El video dura poco más de un minuto, pero el eco que deja es más largo. En él, la especialista en bienestar Patricia Gómez se dirige a quienes viven con una pareja que consume pornografía de manera compulsiva. No habla desde el reproche ni desde el diagnóstico clínico, sino desde una advertencia emocional: la adicción no es una evaluación del valor de quien está al lado.
El impacto emocional no siempre es visible, pero sí persistente. Foto:iStock
El mensaje, difundido en redes sociales, ha generado miles de reacciones por poner en palabras una experiencia que suele vivirse en silencio. Gómez plantea una idea que atraviesa todo su discurso, el consumo compulsivo de pornografía no tiene como origen la falta de deseo hacia la pareja, sino la búsqueda de alivio frente a un malestar interno.
Desde esa premisa, señala que muchas personas terminan cargando con una culpa que no les corresponde, cuestionando su cuerpo, su atractivo o su desempeño afectivo, mientras enfrentan una forma de traición que no siempre deja pruebas visibles.
LEA TAMBIÉN
¿Qué se entiende hoy por adicción a la pornografía?
El concepto de ‘adicción a la pornografía’ no es unánime en el ámbito clínico. El consenso actual de los expertos distingue entre las adicciones a sustancias y los trastornos de comportamiento.
En ese marco, la Organización Mundial de la Salud incluyó en la CIE-11 el Trastorno por Comportamiento Sexual Compulsivo, una categoría que abarca patrones persistentes de consumo que se mantienen pese a consecuencias negativas evidentes.
Expertos señalan la importancia de reconocer cuándo el consumo deja de ser ocasional. Foto:iStock
Esto significa que no todo consumo de pornografía es problemático. La diferencia aparece cuando el comportamiento se vuelve central en la vida de la persona, interfiere con sus responsabilidades, afecta sus vínculos y resulta difícil de controlar. En esos casos, el consumo deja de ser ocasional y empieza a funcionar como un mecanismo de escape emocional.
LEA TAMBIÉN

Diversos estudios citados por organismos internacionales señalan que el uso compulsivo puede estar asociado a la búsqueda constante de estímulos cada vez más intensos, así como a dificultades en el autocontrol. También se han observado efectos en la satisfacción con las relaciones reales, al instalar expectativas poco realistas sobre el cuerpo, el deseo y el desempeño sexual.
Más allá de quien consume, el impacto suele extenderse a la pareja. La inseguridad, la duda constante y el deterioro de la autoestima aparecen como consecuencias frecuentes. No se trata únicamente de la conducta en sí, sino del secreto, del aislamiento y de la ruptura de la confianza que se produce cuando el problema no se nombra.
Las relaciones de pareja pueden verse afectadas por el consumo compulsivo de pornografía. Foto:iStock
Cuando el consumo deja de ser ocasional
Los especialistas coinciden en que existen distintos niveles de consumo. En los primeros, la pornografía no interfiere con la vida cotidiana. En los niveles más graves, el comportamiento se vuelve compulsivo, domina los pensamientos y genera intentos fallidos de control. En ese punto, pueden aparecer síntomas como irritabilidad, culpa, pérdida de interés por la intimidad real y conflictos sostenidos en la relación.
LEA TAMBIÉN

El debate científico sigue abierto, pero el impacto psicológico y relacional está ampliamente documentado. Frente a este panorama, el tratamiento no se reduce a la fuerza de voluntad. La psicoterapia, en especial la terapia cognitivo-conductual, los grupos de apoyo y, en algunos casos, la terapia de pareja, aparecen como alternativas respaldadas por la práctica clínica.
La intervención busca comprender qué función cumple el consumo en la vida de la persona y desarrollar estrategias para recuperar el control. El mensaje de Patricia Gómez no ofrece soluciones rápidas. Su énfasis está puesto en un límite claro: acompañar no significa sacrificarse.
Cuidar la propia dignidad emocional, señala, es parte del proceso. La pregunta con la que cierra su video, qué duele más, la adicción o la forma en que esta hace dudar del propio valor, sigue resonando entre quienes, hasta ahora, no habían encontrado cómo nombrar esa herida invisible.
MÁS NOTICIAS:
MARÍA PAULA LOZANO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















