El psicólogo educativo y logopeda Álex Letosa reflexionó recientemente en su canal de Instagram sobre el efecto de la edad relativa, un fenómeno que describe cómo los niños nacidos a final de año pueden afrontar la escolarización con un menor grado de maduración que sus compañeros nacidos en los primeros meses, al compartir curso pese a tener hasta once meses de diferencia de edad.
El efecto de la edad relativa
El efecto de la edad relativa se refiere a la influencia que tiene la edad de una persona en comparación con la de sus compañeros de grupo, especialmente cuando todos han sido agrupados por el mismo año natural. En el entorno escolar, esto significa que un niño nacido en enero puede ser casi un año mayor que otro nacido en diciembre, a pesar de compartir aula y currículo.
LEA TAMBIÉN
“Cuando empieza diciembre siempre pienso en esto. Un niño nacido ahora será casi un año más pequeño que muchos de sus compañeros cuando comience la escuela”, explica Letosa. En términos de desarrollo infantil, once meses pueden suponer una diferencia relevante en maduración cognitiva, emocional y motriz.
Consecuencias en el ámbito escolar
Diversos estudios demostraron que los niños nacidos a final de año tienen más probabilidades de repetir curso. Según Letosa, esto no se debe a una menor capacidad intelectual, sino a un desfase madurativo: “Ese desfase que parece pequeño tiene consecuencias enormes. Los informes son clarísimos y los nacidos a final de año tienen más probabilidades de repetir porque compiten académicamente con niños mucho más maduros”.
El especialista también señala que los alumnos más jóvenes del aula reciben con mayor frecuencia diagnósticos de dificultades de aprendizaje o de trastornos como el TDAH. “El más pequeño del grupo parece más inquieto, menos preparado y se etiqueta antes”, advierte.
Un niño nacido en diciembre puede ser hasta once meses más joven que algunos de sus compañeros. Foto:iStock
El efecto de la edad relativa no se limita al ámbito educativo. En el deporte, especialmente en las etapas de iniciación, este sesgo también es frecuente. Letosa explica que, cuando se realizan las primeras selecciones —habitualmente entre los 6 y 7 años—, los niños mayores del grupo suelen ser más fuertes y coordinados.
“Reciben mejor entrenamiento desde el principio. No es talento, es ventana de maduración”, insiste el psicólogo, subrayando que estas primeras ventajas pueden condicionar el acceso a mejores oportunidades deportivas en el futuro.
LEA TAMBIÉN

Las consecuencias del efecto de la edad relativa pueden extenderse más allá de la infancia. Diversas investigaciones indican que las personas nacidas en los primeros meses del año están sobrerrepresentadas en puestos de liderazgo y en trayectorias profesionales de mayor éxito. Para Letosa, se trata de un efecto acumulativo de oportunidades: quienes parten con ventaja tienden a recibir más refuerzos positivos a lo largo de su desarrollo.
“Este sesgo es invisible pero muy injusto. No podemos permitir que la fecha de nacimiento condicione el futuro académico, deportivo o emocional de un niño”, señala el experto.
El mensaje de Letosa está dirigido a padres, docentes y entrenadores. Plantea una pregunta clave: “¿Estamos valorando realmente el potencial de cada niño o solo la madurez que le toca por haber nacido antes?”. Ajustar expectativas, flexibilizar evaluaciones y reconocer las diferencias evolutivas puede ayudar a tomar decisiones educativas más equitativas.
Más noticias en EL TIEMPO
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y un editor.

















