sido tan duro como para las directoras, así que en ese sentido soy afortunada.
Siempre he sentido que la música te permite conectar con otras personas sin que el género o los roles importen. Es posible encontrar un nivel donde esas cosas dejan de tener relevancia. Yo siempre busco ese nivel, porque creo profundamente que cuando estás en el escenario haciendo música, lo único que importa es la música. No importa si eres mujer, hombre o cualquier otra identidad.
En estos primeros días del festival has sido la única pianista mujer en ofrecer conciertos solistas. ¿Sientes que esa posición tiene un peso simbólico especial o lo vives como una parte natural de tu recorrido artístico?
Tuve que encontrar mi camino hacia el rol de solista, porque al principio no era algo que yo deseara necesariamente. Yo quería hacer música, y con el piano eso implica ser solista, porque no puedes tocar dentro de una orquesta de la misma forma.
Tuve que crecer dentro de ese rol, y ahora lo veo como un privilegio enorme y un regalo: tener la oportunidad de encontrar tu propia voz y usarla en el escenario para que muchas personas la escuchen y se conecten con ella.
Aun así, no se siente del todo natural para mí, porque en mi vida privada no me siento así. Pero en el escenario sí es empoderador, para las mujeres y para cualquiera, poder hablar a través de la música, servir a algo más grande.
Y por último: ¿Cartagena cumplió sus expectativas?
¡Más que cumplirlas! No puedo creerlo. Es un honor y una alegría inmensa estar aquí. Todo el mundo es muy abierto y amable.
El público es increíble. Para mí ha sido una experiencia completamente nueva ver lo abiertos, cálidos, solidarios y entusiastas que son. Están realmente dispuestos a escuchar, a involucrarse con la música y a encontrar sentido en ella.
La atmósfera que crea el publico es fundamental. Y aquí es fantástica: en las salas, en las calles, en todas partes hay música, baile, canto, la comida es deliciosa. El espíritu en general es maravilloso. Estoy muy, muy feliz de estar aquí.

















