La selva amazónica está experimentando una transición lenta pero sostenida hacia un clima más caliente, con sequías más frecuentes e intensas, condiciones que no se habían registrado en la Tierra desde hace decenas de millones de años. Así lo concluye un nuevo estudio liderado por la University of California, Berkeley, elaborado por un amplio equipo de científicos nacionales e internacionales publicado en la revista Nature.
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Los investigadores advierten que, si la sociedad mantiene altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero, las llamadas ‘sequías calientes’ podrían volverse comunes en toda la Amazonia hacia 2100, incluso durante la temporada húmeda. Este escenario podría desencadenar una mortalidad masiva de árboles y debilitar la capacidad del planeta para absorber dióxido de carbono, dado que los bosques tropicales capturan más emisiones humanas que cualquier otro bioma.
El nuevo régimen climático, denominado ‘hipertropical’, está emergiendo como consecuencia del calentamiento global, que extiende la estación seca típica de julio a septiembre y eleva las temperaturas por encima de lo normal. Según el estudio, estas condiciones aumentan la tasa normal de mortalidad de los árboles en un 55 %.
“Cuando se producen estas sequías cálidas, ese es el clima que asociamos con un bosque hipertropical, porque está más allá de los límites de lo que ahora consideramos bosque tropical.”, explicó Jeff Chambers, líder del estudio y profesor de geografía en la Universidad de California, Berkeley. Para el año 2100, estas condiciones podrían presentarse hasta 150 días al año.
Estrés hídrico, colapso hidráulico y cambios en la selva
El equipo identificó los mecanismos que explican por qué los árboles mueren bajo condiciones hipertropicales, que actualmente solo se presentan durante días o semanas en eventos de sequía extrema. Cuando la humedad del suelo desciende a cerca de un tercio de su volumen, los árboles dejan de captar carbono y mueren de inanición, o desarrollan burbujas de aire en su savia, similares a embolias. “Demostramos que los árboles de rápido crecimiento y baja densidad de madera eran más vulnerables, muriendo en mayor número que los árboles de alta densidad de madera”, afirmó Chambers. Esto implica que los bosques secundarios podrían ser más vulnerables a la mortalidad inducida por la sequía.
Deforestación en el departamento del Guaviare, en plena Amazonia colombiana. Foto:Edwin Caicedo. EL TIEMPO
Aunque la mortalidad anual de árboles es de poco más del 1 %, un aumento adicional del 0,55 % tiene un impacto acumulativo importante, según el investigador. Estas condiciones hipertropicales también podrían aparecer fuera de la Amazonia, en los bosques lluviosos de África occidental y el sudeste asiático. “Todo depende de lo que hagamos», advirtió Chambers. «Depende de nosotros hasta qué punto vamos a crear realmente este clima hipertropical”.
Chambers ha investigado la Amazonia desde 1993, gran parte de ese tiempo en colaboración con el Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia, en Manaus. Junto a su equipo instaló torres de 50 metros al norte de la ciudad para registrar temperatura, humedad, radiación solar y humedad del suelo. La más antigua fue visitada en noviembre por el gobernador de California, Gavin Newsom, durante la cumbre climática COP30 en Belém.
Sensores instalados dentro de los árboles permitieron medir el flujo de savia, la temperatura de las hojas y la transpiración. Con más de 30 años de datos, el equipo demostró un aumento significativo en la mortalidad de árboles tras sequías intensas, especialmente en especies de rápido crecimiento. Durante las sequías asociadas a El Niño en 2015 y 2023, hallaron que al descender la humedad del suelo por debajo de 0,32, las tasas de transpiración caían bruscamente. “Eso fue realmente sorprendente para todos”, señaló Chambers.
Finalmente, los científicos definieron a los “hipertrópicos” como regiones más cálidas que el percentil 99 de los climas tropicales históricos. “Las sequías actuales son precursoras de este clima emergente y brindan oportunidades para comprender mejor las respuestas de los bosques tropicales a las condiciones cada vez más extremas del futuro.”, concluyeron los autores.
REDACCIÓN CIENCIA
















