La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental recuerda que la tristeza, la ansiedad o la frustración propias de la vida diaria no deben confundirse con una enfermedad mental, y alerta sobre la tendencia actual a “psiquiatrizar” cualquier malestar.
En la vida, señalan los especialistas, no todo es bonito ni feliz. A menudo hay que enfrentarse a la frustración cuando algo sale mal, a la tristeza ante una pérdida o a los conflictos derivados de la convivencia con otras personas. Usar expresiones como ‘estoy depre’ o ‘se me va la olla’ para describir estos estados puntuales solo contribuye a banalizar los problemas reales de salud mental.
La Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental subraya que estos sentimientos cotidianos, pasajeros y adaptativos no son una enfermedad. No requieren asistencia médica salvo que se compliquen o se cronifiquen. Un trastorno mental, recalcan, implica un sufrimiento profundo que altera de forma significativa la vida global de la persona.
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Perjudica el acceso a la atención de quienes sí padecen trastornos mentales graves. Foto:Istock
Las primeras sensaciones de ansiedad, enfado o tristeza suelen estar ligadas al malestar de la vida cotidiana. Son emociones inherentes a la experiencia humana y, en la mayoría de los casos, debemos aprender a manejarlas con nuestras propias herramientas. Mensajes simplistas como ‘si quieres, puedes’ tampoco ayudan, porque convierten la felicidad en una obligación.
Los expertos detectan, además, una creciente intolerancia a la frustración en la sociedad actual. En este contexto aparece una tendencia preocupante a medicalizar las emociones negativas y el malestar normal de la vida. Esto, advierten, perjudica el acceso a la atención de quienes sí padecen trastornos mentales graves, ya que compiten por los mismos recursos sanitarios.
Insiste en que la vida normal no necesita siempre la intervención de la psiquiatría. Foto:Istock
La psiquiatra Marina Díaz Marsá explica que “En esta sociedad que va más rápido y que conecta menos con el interior y con las emociones, a veces sentirse mal puede asociarse a trastornos mentales y no es así. Estamos en una sociedad en la que, además de la rapidez, se prima mucho la productividad y si un día te encuentras más flojo y produces menos parece que es patológico. El mensaje es que no es así”.
Díaz Marsá añade que incluso el ego o la forma de ser pueden ser fuente de sufrimiento, sobre todo cuando nos comparamos constantemente con los demás. Por eso insiste en que la vida normal no necesita siempre la intervención de la psiquiatría, sino contar con recursos básicos. Entre ellos, aprender a gestionar el estrés y la ansiedad, tener redes de apoyo social y aceptar que en la vida también se sufre.
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Recuerdan que muchas enfermedades psiquiátricas comienzan en la adolescencia. Foto:Istock
Ahora bien, cuando ese malestar no remite y las sensaciones negativas se perpetúan en el tiempo, la situación cambia. Si afectan al rendimiento laboral, a las relaciones con amigos y familia o ‘pasan factura’ a la vida de la persona, entonces sí es necesario buscar ayuda profesional. En esos casos los especialistas recomiendan consultar con el médico para valorar la existencia de un trastorno.
Para Díaz Marsá, “el que sufre está vivo”, y ese sufrimiento es inherente a la condición humana, no siempre patológico. En una sociedad acelerada y centrada en la productividad, un día de baja energía puede etiquetarse erróneamente como problema mental. El mensaje de los expertos es claro: sentirse mal a veces es normal, pero cuando el dolor se cronifica y limita la vida diaria, ahí sí hay que pedir ayuda.
Finalmente, los psiquiatras destacan la importancia de la educación emocional en la juventud. Recuerdan que muchas enfermedades psiquiátricas comienzan en la adolescencia y que la intervención temprana es clave para que el joven pueda seguir formándose y desarrollando su proyecto vital. Incluir la gestión de emociones complejas y técnicas para afrontar el estrés en la escuela sería, concluyen, una herramienta fundamental de prevención en salud mental.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















