El almanaque Bristol cumple 190 años y sigue siendo uno de los “libritos” más reconocidos por varias generaciones de familias en Colombia y en otros países de la región. Se distingue por su portada naranja con tipografía y estilo antiguos y por incluir horóscopos anuales, fases de la Luna y recomendaciones prácticas, que van desde cuándo sembrar hasta en qué momento cortarse el cabello.
Su historia comenzó en 1832 en Nueva York, cuando el médico Cyrenius Charles Bristol, dedicado a producir y patentar preparaciones químico-farmacéuticas, creó el almanaque. Él mismo es el personaje que aparece en la portada.
El doctor americano se dedicaba a la medicina natural y el mundo editorial, en paralelo a esto, Bristol lanzó la “Zarzaparrilla de Bristol”, y usó el almanaque para compartir conocimiento, indicar cómo usar el producto y ofrecer consejos de salud, combinando divulgación científica con mercadeo.
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Almanaque Bristol: oráculo de la cultura popular, mira a lo virtual Foto:archivo el tiempo
En 1856, la compañía Lanman & Kemp-Barclay & Co., con sede en Nueva Jersey, compró su negocio y adquirió los derechos exclusivos del almanaque y de sus productos. Gracias a esa operación, la publicación se mantuvo en el tiempo, se expandió por la costa este de Estados Unidos y tuvo su primera edición en español, lo que abrió la puerta a América Latina.
Hoy, esa empresa (fabricante también de productos tradicionales como el agua de Florida, el Tricoferro de Barry y varios jabones) sigue siendo la responsable de publicar y distribuir el almanaque. En Colombia la distribución corre por cuenta de Primko SAS, que también importa esas otras marcas.
La elaboración del contenido tarda al menos tres meses Foto:Istock
Julián Romero, director comercial de Primko, explica que el secreto del éxito es la nostalgia: el almanaque se transmite de abuelos a padres, hijos y nietos, y muchas familias lo compran cada año como una costumbre que los une.
Cada año se imprimen alrededor de 500.000 ejemplares, un tiraje comparable al de grandes revistas nacionales. Solo en Colombia, el 40 % de las ventas se concentra en Bogotá, y su llegada a otros rincones depende de droguerías, tiendas de barrio, cacharrerías y misceláneas, donde también se abastecen los vendedores ambulantes que lo ofrecen en las calles a finales de año.
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El almanaque se distribuye en cacharrerías, almacenes y en diferentes puntos de Cali Foto:Archivo el tiempo
“Es un producto que une a todas las generaciones de las familias, desde los abuelos, los papás, los hijos y los nietos. Ese cambio generacional es algo que nos ha permitido mantenernos vigentes y mucha gente lo compra como una tradición familiar. Eso ha hecho que perdure en el tiempo”, comenta Julián.
La elaboración del contenido tarda al menos tres meses, tiempo durante el cual se recopila información sobre fases lunares, horóscopos, mareas y otros datos que hacen valioso al almanaque. En la edición de los 190 años se aprovechó para rediseñar la diagramación, incluir imágenes a color, renovar la tipografía y sumar una columna del economista Camilo Herrera sobre cómo las fases de la Luna influyen en el consumo.
De cara al futuro, el plan es llegar a más países como Ecuador y Honduras mientras se fortalecen las ventas de los productos asociados que aparecen anunciados en sus páginas. “Hay Almanaque Bristol para rato y con seguridad seguiremos buscando formas de que se mantenga vigente”, anota Romero.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















