Durante décadas, los arrecifes de coral han sido reconocidos como refugios de biodiversidad marina. Pero una nueva investigación publicada en PNAS sostiene que su función ha sido mucho más profunda: han marcado el ritmo del ciclo del carbono y de la recuperación climática del planeta durante 250 millones de años. Según el estudio, la expansión y contracción de los hábitats arrecifales de aguas someras han determinado la velocidad con la que la Tierra se recuperó de grandes perturbaciones de dióxido de carbono.
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El equipo, conformado por expertos de la Universidad de Sídney y la Université Grenoble Alpes, integró reconstrucciones tectónicas, procesos superficiales globales, simulaciones climáticas y modelación ecológica para rastrear la producción de carbonatos desde el periodo Triásico. A partir de este análisis, concluyeron que el sistema terrestre opera bajo dos modos distintos que influyen en la rapidez de recuperación climática.
El autor principal, el profesor asociado Tristan Salles de la Escuela de Geociencias de la Universidad de Sídney, explicó que “los arrecifes no solo respondieron al cambio climático, sino que ayudaron a fijar el ritmo de la recuperación”.
Dos modos del ciclo del carbono
El primero de esos modos ocurre cuando las plataformas tropicales son amplias y los arrecifes prosperan. En ese escenario, los carbonatos se acumulan en mares poco profundos y reducen el intercambio químico con las profundidades oceánicas. Este proceso debilita la llamada bomba biológica —el mecanismo mediante el cual los organismos marinos extraen carbono— y ralentiza la recuperación global después de los choques de CO₂.
En el segundo modo, cuando el espacio arrecifal colapsa por cambios tectónicos o variaciones en el nivel del mar, el océano acumula calcio y alcalinidad. El entierro de carbonatos se desplaza entonces hacia las profundidades, lo que impulsa la productividad de los nanoplancton y acelera la recuperación del clima.
Los arrecifes son moduladores de la capacidad del planeta para amortiguar el cambio ambiental. Foto:iStock
Estos hallazgos reconfiguran la comprensión de los arrecifes y otros sistemas carbonatados de aguas someras: más que simples indicadores del entorno, son moduladores activos de la capacidad del planeta para amortiguar el cambio ambiental. Este equilibrio cambiante entre enterramiento de carbonatos en zonas someras y profundas también influyó en la evolución del plancton y en la química oceánica a largo plazo.
El coautor Laurent Husson (CNRS–UGA) destacó que “estos cambios alteran profundamente el equilibrio biogeoquímico”. Añadió que “la gran expansión de la vida planctónica ocurrió exactamente cuando los arrecifes someros fueron ‘reducidos’ por el sistema terrestre”.
Lecciones ante la crisis actual
Aunque el estudio se centra en el pasado profundo del planeta, ofrece advertencias para el presente. Los arrecifes modernos están en declive por el calentamiento y la acidificación del océano. Si este deterioro replica antiguos episodios de colapso arrecifal, el entierro de carbonatos podría trasladarse de aguas someras al mar profundo, un modo limitado por la habitabilidad. En teoría, esto podría contribuir a reducir el carbono atmosférico.
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Sin embargo, los organismos que permiten ese proceso —plancton y especies calcificadoras— también se ven amenazados por el aumento de CO₂ y la acidificación. Cualquier efecto estabilizador llegaría únicamente tras pérdidas ecológicas graves e irreversibles.
Salles advirtió que “desde la perspectiva de los últimos 250 millones de años, sabemos que el sistema terrestre eventualmente se recuperará de la enorme perturbación del carbono en la que estamos entrando. Pero esta recuperación no ocurrirá en escalas humanas: requiere miles o cientos de miles de años”.
REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE
















