Aunque no pueden ver en la oscuridad absoluta, los gatos cuentan con un sistema visual altamente especializado que les permite orientarse, detectar movimientos y reconocer objetos con hasta seis veces menos luz de la que necesita un ser humano.
Durante siglos, la facilidad con la que los gatos se mueven en la penumbra ha alimentado mitos sobre una supuesta ‘visión sobrenatural’. Sin embargo, los expertos aclaran que, como cualquier mamífero, estos animales necesitan una mínima cantidad de luz para poder ver. La diferencia es que, allí donde una persona apenas distingue sombras, el felino aún puede ubicarse sin dificultad.
La clave está en la retina, la capa del ojo encargada de captar la luz y convertirla en señales que el cerebro transforma en imágenes. En los humanos, la retina combina conos (responsables del color y los detalles con buena iluminación) y bastones, que se activan en condiciones de poca luz. En los gatos, la proporción de bastones es mucho mayor, lo que les otorga una sensibilidad notable a la luz tenue y a los movimientos rápidos.
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Otro componente fundamental es el tapetum lucidum, una capa reflectante situada detrás de la retina. Foto:Istock
Esta configuración tiene un costo: los gatos sacrifican parte de la agudeza visual y de la riqueza de color a plena luz del día. Su vista está menos pensada para distinguir detalles finos que para localizar, con rapidez, posibles presas que se mueven al amanecer o al anochecer, los momentos del día en los que son depredadores más activos.
Otro componente fundamental es el tapetum lucidum, una capa reflectante situada detrás de la retina. Funciona como un espejo interno que devuelve la luz que no fue aprovechada en un primer paso, dándole una “segunda oportunidad” de ser captada por los bastones.
Este mecanismo incrementa todavía más la sensibilidad a la luz baja y explica el brillo característico de los ojos de los gatos cuando se los ilumina en la oscuridad.
La pupila felina se expande hasta ocupar casi todo el ojo visible en la oscuridad. Foto:Istock
A esto se suma la gran capacidad de dilatación de sus pupilas. En espacios poco iluminados, la pupila felina se expande hasta ocupar casi todo el ojo visible, permitiendo la entrada del máximo de luz posible.
Con luz intensa, por el contrario, se contrae hasta formar una delgada rendija vertical que protege el ojo del exceso de luminosidad y ayuda a calcular mejor las distancias.
En la práctica, lo que ‘ven’ los gatos en la oscuridad se basa más en contrastes y movimiento que en detalles nítidos. Su visión es menos precisa que la humana para formas complejas o tareas como leer, pero está optimizada para detectar cambios sutiles en el entorno: el desplazamiento de un objeto, el paso de otro animal o cualquier señal que indique la presencia de una posible presa.
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Cuentan con un sistema visual y sensorial extraordinariamente adaptado a la oscuridad. Foto:Istock
En cuanto al color, los felinos no perciben el mundo en blanco y negro, pero sí con una paleta más limitada. Estudios citados SantéVet señalan que distinguen sobre todo tonos azules y verdes, mientras que los rojos y rosados les resultan difíciles de diferenciar.
En condiciones de baja iluminación, esta percepción cromática se reduce aún más, ya que los bastones (protagonistas en la noche) no transmiten información de color.
La visión, además, no actúa sola. El oído extremadamente fino, el olfato y las vibrisas (bigotes) completan el ‘mapa’ sensorial que permite a los gatos desplazarse casi sin ruido y con gran precisión, incluso en espacios estrechos o muy oscuros.
Los bigotes perciben vibraciones del aire y el contacto con objetos cercanos, aportando información adicional cuando la luz es escasa.
Los gatos no ven en la oscuridad total, pero sí cuentan con un sistema visual y sensorial extraordinariamente adaptado a la penumbra. Gracias a su retina especializada, al tapetum lucidum, a la dilatación de las pupilas y al apoyo de otros sentidos, pueden moverse con seguridad allí donde el ser humano apenas percibe formas difusas, una ventaja que su evolución como cazadores crepusculares ha perfeccionado con el tiempo.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















