En las primeras horas del día 8 de enero, el firmamento de Groenlandia quedó cubierto por un despliegue luminoso que transformó el cielo en un escenario de luces en movimiento.
Se trata de la aurora boreal, un fenómeno natural que, aunque conocido por la ciencia desde hace siglos, continúa generando asombro cada vez que aparece.
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Sin importar cuántas veces se presencien, las auroras boreales conservan un carácter etéreo. En las capas altas de la atmósfera terrestre, se forman cortinas de tonos verdes y rojos, y en ocasiones azules o púrpuras, que parecen desplazarse de manera silenciosa.
En los últimos años, este tipo de espectáculos se ha vuelto más común, incluso en zonas donde antes no solían registrarse. Un ejemplo ocurrió el 12 de noviembre, cuando se observaron auroras en distintos puntos del hemisferio norte. La explicación está en las eyecciones de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés), fenómenos solares que envían partículas cargadas hacia la Tierra y desencadenan estas manifestaciones luminosas al entrar en contacto con la atmósfera.
La posibilidad de volver a ver auroras en los próximos meses sigue abierta. El Sol atraviesa actualmente un periodo conocido como “máximo solar”, fase central de un ciclo de 11 años en la que la actividad en su superficie se intensifica. Este aumento favorece la frecuencia y la intensidad de las auroras, que suelen concentrarse en zonas polares, pero que en determinadas condiciones pueden extenderse a latitudes más bajas.
A primera hora de la mañana, el cielo de Groenlandia se ha convertido en un campo de batalla silencioso. La ciencia lo llama aurora boreal.
Difícil de atrapar, el mundo sigue su curso, ajeno a nuestra necesidad de contemplarlo.
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— Telediarios de TVE (@telediario_tve) January 8, 2026
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La ciencia detrás de las luces del cielo
El término aurora fue introducido en 1619 por el astrónomo italiano Galileo Galilei, quien lo tomó de la diosa romana del amanecer. En aquel momento, interpretó erróneamente el fenómeno como un reflejo de la luz solar. Hoy se sabe que tanto la aurora boreal como la austral se originan por la interacción entre el viento solar y los gases de la atmósfera terrestre.
El viento solar está compuesto por partículas con carga eléctrica, conocidas como iones, que el Sol expulsa constantemente. Al llegar a la Tierra, estas partículas chocan con el campo magnético del planeta y son dirigidas hacia los polos. Parte de ellas queda atrapada en la ionosfera, donde colisionan principalmente con átomos de oxígeno y nitrógeno. En ese proceso, los átomos se “excitan” y liberan energía en forma de fotones, que son percibidos como luz.
Los colores de las auroras dependen tanto de la altura a la que ocurren como del tipo de gas involucrado. Las tonalidades rojas suelen producirse a unos 240 kilómetros de altura, donde la atmósfera es menos densa, mientras que el verde aparece entre los 100 y 240 kilómetros. En capas más bajas, a menos de 100 kilómetros sobre la superficie, el nitrógeno genera combinaciones violáceas de rojo y azul.
Una aurora boreal se produce por la colisión de partículas eléctricas solares y vientos solares. Foto:iStock
Las auroras no son exclusivas de la Tierra. Se han detectado en casi todos los planetas del Sistema Solar, excepto en Mercurio, e incluso en un “planeta errante” ubicado a 20 años luz. En nuestro planeta, los mejores lugares para observarlas se concentran entre los 60 y los 75 grados de latitud, con una franja especialmente favorable entre los 65 y los 70 grados, que incluye zonas de Alaska, Canadá y el norte de Europa. La ausencia de contaminación lumínica y un cielo despejado son factores clave.
La frecuencia actual de estos eventos también está relacionada con el comportamiento cíclico del Sol. Las manchas solares, asociadas a la actividad auroral, siguen un patrón que se repite cada 27 días, el tiempo que tarda el Sol en completar una rotación. El ciclo de mayor actividad más reciente comenzó en 2019 y alcanza su punto más alto este año, lo que incrementa la probabilidad de tormentas solares capaces de expandir la zona auroral.
Las auroras boreales se destacan por su espectacularidad. Foto:iStock
Este fenómeno se hizo evidente a comienzos de 2023, cuando auroras fueron visibles en lugares tan al sur como Arizona e Inglaterra. Aunque estas tormentas ofrecen imágenes llamativas, también pueden afectar redes eléctricas y sistemas de GPS.
Aun así, incluso el ciclo solar más activo resulta difícil de comparar con el episodio más intenso registrado. El 1 de septiembre de 1859, una poderosa erupción solar provocó auroras visibles desde Cuba hasta Santiago de Chile. En aquella ocasión, algunos testigos interpretaron las luces como una señal apocalíptica y describieron que ”parecía como si hubiera un fuego colosal en la Tierra que reflejaba sus llamas en los cielos”.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y un editor.
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