Durante las fiestas de fin de año, el exceso suele estar en el centro de la mesa: comidas abundantes, platos repetidos y promesas de moderación para enero. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de Columbia Británica (UBC) plantea que el problema no es solo estacional ni individual, sino estructural y global. Comer “lo suficiente y no más” podría convertirse en una de las herramientas más efectivas para evitar que el planeta supere los 2 grados centígrados de calentamiento.
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La investigación, liderada por el doctor Juan Diego Martínez durante su doctorado en el Instituto de Recursos, Medio Ambiente y Sostenibilidad de la UBC, concluye que el 44 % de la población mundial tendría que cambiar su dieta para mantenerse dentro de ese límite climático.
“Descubrimos que la mitad de la población mundial y al menos el 90 % de los canadienses necesitan cambiar su dieta para evitar un calentamiento planetario severo”, señala Martínez. “Y ese número es conservador, porque usamos datos de 2012. Desde entonces, las emisiones y la población mundial han aumentado”.
Quiénes comen más allá del límite climático
El estudio analizó información de 112 países, responsables del 99 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero relacionadas con la alimentación. Para afinar el análisis, los investigadores dividieron a la población de cada país en diez grupos de ingresos y calcularon un “presupuesto de emisiones alimentarias” por persona. Este presupuesto combina las emisiones derivadas del consumo de alimentos, la producción global y las cadenas de suministro, y las compara con el total de emisiones que el mundo puede permitirse si quiere mantenerse por debajo de los 2 °C.
Los resultados muestran una fuerte desigualdad. “Encontramos que el 15 % de las personas que más emiten son responsables del 30 % de las emisiones alimentarias totales, lo mismo que aporta el 50 % más pobre de la población”, explica Martínez. Ese grupo está compuesto por personas con mayores ingresos en países de altas emisiones, entre ellos Brasil y Australia.
Aun así, el problema no se limita a una élite. “Aunque este grupo emite mucho, hay un número mucho mayor de personas cuyas dietas están por encima de ese límite”, dice el investigador. Por eso, subraya, no solo los más ricos deben cambiar: “En Canadá, los diez grupos de ingresos están por encima del tope”.
El estudio analizó información de 112 países. Foto:iStock
Comer menos, desperdiciar menos, emitir menos
El estudio también aborda por qué la dieta merece tanta atención frente a otras acciones climáticas, como volar menos o cambiar de automóvil. “Los sistemas alimentarios del mundo son responsables de más de un tercio de todas las emisiones humanas de gases de efecto invernadero”, recuerda Martínez. A diferencia de otros hábitos, comer es una necesidad universal, lo que amplía el potencial de cambio.
Entre las recomendaciones, la más básica es reducir el desperdicio. “Come solo lo que necesitas. Reutiliza lo que te sobra”, propone. Menos comida desperdiciada implica menos emisiones, menos energía en la cocina y más sobras fáciles y sabrosas.
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Otra medida clave es reducir o eliminar el consumo de carne de res. “El 43 % de las emisiones alimentarias del canadiense promedio provienen solo de la carne de res”, afirma. Martínez reconoce que no se trata de una sugerencia sencilla: “Crecí en América Latina, donde comer mucha carne de res es parte de la cultura, así que entiendo lo grande que es esta petición. Pero ya no podemos negar los datos”.
Finalmente, el investigador invita a asumir la alimentación como un acto político cotidiano. “Vota con tu tenedor”, dice. Para él, cambiar la dieta es un primer paso para exigir transformaciones más amplias: “Cuanto más hablemos de nuestros propios cambios alimentarios y de lo que nos importa, más comenzarán los políticos a interesarse por políticas que impulsen cambios positivos en nuestros sistemas alimentarios”.
REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE
















