El fenómeno del cierre de colegios privados en Bogotá y en Colombia continúa generando una profunda preocupación en el sector educativo. Ahora se conoció que para este 2026 dejaron de operar al menos 35 instituciones que estuvieron activas hasta el año pasado. Esto quiere decir que, de los 1.317 colegios privados que funcionaron en 2025, para la actual vigencia solo abrirán sus puertas 1.282.
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La alerta fue dada por la Mesa Distrital de Rectores de Colegios Privados, organización que representa a todas las instituciones de carácter no oficial de la capital del país. Se trata de un dato alarmante que evidencia el complejo momento por el que atraviesa el sector, que año tras año sigue sumando colegios cerrados.
Una de las instituciones que recientemente cerró sus puertas fue el Colegio Nueva Alianza Integral, de Bogotá, que anunció el fin de sus operaciones después de 46 años de funcionamiento, pese a tratarse de uno de los planteles de mejor calidad de la ciudad, al punto de haber ocupado el puesto 20 en las pruebas Saber 11 de 2024.
No es una preocupación menor. Mientras Bogotá contaba en 2020 con 1.700 colegios privados activos, de acuerdo con cifras del Sistema Nacional de Información de Educación Básica y Media (Sineb), para 2022 este número se redujo a 1.570; en 2024 ya eran 1.457, y en 2025 descendieron a 1.317. En otras palabras, al menos 418 colegios privados han dejado de operar en los últimos seis años, contando los cerrados para este año.
Para un sector que depende principalmente de las matrículas para su subsistencia, el detonante de estos cierres ha sido, en gran medida, la fuerte caída en el número de estudiantes.
De hecho, el mayor número de estudiantes matriculados en colegios privados de Bogotá se registró en 2017, cuando se contabilizaron 536.109 niños, niñas y adolescentes. Desde entonces, la cifra ha disminuido de manera sostenida. En 2020 ya eran 503.512 y para 2024 —último año con cifras consolidadas, dado que los datos se publican con seis meses de retraso— se redujeron a 431.138. Es decir, en ese periodo el sector de la educación privada perdió alrededor de 105.000 estudiantes, cerca de la quinta parte de su alumnado.
El cierre de instituciones no oficiales no es un fenómeno exclusivo de la capital. Por el contrario, se repite en distintas regiones del país. Sin embargo, resulta particularmente preocupante en Bogotá, al tratarse de una de las pocas ciudades de Colombia donde hay más colegios privados que públicos.
Así las cosas, en los últimos años el número de colegios privados que han cerrado en el país viene en aumento. Solo en 2023 se reportó el cierre de 769 establecimientos educativos, de acuerdo con el Directorio Único de Establecimientos Educativos (DUE). En otras palabras, en apenas un año cerró el 6,8 por ciento de todos los colegios privados del país. Desde 2019, estos cierres ya suman 6.263 casos, con corte a enero de 2024, según cifras del Ministerio de Educación, entidad que aún no ha reportado la totalidad de cierres de los últimos dos años, por lo que se espera que este número haya crecido de manera considerable.
Colegios cerrados. Foto:Gobernación
¿Qué hay detrás del cierre de los colegios privados?
De acuerdo con el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana (LEE), la inestabilidad financiera es la principal causa del cierre de instituciones privadas. Al depender en gran medida de las matrículas, cualquier caída en la demanda, como la que se viene registrando en los últimos años, puede desencadenar serias dificultades económicas que comprometen su operación.
Esta reducción en las matrículas se explica por varios factores, entre ellos, la disminución en el número de nacimientos. Así lo señala Gloria Bernal, directora del LEE de la Javeriana: “En los últimos años, en Colombia se ha registrado el fenómeno de menos nacimientos. Si hay menos nacimientos, hay menos niños y niñas, lo que impacta en una menor demanda educativa, reducción de la matrícula y afectación en los ingresos de los establecimientos educativos, lo que finalmente se traduce en el cierre de colegios en muchos casos. Bajo este panorama, es importante que el sistema educativo se prepare ante los diversos retos y oportunidades que trae este fenómeno”.
Según las estadísticas vitales del Dane, Bogotá es la segunda región del país con la mayor reducción en los nacimientos. Para 2024 —último dato anual consolidado— la ciudad registró un 45 por ciento menos nacimientos que en 2015, al pasar de 102.795 nacimientos anuales a 56.541.
“Dado que esta caída de nacimientos continúa y se trata de menores en edad preescolar, se prevé que la reducción de la matrícula se siga profundizando en los próximos años”, añadió Bernal.
No obstante, los expertos coinciden en que la reducción demográfica no es el único factor que explica este fenómeno. Así lo considera el analista Francisco Cajiao: “Colombia viene registrando en los últimos tres años los niveles más altos de deserción escolar en al menos dos décadas, lo cual impacta directamente en la reducción del número de estudiantes”.
Para Cajiao, también debe tenerse en cuenta el efecto que tuvo la pandemia sobre el sector privado: “Durante los años de confinamiento, y ante las dificultades económicas de muchas familias, se evidenció una tendencia a matricular a los niños en colegios públicos por razones de ahorro. Eso golpeó las finanzas de las instituciones no oficiales”.
Un panorama desalentador
Desde el gremio de los colegios privados se vislumbra un escenario poco alentador. A la caída de los nacimientos se suma la preocupación por nuevas presiones económicas, como el incremento del salario mínimo.
Por medio de un comunicado, la Mesa Nacional de Educación Privada (MNEP), que representa a jardines infantiles, preescolares y colegios privados del país, expresó su profunda preocupación por el aumento superior al 23 por ciento del salario mínimo, el cual —advierte la organización— “desconoce la realidad económica del sector educativo privado, rompe cualquier principio de proporcionalidad y pone en grave riesgo la sostenibilidad financiera, la estabilidad laboral y la continuidad del servicio educativo, especialmente en los niveles de educación inicial y básica”.
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Esto se debe a que el Ministerio de Educación autorizó para 2026 un incremento máximo del 7 por ciento en el costo de matrículas y pensiones. A ello se suma que cerca del 85 por ciento de los jardines infantiles y colegios privados atienden población de los estratos 1, 2 y 3, así como una proporción significativa del estrato 4, por lo que el salario mínimo constituye el principal referente salarial del sector.
“Este escenario genera un desequilibrio financiero severo, en el cual los egresos crecen más de tres veces por encima de los ingresos autorizados, haciendo materialmente imposible sostener la operación bajo las mismas condiciones”, advirtió la MNEP.
MATEO CHACÓN ORDUZ | Subeditor Educación – Vida de Hoy















