Históricamente el 25 de diciembre es el día en que nació Jesús según los escritos y la tradición. Pero para el historiador Ernesto Montoya es completamente diferente. Según él, la fecha que hoy llamamos Navidad fue escogida por la Iglesia, no porque hubiera certeza histórica, sino por motivos simbólicos y de contexto cultural.
Montoya recuerda que la palabra ‘Navidad’ procede del latín nativitas (nacimiento) y que los evangelios de Mateo y Lucas coinciden en algunos datos básicos: situar el nacimiento en Belén y hablar de la concepción virginal de María. Pero subraya que ninguno de estos textos menciona el día exacto ni el mes en que habría nacido Jesús, de modo que el calendario litúrgico no se basa en una fecha documentada.
Una pista importante que cita el historiador está en el evangelio de Lucas, donde se menciona que los pastores dormían al aire libre y el ganado pastaba fuera. Ese detalle hace que muchos autores sitúen el nacimiento en primavera, cuando el clima permite mantener los rebaños al raso, mientras otros defienden que pudo suceder en invierno. La conclusión de Montoya es clara: a nivel histórico, “no se tiene ni idea de cuándo nació realmente”.
LEA TAMBIÉN
24 de Diciembre. Foto:Istock
Si la Biblia no fija el día, la clave está en el calendario natural: el solsticio de invierno. Montoya explica que alrededor de ese momento se cierra el ciclo agrícola en buena parte del Mediterráneo, con la recogida de las últimas cosechas, empiezan los meses más fríos y, al mismo tiempo, los días comienzan a alargarse otra vez. Es un punto de inflexión del año que muchas culturas han cargado de significado.
El valor simbólico del sol y de los solsticios viene de muy lejos. El historiador menciona los sepulcros megalíticos orientados hacia el este, diseñados para que la luz del sol penetre en la cámara funeraria durante estos eventos astronómicos. Esa arquitectura revela hasta qué punto el renacer de la luz en pleno invierno estaba asociado a ideas de renovación, muerte y resurrección ya en épocas precristianas.
24 de diciembre. Foto:Istock
Montoya sitúa la explicación directa del 25 de diciembre en Roma. Ese día se celebraba la fiesta del Sol Invictus (Dies Natalis Solis Invicti), vinculada al nacimiento del dios Apolo, y en algunos lugares se rendía culto también a Mitra, una divinidad solar de origen persa. Es decir, ya existía un ‘cumpleaños del sol’ en la misma fecha en que más tarde se colocaría el nacimiento de Cristo.
A ese contexto se suman las Saturnales, del 17 al 23 de diciembre, fiestas que marcaban el fin de las labores agrícolas. Durante esos días, campesinos y esclavos eran dispensados del trabajo, se organizaban grandes banquetes públicos y la gente se intercambiaba regalos. Montoya sugiere que muchas de esas prácticas festivas encuentran eco en las costumbres navideñas actuales, aunque hoy se lean en clave cristiana.
24 de Diciembre. Foto:Istock
El giro decisivo llegó con el emperador Constantino y el papa Julio I, quienes fijaron oficialmente el 25 de diciembre como fecha para conmemorar el nacimiento de Jesús. Según Montoya, se trató de una decisión “escogida arbitrariamente” por la Iglesia católica, pero nada casual: al superponer el Nativitas Christi sobre las fiestas paganas del solsticio, se facilitaba que estas celebraciones profundamente arraigadas fueran absorbidas y resignificadas bajo la nueva religión.
La conclusión del historiador es que el día de Navidad no refleja una certeza histórica sobre el nacimiento de Jesús, sino una operación simbólica y política: cristianizar un momento del año ya cargado de sentido cósmico y festivo. Más que una fecha exacta, el 25 de diciembre condensa la idea del “nacimiento de la luz” en la noche más larga del año, uniendo tradiciones paganas y mensaje cristiano en una misma celebración.
Más noticias en EL TIEMPO
Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















