Leo Soria tiene 41 años, y desde diciembre trabaja como repartidor para la plataforma Rappi. Se moviliza en silla de ruedas debido a una discapacidad motriz y tomó esta actividad luego de no lograr acceder a un empleo formal, pese a haber enviado numerosos currículums durante los últimos meses.
Soria realiza entregas en distintas zonas de Buenos Aires. Comienza su jornada por la mañana, hace una pausa al mediodía y retoma la actividad por la noche. En promedio, recorre unos siete kilómetros diarios.
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“No me quedó otra opción. Necesito ingresos y voy a seguir trabajando hasta que aparezca una oportunidad laboral mejor”, señaló.
Dificultades para acceder al mercado laboral
Soria tiene una discapacidad motriz desde la infancia, consecuencia de una mala praxis durante un tratamiento por meningitis. Vive con su hijo Tomás, de 15 años, y sostiene el hogar con una pensión no contributiva por discapacidad y los ingresos que obtiene como repartidor.
“Muchos edificios no tienen rampas, los baños no son accesibles o los espacios no están adaptados. Eso dificulta no solo trabajar, sino incluso postularse”, explicó.
Leo Soria es un ejemplo de superación. Foto:Redes sociales.
Problemas de movilidad y transporte
La falta de infraestructura accesible también condiciona su movilidad diaria. Soria señaló dificultades para utilizar el transporte público, como estaciones de tren sin rampas y colectivos sin piso bajo, lo que limita las zonas en las que puede trabajar o buscar empleo.
A pesar de estas restricciones, continúa buscando alternativas laborales. “Mandé muchos currículums, pero no tuve respuesta. Mientras tanto, este trabajo me permite cubrir gastos básicos”, indicó.
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Soria afirmó que suele recibir comentarios de clientes, comerciantes y otros repartidores al verlo trabajar. “Muchos me dicen que soy un ejemplo, pero no lo soy. Hago lo mismo que ellos, solo que en silla de ruedas”, sostuvo.
Leo con su mochila de repartidor y gorra. Foto:Vía La Nación
En general, describió las experiencias como positivas, aunque aclaró que su objetivo no es el reconocimiento, sino acceder a un empleo en condiciones formales y con posibilidades de desarrollo.
Actualmente, suma aproximadamente $ 1’027.692 mensuales por las entregas. Sin embargo, el trabajo implica gastos extra vinculados al desgaste de la silla de ruedas.
“Las cubiertas se desgastan rápido. Hay que cambiarlas cada tres o cuatro meses”, detalló.
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Soria fue jugador de básquet
Durante 21 años, Soria fue jugador de básquet adaptado. Integró equipos de la ONG Centro de Integración Libre y Solidario de Argentina (CILSA) y de la Asociación de Discapacitados Unidos (ADU) de San Fernando, y en 2005 participó del Mundial Sub 22 en Inglaterra.
Soria fue jugador de básquet adaptado. Foto:Redes sociales.
En 2025 se inscribió en un programa del CENARD para formarse como entrenador de básquet convencional y espera poder cursar también la capacitación en básquet adaptado. “Quiero seguir vinculado al deporte y tener un trabajo donde pueda desarrollarme”, expresó.
La Nación (Argentina) / GDA.
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*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de La Nación (GDA), y contó con la revisión de un periodista y un editor.

















