En Europa, más específicamente España, los regalos no llegan ni del Niño Dios ni de Papá Noel, sino de un tronco con nombre propio: llamado el Tió de Nadal. A primera vista parece una broma de internet, pero es una tradición real, muy arraigada en Cataluña y algunas zonas de Aragón y Andorra, donde este tronco ‘mágico’ se gana el protagonismo de la Navidad.
El Tió de Nadal no es un pedazo de madera cualquiera. Suele ser un tronco corto, con una cara sonriente pintada, patas y un gorro rojo típico catalán llamado ‘barretina’. Se coloca en algún rincón de la casa y se tapa con una cobija, se le coloca ropa y como si fuera un integrante más de la familia hay que cuidarlo para que ‘no pase frío’.
La historia arranca el 8 de diciembre (Día de la Inmaculada Concepción) Desde esos días, los niños ‘alimentan’ al Tió dejándole restos de comida cada noche: cáscaras, trocitos de pan, piel de fruta. La idea es que mientras más coma, mejor se llene por dentro y más regalos y dulces pueda soltar cuando llegue el gran momento de la celebración.
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Tió de Nadal. Foto:Istock
La escena mágica sucede en Nochebuena. El Tió se coloca en medio de la sala, los niños lo rodean con palos de madera y empiezan a golpearlo suavemente mientras cantan la famosa canción del ‘Caga Tió’, pidiéndole que “cague” turrones, caramelos y pequeños regalos. Los adultos esconden los obsequios bajo la cobija, y luego todo aparece como por arte de magia.
Aunque hoy parezca una tradición pensada para el entretenimiento infantil, el Tió de Nadal viene de muy atrás. Nació en un contexto rural y estaba relacionado con los antiguos rituales del solsticio de invierno: el tronco que daba calor en la chimenea y aseguraba abundancia para la casa. Con el tiempo, pasó de simbolizar leña y fuego a transformarse en un tronco que reparte dulces y fortuna, pero la idea de “llamar abundancia” sigue ahí.
Tió de Nadal. Foto:Istock
Para los niños, la gracia del Tió es que no solo “trae” regalos, sino que se vive de forma muy personal: se le cuida, se le alimenta, se le cantan villancicos y se le golpea al ritmo de la música para que suelte las sorpresas.
No es solo esperar a que alguien baje por la chimenea, o que los regalos aparezcan a la mañana siguiente por arte de magia, sino participar activamente en el ritual, casi como si fuera un juego familiar alrededor del tronco,
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Tió de Nadal. Foto:Istock
Hoy el Tió de Nadal también se ha modernizado. Se vende en supermercados navideños, aparece en fiestas escolares y en plazas públicas donde se organiza la “cagada del Tió” para decenas de niños a la vez. Aun así, el hacerlo manualmente sigue siendo el más especial: el tronco pequeño, la cobija, la canción, los golpes y los dulces apareciendo poco a poco bajo la tela.
Mientras en muchos países de Latinoamérica los regalos se asocian a esas figuras, en una esquina de España los niños le piden turrones y juguetes a un tronco con patas al grito de ‘¡Caga, Tió!’. Una costumbre que suena extraña desde fuera, pero que para ellos es tan normal y emocionante como esperar a Papá Noel.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















