Desde hace más de una década, los habitantes de la isla de Santiago, en Cabo Verde, conviven con el Pentalina B, un antiguo ferry de pasajeros y carga que encalló en la costa y nunca volvió a navegar.
Con el paso de los años, la embarcación se transformó en un elemento habitual del paisaje y en un reclamo turístico para quienes llegan a la isla atraídos por su historia y su imagen.
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Los residentes explican que la presencia del barco ya forma parte de la rutina diaria. La población local se ha acostumbrado tanto al casco varado como al flujo constante de curiosos que se acercan para observarlo, fotografiarlo o grabar vídeos sobre su historia, según indicó el diario ‘As’.
Parte del atractivo está en la difusión que ha tenido el ferry en internet. Foto:Instagram: @oceanlinerpictures
Un reclamo para visitantes y curiosos
Fávio Carvalho, vecino del lugar, señaló que muchas personas llegan directamente preguntando por la ubicación del Pentalina B.
Según explicó, el barco se ha convertido en un punto de referencia para quienes visitan la isla. Los turistas se acercan a recorrerlo, a grabar contenidos para redes sociales o simplemente a observar de cerca la embarcación encallada.
De acuerdo con Carvalho, parte del atractivo está en la difusión que ha tenido el ferry en internet. “La gente viene porque lo vio en internet y se lo cuenta”, afirmó, describiendo cómo el boca a boca y los vídeos publicados han incrementado el interés por el lugar.
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La convivencia cotidiana con el barco
Para los residentes, el Pentalina B no solo es un objeto de observación.
Según relatan, muchos habitantes acceden al interior del ferry, pasean por sus instalaciones y utilizan el entorno como espacio de ocio.
“Vamos allí, entramos, paseamos por el interior del barco, nos bañamos en el mar junto a él, hacemos picnics”, explicó Carvalho.
Esta relación cotidiana ha llevado a que parte de la población considere que el barco puede permanecer en el lugar, debido a la cantidad de visitantes que atrae y al uso recreativo que se le ha dado con el tiempo.
El Pentalina B fue construido en Escocia en 1970 y durante años prestó servicio como ferry. Foto:Instagram: @vinythepooh
Un atractivo que también supone un peligro
Pese a su valor turístico, la embarcación representa un riesgo para quienes se acercan a ella. Según informa ‘Observador’, con los años la estructura del Pentalina B ha sufrido un deterioro progresivo. La exposición constante al mar y la humedad ha provocado un avanzado proceso de oxidación.
“El barco se está cayendo a pedazos”, reconoce Carvalho, al referirse al estado actual del ferry. El deterioro aumenta el riesgo de desprendimientos y convierte la visita al interior de la embarcación en una actividad potencialmente peligrosa para residentes y turistas.
El Pentalina B fue construido en Escocia en 1970 y durante años prestó servicio como ferry. Tras ser reemplazado por otra embarcación, fue vendido a una compañía que operaba conexiones entre islas en Cabo Verde, donde continuó su actividad como transporte de pasajeros y mercancías.
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El 5 de junio de 2014, durante uno de sus viajes por la zona, el Pentalina B encalló durante la noche en el punto donde permanece actualmente.
A bordo viajaban 85 personas, además de varias cargas de mercancías. La embarcación arrancó sus motores ese día para no volver a hacerlo nunca más.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y una editora.
JOS GUERRERO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL
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