Con más de 8.300 millones de personas en el planeta y millones enfrentando desnutrición, la seguridad alimentaria se ha convertido en uno de los grandes desafíos globales. En ese contexto, un nuevo estudio plantea una posibilidad que mira hacia el océano: permitir la recuperación de los peces de arrecife de coral podría traducirse en millones de porciones adicionales de pescado producidas de forma sostenible cada año.
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La investigación, liderada por científicos del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) en Panamá junto con colaboradores internacionales, muestra que muchas poblaciones de peces de arrecife están hoy tan sobreexplotadas que producen muy por debajo de su potencial. Según los autores, revertir ese agotamiento no solo tendría beneficios ecológicos, sino que podría convertirse en una herramienta concreta para combatir el hambre mundial.
“El estudio cuantifica cuánto se está perdiendo al tener comunidades de peces de arrecife sobreexplotadas en términos de provisión de alimentos y, a su vez, cuánto podría ganarse al reconstruir las poblaciones de peces de arrecife y manejarlas sosteniblemente”, explica Jessica Zamborain-Mason, profesora de la King Abdullah University of Science and Technology (KAUST) y autora principal del artículo, publicado recientemente en la revista PNAS.
El potencial oculto de los arrecifes
Los resultados indican que, si se permitiera la recuperación de las poblaciones de peces de arrecife a escala global, la producción pesquera sostenible podría aumentar casi un 50 %. Ese incremento se traduciría, según el país, en entre 20.000 y hasta 162 millones de porciones adicionales de pescado al año.
Limpieza de peces después de un viaje de pesca a arrecifes de coral en Sulawesi, Indonesia. Foto:Joshua Cinner
El cálculo se basa en la ingesta recomendada de productos del mar: ocho onzas semanales por persona. Bajo ese parámetro, la recuperación de los arrecifes podría cubrir las necesidades anuales de varios millones de personas. El impacto no sería uniforme: los mayores beneficios se concentrarían en regiones donde el hambre y la deficiencia de micronutrientes son más severas, como partes de África y el sudeste asiático. Indonesia aparece en el estudio como el país con el mayor potencial de ganancia.
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“Existe una correlación positiva entre el aumento potencial en el número de porciones de pescado con la recuperación de las poblaciones y el índice global de hambre de los países”, señala Sean Connolly, científico del STRI y coautor del estudio. “Por lo tanto, los países con mayores índices de desnutrición podrían beneficiarse más de la recuperación de las poblaciones de peces de arrecife”, añade.
Manejo, tiempo y desafíos sociales
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron datos de todos los territorios del mundo que cuentan con arrecifes de coral, distribuidos en países tan diversos como República Dominicana, Panamá, Jamaica, Kenia, Mauricio, Omán, Madagascar, Filipinas e Indonesia, entre otros. A partir de esa información, utilizaron modelos estadísticos para estimar tanto las cantidades actuales de peces como los rendimientos potenciales si se permitiera la recuperación de arrecifes catalogados como sobreexplotados.
En una isla de Papúa Nueva Guinea, familias colocan peces de arrecife ahumados para compartir. Foto:Jessica Zamborain-Mason
El análisis incluyó estimaciones de cuánto tendrían que crecer las poblaciones para alcanzar “rendimientos sostenibles máximos” y “rendimientos bastante buenos”, así como el tiempo necesario para lograrlo bajo distintos escenarios de manejo pesquero. Ese proceso no sería inmediato: según el grado de agotamiento y las restricciones a la pesca, la recuperación podría tomar en promedio entre seis y 50 años.
Los autores subrayan que reconstruir las pesquerías de arrecifes de coral no debería verse únicamente como un objetivo ambiental. El estudio plantea que se trata también de una vía para mejorar la nutrición y avanzar en la lucha contra el hambre. Sin embargo, alcanzar ese potencial exige una gestión pesquera efectiva que permita que las poblaciones crezcan.
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En algunos contextos, advierten, sería necesario fortalecer la gobernanza pesquera, ofrecer alternativas laborales durante los periodos de recuperación y contar con apoyo internacional. El reto, según el equipo científico, está en diseñar estrategias que equilibren la conservación con las necesidades económicas de las comunidades costeras.
“Nuestros hallazgos también refuerzan que el monitoreo y manejo efectivo de las pesquerías de arrecifes tiene beneficios sustanciales y medibles más allá de la conservación ambiental; tiene implicaciones para la seguridad alimentaria y la salud pública”, concluye Zamborain-Mason.
REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE
















