El año 2026 se perfila como un punto de inflexión para la agenda ambiental de Colombia y del mundo. A solo cuatro años de que venza el plazo para cumplir las metas ambientales trazadas hacia 2030, el país enfrentará una combinación de presiones políticas, sociales y ecológicas que pondrán a prueba su capacidad de liderazgo regional y de implementación efectiva en los territorios. Elecciones, transición energética, biodiversidad, derechos humanos, protección de ecosistemas estratégicos y gobernanza de los océanos conforman los seis grandes retos ambientales que marcarán el año de acuerdo con WWF.
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El contexto global en el que se desarrollará esta agenda no es sencillo. Los espacios de negociación internacional avanzan en medio de crisis interconectadas que no solo son climáticas, sino también económicas y geopolíticas. Decisiones recientes que han debilitado compromisos con organismos y marcos multilaterales han generado tensiones en la gobernanza global y han reducido la capacidad colectiva para responder de manera coordinada a los desafíos ambientales y climáticos.
El próximo año concentrará debates clave relacionados al ambiente. Foto:TERRASOS
En este escenario, América Latina y el Caribe atraviesan un ciclo político marcado por procesos electorales presidenciales y legislativos. La volatilidad política y la competencia de prioridades propias de los contextos electorales representan un riesgo para la acción ambiental, especialmente si esta no logra consolidarse como un eje estratégico del desarrollo.
Para Colombia, 2026 será un año decisivo. Las elecciones parlamentarias y presidenciales darán inicio a un nuevo periodo de gobierno y a la conformación de un nuevo Congreso. Aunque el país se ha posicionado como un actor relevante en asuntos ambientales en la región, persisten desafíos importantes, en particular en la implementación de los compromisos adquiridos en los territorios. Estos retos deberán ser asumidos con prioridad por la próxima administración, en un contexto social complejo y con altas expectativas frente al papel del Estado en la protección de la naturaleza.
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Uno de los ejes centrales será la eliminación gradual de los combustibles fósiles. En la COP30, realizada en Belém, Brasil, Colombia y más de 35 países se unieron para solicitar acciones más contundentes y una hoja de ruta clara hacia una transición energética justa. En ese marco, se anunció que el país será anfitrión, los próximos 28 y 29 de abril, de la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa para alejarse de los Combustibles Fósiles. El encuentro reunirá a gobiernos, actores subnacionales, pueblos indígenas, comunidades, organizaciones de la sociedad civil y otros actores clave, con el objetivo de fortalecer una visión compartida y generar insumos concretos que respondan a la urgencia climática bajo principios de justicia social y equidad.
El país entra en un año decisivo para su agenda ambiental. Foto:TERRASOS
La biodiversidad ocupará otro lugar central en la agenda de 2026. En febrero, Colombia presentará su Séptimo Informe Nacional de Biodiversidad ante el Convenio sobre la Diversidad Biológica, un hito estratégico que permitirá mostrar avances en la implementación del Plan de Acción Nacional, identificar brechas y orientar decisiones para detener y revertir la pérdida de biodiversidad. El informe también funcionará como una herramienta de seguimiento y rendición de cuentas frente a los compromisos nacionales e internacionales asumidos por el país.
Este ejercicio se dará en un contexto global crítico. Según el Informe Planeta Vivo 2024, el tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre analizadas se ha reducido en un 73%. En octubre, durante la COP17 de Biodiversidad que se celebrará en Armenia, en Europa del Este, Colombia —como presidencia de la COP16— tendrá la oportunidad de posicionar los resultados de su informe y reafirmar un liderazgo enfocado en la implementación efectiva del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal.
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Los derechos humanos y la llamada “paz con la naturaleza” constituyen otro de los grandes desafíos. La degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad pueden exacerbar conflictos, mientras que los conflictos sociales y socioeconómicos suelen profundizar la presión sobre los ecosistemas. En ese contexto, 2026 exigirá seguir visibilizando los liderazgos territoriales, incluidos los pueblos indígenas, afrocolombianos y las comunidades campesinas, así como garantizar el respeto por sus derechos y saberes.
Colombia continúa siendo el país con más personas defensoras del ambiente amenazadas, desaparecidas y asesinadas en el mundo. Este tema será prioritario en abril, durante la COP de Escazú en Chile, donde el país deberá mostrar avances en la implementación de la Ley 2273 de 2022, mediante la cual se aprobó el Acuerdo de Escazú.
Proteger la biodiversidad nacional es clave para el futuro global. Foto:BBVA
A nivel de ecosistemas terrestres, 2026 ha sido declarado por la FAO como el Año Internacional de los Pastizales y Pastores. En Colombia, las sabanas de la Orinoquia cobran especial relevancia por su riqueza hídrica, su papel en la producción de alimentos y su capacidad para almacenar carbono en los suelos. Sin embargo, estos ecosistemas enfrentan fuertes presiones por la expansión agrícola, la infraestructura y las actividades extractivas, lo que ha contribuido a la pérdida de al menos 200.000 hectáreas de ecosistemas cada año en la región.
Finalmente, el país deberá seguir de cerca la implementación del Tratado de Alta Mar, que entró en vigor el pasado 17 de enero. Este acuerdo jurídicamente vinculante permitirá crear áreas marinas protegidas a escala mundial y reforzar las evaluaciones de impacto ambiental en actividades como la pesca, el transporte marítimo y la extracción de recursos. El tratado es clave para avanzar hacia el objetivo global de proteger el 30 % de los océanos para 2030, en un contexto en el que solo el 9,6 % de la superficie marina del planeta cuenta hoy con algún nivel de protección.
Así, 2026 se presenta como un año decisivo para Colombia, en el que las definiciones políticas, las negociaciones internacionales y la capacidad de acción en los territorios serán determinantes para enfrentar una agenda ambiental cada vez más urgente y compleja.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medioambiente y Salud
@CaicedoUcros
















