Colombia presenta una de las caídas más aceleradas de los índices de nacimientos del mundo, y sus efectos ya empiezan a sentirse. La caída en las matrículas en educación preescolar, básica y media, lo cual ha llevado a un hasta ahora inusual cierre de colegios a lo largo y ancho del país, es uno de esos primeros síntomas. Sin embargo, los verdaderos efectos de este fenómeno apenas están por sentirse, de acuerdo con expertos consultados por EL TIEMPO.
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Durante 2024 (último dato anual consolidado publicado por el Dane) nacieron en Colombia 453.901 personas, una cifra que es 35 por ciento inferior a la de 2008, cuando los nacimientos fueron 715.453, y también una caída del 12 por ciento con respecto a 2023 (515.549). Esa resulta ser la mayor caída anual en este indicador en la historia, confirmando la tendencia que inició en 2022, cuando la disminución anual fue del 7 por ciento, que siguió en 2023, cuando fue del 10,1 por ciento.
Este fenómeno se evidencia con mayor intensidad en las grandes ciudades, como Bogotá, que en los últimos 10 años vio cómo los nacimientos anuales cayeron en un 45 por ciento.
Esto ha llevado a que Colombia sea el segundo país de la OCDE con la mayor caída en la natalidad, solo por detrás de Chile (más del 20 por ciento anual). El país tiene, además, una tasa de fecundidad de apenas 1,1 hijos por mujer, muy por debajo del 2,3 del promedio mundial, y también inferior a la llamada tasa de reemplazo (la necesaria para mantener la población sin variaciones), que es de 2,1.
Para Juan Andrés Castro Tobón, demógrafo y profesor de la Universidad Externado de Colombia, la caída de la natalidad “es un fenómeno global. Europa viene atravesando procesos de reducción de la fecundidad desde hace décadas y ahora América Latina está viviendo esa transición, pero de manera mucho más acelerada, particularmente en Colombia”, explica.
Lejos quedaron los días en que el país registraba 6,18 hijos por mujer (1965), lo que dio lugar a que la población juvenil fuera mayoría en las décadas de los 80, 90 y 2000. Hoy en día, dice Castro, las personas se cuestionan más la decisión de tener hijos. Detrás de esta tendencia convergen múltiples factores. El experto señala la fragilidad del mercado laboral, la alta informalidad, el desempleo juvenil y la persistencia de los llamados ninis (jóvenes que no estudian ni trabajan). A esto se suman cambios culturales profundos: nuevas prioridades vitales, mayor valoración de los proyectos personales y una distribución desigual de las labores de cuidado, que recae mayoritariamente sobre las mujeres, aunque ellas también deban trabajar.
“La decisión de tener hijos hoy no es solo económica; es profundamente social y cultural”, afirma el demógrafo. Además, décadas de políticas de educación sexual y reproductiva han reducido los embarazos no deseados, especialmente en los adolescentes, un logro social que también incide en la caída de la natalidad.
Número de nacimientos y variación porcentual en Colombia Foto:DANE, Estadísticas Vitales. pr: cifras preliminares
Los efectos de este fenómeno apenas se están viendo, empezando por el sistema educativo. En el año 2015, la educación básica y media (colegios) alcanzó su máximo de matrículas, con 10,2 millones de niños, niñas y adolescentes. Para 2024 ya había 700.000 menos, con una matrícula de 9,5 millones de estudiantes. Nuevamente, ciudades grandes como Bogotá fueron las que más perdieron alumnado, al pasar de 1’364.272 a 1’175.068.
Se espera que cada año la disminución se sienta más, como lo advierte Gloria Bernal, directora del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana (LEE): “Hay y habrá menos niños entrando al sistema y, por tanto, menos demanda por cupos, aulas y docentes en varios territorios”.
De ahí que la baja natalidad sea una de las principales causas del cierre de más de 6.000 colegios en los últimos seis años en todo el país, en su mayoría privados, por falta de matrícula. Vale mencionar alertas como la de la Mesa Distrital de Rectores de Colegios Privados, que prevé que solamente en Bogotá haya 100 colegios no oficiales en vías de extinguirse en los próximos dos años.
Bernal señala que el mayor riesgo es para los colegios privados que dependen de la matrícula para subsistir: “La calidad cuesta, y algunos colegios de alta calidad están en riesgo de desaparecer”.
Efecto dominó
Pero el impacto no se quedará en los colegios, sino que será progresivo y terminará afectando todas las esferas de la economía nacional. Primero se sentirá en educación inicial, luego en primaria, secundaria y, finalmente, en la educación superior. “Es un efecto dominó”, explica la economista. Menos estudiantes obligarán a las instituciones a fusionar cursos, reducir plantas docentes o cerrar sedes. Las universidades, en 10 años, también verán una caída en las matrículas, dice la experta, y finalmente el fenómeno impactará en la fuerza laboral.
“Es parte de ese efecto dominó. Inevitablemente, si seguimos a este ritmo, la población colombiana será cada vez más vieja y, a largo plazo, habrá efectos en la productividad del país y en el sistema pensional, pues habrá menos personas sosteniendo las pensiones de una gran población mayor”, analiza por su parte el economista Luis Eduardo Restrepo.
De acuerdo con Restrepo, el país no debe postergar las acciones para afrontar los efectos que tendrá la caída poblacional, en lo que concuerda Juan Manuel Montoya Parra, director de la Fundación Fe y Alegría Colombia, quien también advierte que toda acción que se tome debe contemplar que el país vive realidades demográficas profundamente distintas. Aunque la natalidad cae a nivel nacional, en los estratos más bajos o particularmente en departamentos como Guainía o San Andrés la disminución ha sido mucho menos pronunciada. “Esto demuestra que cualquier política pública debe reconocer las diferencias territoriales y sociales”, señala.
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Lo que parece más claro a partir de las cifras de estadísticas vitales del Dane es que en ciudades principales el impacto será más severo. Proyecciones de Fe y Alegría, con base en datos de la entidad, indican que en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga la reducción de nacimientos podría superar el 50 por ciento hacia 2030.
Restrepo, además, advierte un cambio clave en la estructura poblacional: “mientras disminuye la población de 0 a 14 años, crece el grupo entre 15 y 64 años. Esto plantea la necesidad de fortalecer la formación para el trabajo y desarrollar nuevos modelos de educación para adultos y, en el futuro, para el adulto mayor”.
MATEO CHACÓN ORDUZ | Subeditor Vida de Hoy















