La inteligencia artificial (IA) se ha integrado de forma acelerada en el mundo del trabajo, modificando procesos, funciones y expectativas profesionales. Aunque suele presentarse como una herramienta de progreso y eficiencia, su avance plantea una problemática de fondo: está reconfigurando las carreras profesionales sin que exista una transición clara, equitativa ni suficientemente regulada.
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El temor a que la IA elimine empleos no es nuevo, pero hoy adquiere una dimensión distinta. A diferencia de revoluciones tecnológicas anteriores, esta no solo automatiza tareas manuales, sino también actividades cognitivas que históricamente definieron el valor del trabajo profesional: escribir, analizar, traducir, programar o tomar decisiones basadas en información.
Automatización sin garantías laborales
Un estudio del Banco Mundial, advierte que la inteligencia artificial no está eliminando ocupaciones completas de manera inmediata, pero sí está reemplazando habilidades específicas dentro de múltiples profesiones. Este fenómeno, aunque menos visible que el despido masivo, tiene efectos profundos: reduce la demanda de ciertos perfiles, precariza el empleo y elimina tareas clave que antes permitían la formación y el ascenso profesional.
Según el análisis del organismo internacional, solo un pequeño porcentaje de empleos podría automatizarse por completo con la tecnología actual. Sin embargo, una proporción mucho mayor de trabajadores verá transformadas sus funciones, exigencias y condiciones laborales.
“Las profesiones se vacían de contenido”
EL TIEMPO habló con Andrés Lombana-Bermúdez, investigador en tecnología, educación y desigualdades digitales, quien sostiene que el miedo frente a la IA no es exagerado, sino una reacción lógica a un proceso real de transformación laboral.
Andrés Lombana, profesor de la Universidad Javeriana Foto:Cortesía
“El trabajo ya venía precarizándose antes del auge de la inteligencia artificial. Lo que hace esta tecnología es acelerar ese proceso”, explicó el académico. Para Lombana, el problema no es que las carreras desaparezcan de un momento a otro, sino que “las profesiones no se eliminan de golpe, pero sí se vacían de contenido”.
Ejemplos de este fenómeno ya son visibles: chatbots que reemplazan atención al cliente, sistemas automáticos de traducción que reducen la demanda de traductores junior, herramientas de generación de texto usadas en redacciones periodísticas y plataformas de programación asistida que reducen tareas básicas en ingeniería de software.
“El riesgo es que se eliminen los escalones de aprendizaje. Si las tareas iniciales desaparecen, ¿cómo se forman los profesionales del futuro?”, cuestiona Lombana.
Una tecnología que no es neutral
Aunque la IA suele presentarse como una herramienta “democratizada”, los expertos advierten que esta narrativa oculta una profunda desigualdad. Lombana subraya que la mayoría de países de América Latina, incluido Colombia, no desarrollan ni controlan estas tecnologías, sino que las consumen.
“Los modelos, los datos y los valores que guían la inteligencia artificial se definen en países como Estados Unidos o China. Nosotros usamos sistemas diseñados bajo lógicas que no necesariamente responden a nuestras realidades”, señaló.
Esta dependencia tecnológica condiciona el futuro de las profesiones en contextos donde no se decide cómo se diseña, regula o implementa la IA, profundizando brechas económicas y laborales.
El fin de la carrera profesional lineal
Desde la educación superior, el diagnóstico coincide en que el modelo tradicional de carrera profesional está en crisis. En diálogo con EL TIEMPO, el padre Harold Castilla, rector general de la Universidad Minuto de Dios (UNIMINUTO), explicó que la inteligencia artificial está obligando a replantear la idea de una trayectoria laboral estable y predecible.
Padre Harold Castilla Devoz, Rector general Uniminuto Foto:Cortesía
“Durante décadas, las carreras se concebían como un recorrido lineal: formación, inserción laboral y estabilidad. Hoy ese modelo ya no es realista”, afirmó. Según Castilla, la IA acelera los ciclos de cambio, redefine funciones y fragmenta las trayectorias profesionales, haciendo que la estabilidad ya no dependa de un cargo fijo, sino de la capacidad de adaptación constante.
No obstante, esta nueva lógica también implica una carga adicional para los trabajadores: la incertidumbre se vuelve permanente y la responsabilidad de adaptarse recae, en gran medida, sobre el individuo.
Educación rezagada frente al cambio tecnológico
Uno de los principales desafíos identificados por los expertos es el desfase entre el avance tecnológico y la formación académica. Castilla citó estudios recientes como el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, que estima que cerca del 39 por ciento de las habilidades actuales cambiarán antes de 2030. A esto se suma el AI Jobs Barometer 2025 de PwC, que indica que las competencias en trabajos expuestos a IA evolucionan 66 por ciento más rápido que en otros empleos.
Este escenario pone en jaque los planes de estudio tradicionales, diseñados para un mercado laboral que cambia más lento de lo que hoy ocurre. “La universidad ya no puede formar profesionales solo para el primer empleo, sino para la empleabilidad a lo largo de la vida”, señaló el rector.
Sin embargo, Lombana advierte que la exigencia de aprendizaje permanente no es neutral: no todos los estudiantes o trabajadores tienen los recursos, el tiempo o las condiciones para actualizarse de forma constante. “La narrativa de ‘aprenda a usar IA’ puede ocultar una transferencia de responsabilidades desde las instituciones hacia las personas”, afirmó.
El riesgo de la pereza cognitiva
Más allá del empleo, la expansión de la IA plantea un desafío cultural y ético. El uso acrítico de estas herramientas puede debilitar habilidades humanas fundamentales como el pensamiento crítico, el criterio profesional y la creatividad.
“La inteligencia artificial no razona ni comprende; identifica patrones estadísticos en grandes volúmenes de datos”, explicó Lombana. Usarla como sustituto del juicio humano (y no como apoyo) puede generar dependencia y empobrecimiento cognitivo, especialmente en campos como el periodismo, la educación y las humanidades.
Casos recientes de uso de IA para generar contenidos sin supervisión han reavivado el debate sobre los límites éticos de estas tecnologías y su impacto en la calidad del trabajo profesional.
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Una transformación que exige debate
Pese a los riesgos y tensiones, los expertos coinciden en un punto central: la inteligencia artificial no está eliminando las carreras profesionales, pero sí las está transformando de manera profunda y acelerada. El problema no es el cambio en sí, sino la falta de regulación, de preparación institucional y de una transición justa.
“La IA recompone el trabajo”, resume Lombana. Y Castilla concluye que “la verdadera estabilidad ya no está en el cargo, sino en la capacidad de adaptación”.
En este nuevo escenario, el título universitario deja de ser una garantía de estabilidad y se convierte en un punto de partida. Estudiar sigue siendo fundamental, pero ya no asegura un empleo fijo, sino la posibilidad de aprender, reaprender y adaptarse.
La inteligencia artificial no marca el fin de las carreras profesionales, pero sí obliga a replantear qué significa hoy tener una profesión, en un mundo donde el trabajo cambia más rápido que las reglas que lo protegen.
SAMUEL AMISADAI ROSALES ROSALES – Redacción Educación















