Originaria de la cuenca mediterránea, la alcachofa se ha consolidado como una de las verduras más apreciadas por su bajo aporte calórico, su contenido en agua, fibra, potasio y fósforo, y algunos compuestos bioactivos que favorecen la digestión y la salud, aunque su consumo también presenta contraindicaciones en ciertos casos.
Las alcachofas acompañan la mesa desde tiempos del Antiguo Egipto y llegaron a la península ibérica de la mano de los árabes, hasta convertirse en una de las verduras emblemáticas de la cocina mediterránea. Más allá de su sabor particular y de las múltiples preparaciones en las que puede aparecer, este vegetal destaca por un perfil nutricional que ha llamado la atención de especialistas. De hecho, la Fundación Española de la Nutrición (FEN) la señala como un alimento que merece estar de forma habitual en la alimentación diaria.
Desde el punto de vista energético, la alcachofa es un alimento muy ligero: aporta alrededor de 44 kilocalorías por cada 100 gramos de parte comestible. Esta baja densidad calórica, unida a su más del 88 % de agua, la convierte en una opción interesante para quienes buscan controlar el peso sin renunciar a raciones generosas de verduras. El alto contenido hídrico contribuye tanto a la hidratación como a la sensación de saciedad, un aspecto clave en contextos de alimentación saludable.
LEA TAMBIÉN
¿Cómo hacer alcachofas de manera correcta?
La alcachofa sobresale de manera especial por su contenido en potasio y fósforo. Foto:Istock
Según el portal de cocina Bon Viveur, la mejor forma de hacer las alcachofas es de la siguiente manera:
- Llena un tazón con agua y el zumo de un limón
- Limpia las alcachofas quitando las hojas y partes más fibrosas
- Frota las alcachofas con el limón partido a medida que las vayas limpiando e introdúcelas en el tazón con agua y limón
- Pon a calentar una olla con abundante agua con sal y unas hojas de perejil fresco, y cocina en ella las alcachofas durante unos 20 minutos
- Corta por la mitad las alcachofas y sírvelas agregando un poco de aceite de oliva virgen extra
Tras el agua, los componentes mayoritarios de la alcachofa son los hidratos de carbono, entre los que destacan la inulina y la fibra dietética. La inulina es un tipo de fibra soluble que no se digiere en el intestino delgado y alcanza prácticamente intacta el colon, donde puede favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal. A ello se suma una dosis aproximada de 2 gramos de fibra total por cada 100 gramos, cantidad que contribuye al tránsito intestinal y ayuda a acercarse a las recomendaciones diarias de fibra marcadas por las autoridades sanitarias.
En el apartado de minerales, la alcachofa sobresale de manera especial por su contenido en potasio y fósforo. El potasio alcanza los 430 miligramos por cada 100 gramos, una cifra relevante para el funcionamiento normal del sistema nervioso y de los músculos, además de participar en el mantenimiento de una presión arterial adecuada. El fósforo, con unos 130 miligramos por la misma cantidad de alimento, contribuye al cuidado de huesos y dientes en condiciones normales.
Esta combinación de minerales apoya tanto la salud estructural como la muscular. Foto:Istock
Los datos recopilados por la FEN indican que una ración de 300 gramos de alcachofa puede aportar alrededor del 20 % de las ingestas diarias recomendadas de fósforo para adultos jóvenes, lo que la convierte en un aliado interesante dentro de un patrón alimentario equilibrado. Esta combinación de minerales apoya tanto la salud estructural (por su papel en el tejido óseo y dental) como el adecuado funcionamiento muscular, especialmente cuando se integra en menús variados junto a otras fuentes de nutrientes.
En cuanto a vitaminas, aunque no es una fuente especialmente concentrada, la alcachofa aporta pequeñas cantidades de vitaminas del grupo B, vitamina C y vitamina E, que completan su perfil nutricional. A ello se suma que se trata de un alimento de forma natural bajo en grasas, colesterol y sodio, características que refuerzan su idoneidad dentro de una dieta cardiosaludable y alineada con las pautas de prevención cardiovascular.
LEA TAMBIÉN

También se le han atribuido beneficios sobre la función digestiva y hepática. Foto:Istock
Más allá de los nutrientes mayoritarios, este vegetal contiene compuestos presentes en pequeñas cantidades pero con efectos fisiológicos interesantes, como los esteroles y la cinarina. Tradicionalmente, a estas sustancias se les han atribuido beneficios sobre la función digestiva y hepática, lo que ayuda a explicar por qué la alcachofa suele mencionarse entre los alimentos que favorecen una buena digestión cuando se consumen en el marco de una alimentación equilibrada.
No obstante, sus virtudes no impiden que existan contraindicaciones. El contenido en fibra e inulina puede causar molestias intestinales en algunas personas, especialmente en quienes presentan sensibilidad digestiva o síndrome del intestino irritable. En estos casos, es posible que aparezcan gases, sensación de hinchazón o malestar abdominal cuando se consumen cantidades elevadas de alcachofa, por lo que conviene ajustar las raciones según la tolerancia individual.
Otro aspecto a considerar es su aporte de potasio. Debido a esa concentración, las personas con enfermedad renal que deban seguir dietas restringidas en este mineral deberían moderar el consumo de alcachofas y consultar con un profesional sanitario antes de incorporarlas con frecuencia a sus platos. En general, se trata de una verdura con un perfil muy interesante en términos de salud, siempre que se adapte a las necesidades y condiciones de cada persona y se consuma dentro de una dieta variada.
Más noticias en EL TIEMPO
Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















