Con el cierre de 2025, el inicio de un nuevo año vuelve a instalar la costumbre de plantearse objetivos relacionados con la salud, el trabajo, las finanzas o el crecimiento personal. Sin embargo, la evidencia muestra que ese entusiasmo inicial suele diluirse rápidamente.
Un estudio de la Universidad de Scranton reveló que 9 de cada 10 personas que se fijan propósitos de Año Nuevo no llegan a cumplirlos, en gran parte porque los formulan de manera imprecisa, sin plazos definidos ni una estrategia concreta para alcanzarlos.
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El abandono ocurre con rapidez. Según los datos, el 23 % de quienes se proponen una meta personal renuncia a ella durante la primera semana del año. Para Paula Valentina Vargas, experta en desarrollo personal y negocios, y CEO de Building Empires, este patrón no está relacionado con la ambición de los objetivos, sino con su estructura. A lo largo de su trayectoria, ha acompañado a más de 1.000 personas mediante agendas, talleres y asesorías enfocadas en la planificación efectiva.
Vargas, creadora de una metodología orientada al cumplimiento real de metas, señala que muchos propósitos carecen de plazos, planes de acción y sistemas de seguimiento. En ese escenario, el impulso inicial pierde fuerza con rapidez. “La motivación inicial es importante, pero se desvanece rápido si no está respaldada por un sistema”, explica. En su análisis, las metas que no se fragmentan en pasos concretos ni se revisan de forma periódica suelen diluirse en la rutina diaria.
A esto se suman otros factores que aceleran el abandono, como la falta de rendición de cuentas, la acumulación de múltiples metas al mismo tiempo y la presión social por “cambiar de vida en enero”. Desde su experiencia, el cumplimiento no depende únicamente del deseo personal. “Un plan medible, realista y flexible aumenta las probabilidades de cumplir lo que se promete al empezar el año”, afirma.
Objetivos vagos, sin plazos ni seguimiento, suelen diluirse rápidamente en la rutina diaria. Foto:iStock
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De los propósitos generales a las metas estructuradas
Para evidenciar la diferencia entre una intención vaga y un objetivo bien definido, Vargas utiliza el aprendizaje de un idioma como ejemplo. En lugar de una meta amplia como “voy a aprender inglés este año”, propone una formulación concreta y verificable: “quiero alcanzar un nivel B2 en 12 meses, dedicando 45 minutos cada mañana a estudiar (en una hora previamente agendada) y siguiendo una metodología definida”. Este tipo de planteamiento permite medir avances y sostener la disciplina a lo largo del tiempo.
De acuerdo con la experta en organización de metas y negocios Paula Valentina Vargas, estas son las principales claves para aumentar las probabilidades de cumplir los propósitos de Año Nuevo:
1. Establecer metas claras y medibles
Definir objetivos específicos, con plazos y métricas concretas, facilita mantener el esfuerzo en el tiempo. La recomendación es desglosar cada meta en pasos pequeños y alcanzables, elaborando una lista de acciones y concentrándose en una a la vez. Por ejemplo, frente a un objetivo general como “voy a empezar un negocio”, propone dividirlo en tareas concretas como:
- Definir el problema que se desea resolver.
- Evaluar la rentabilidad de la idea.
- Identificar el público objetivo.
- Establecer los recursos necesarios para comenzar.
Este enfoque reduce la sensación de saturación y convierte una meta amplia en un plan ejecutable.
2. Crear un sistema de seguimiento
Integrar las metas en la rutina diaria resulta clave. Esto implica utilizar agendas físicas o herramientas digitales para asignar una hora específica y un tiempo determinado a cada objetivo, preferiblemente de forma inamovible. Este sistema ayuda a mantener el foco, permite evaluar el progreso y evita que los planes queden solo en intenciones.
Contar con un plan medible, realista y flexible incrementa las probabilidades de cumplir metas. Foto:iStock
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3. Revisar periódicamente
Evaluar de manera mensual o trimestral qué está funcionando, qué no y qué ajustes son necesarios permite adaptar los objetivos a cambios de contexto. “Esta revisión constante ayuda a adaptar las metas a las circunstancias cambiantes y a evitar que los objetivos se vuelvan irreales o desconectados del día a día”, afirma Paula Valentina Vargas.
4. Mantener la motivación
Reconocer los avances, incluso los más pequeños, refuerza la disciplina y genera impulso para continuar. Recordar el “por qué” detrás de cada meta se convierte en un factor determinante cuando la motivación inicial disminuye y la rutina se impone.
*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial.
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