La salud de Donald Trump ha vuelto a quedar bajo la lupa tras una serie de señales físicas y médicas que contrastan con la imagen de “salud perfecta” que él mismo reivindica. El actual presidente de Estados Unidos, el de mayor edad en jurar el cargo, asegura haber “clavado” por tercera vez un test cognitivo estándar, pero en los últimos meses se le ha visto con moretones visibles en las manos, problemas de sueño y posibles dificultades de audición.
Trump en una entrevista con The Wall Street Journal, afirma que los médicos de la Casa Blanca certificaron que goza de un estado de salud impecable y que obtuvo el 100 % de aciertos en una prueba cognitiva que, según él, debería ser obligatoria para todos los candidatos a la presidencia. Aunque no especificó el examen en su mensaje público, los informes oficiales señalan que se trata del MOCA (Montreal Cognitive Assessment), un test de 30 ítems que evalúa memoria, atención, lenguaje y funciones ejecutivas, entre otras capacidades, y que se usa para detectar deterioro cognitivo leve.
Los resultados del MOCA, sin embargo, no bastan para emitir un diagnóstico por sí solos: requieren ser interpretados por un neurólogo dentro de una evaluación clínica más amplia. Trump ya se había sometido a esa prueba durante su primer mandato y que, en 2025, se convirtió en la persona de más edad en tomar posesión del cargo, cinco meses mayor que Joe Biden cuando juró en 2021, lo que refuerza la atención sobre cualquier signo relacionado con su estado mental.
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Se le ha visto en varias ocasiones con grandes hematomas en el dorso de la mano derecha. Foto:@realdonaldtrump
Más allá de lo cognitivo, las imágenes recientes del mandatario han levantado sospechas por otros motivos. Fotografías oficiales lo han mostrado en varias ocasiones con grandes hematomas en el dorso de la mano derecha, que él ha tratado de disimular con maquillaje. En una recepción al presidente de Corea del Sur, por ejemplo, las cámaras captaron un moratón que cubría casi toda esa zona, algo que ya se había observado anteriormente.
Trump ha atribuido esas marcas a sus firmes apretones de manos, pero reportes médicos filtrados indican que padece insuficiencia venosa crónica, una acumulación de sangre en las venas que provoca hinchazón, dolor y varices. De acuerdo con información publicada, llegó a usar medias de compresión para aliviar la molestia, aunque abandonó esa medida con el tiempo, y actualmente toma aspirina en dosis altas como parte de la prevención cardiovascular.
Trump se ha sometido a pruebas como un TAC y un análisis de electrocardiograma. Foto:@realdonaldtrump
Esa aspirina, que el presidente asegura consumir desde hace años para evitar tener “la sangre espesa”, se administra en su caso a 325 miligramos diarios, según detalló CNN. Lo que es una cantidad muy superior a los 81 miligramos que suelen recomendar los médicos para prevención.
El uso de dosis elevadas no está exento de riesgos, como posibles hemorragias gastrointestinales, y podría explicar en parte la facilidad con la que se le forman hematomas en manos y otras partes del cuerpo, de acuerdo con Cleveland Clinic y el British Journal of Dermatology.
Su tratamiento incluye también rosuvastatina y ezetimiba, medicamentos destinados a controlar el colesterol, así como mometasona en crema con fines antiinflamatorios. Según su médico personal, Sean Barbabella, en un comunicado enviado a CNN, Trump se ha sometido a pruebas como un TAC y un análisis de electrocardiograma asistido por inteligencia artificial, que habría arrojado una “edad cardiaca” de 65 años, por debajo de su edad cronológica.
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Existen dudas sobre un posible deterioro auditivo. Foto:@realdonaldtrump
A estas cuestiones se suman señales de fatiga visibles en actos públicos. En las últimas semanas, se le ha visto en eventos con los ojos cerrados y aspecto de estar dormitando, algo que él y su equipo niegan, aunque admiten que tiene dificultades para conciliar el sueño y que no le gusta dormir demasiado.
También han circulado escenas en las que su esposa, Melania, parece explicarle al oído preguntas que no habría escuchado bien, alimentando las dudas sobre un posible deterioro auditivo que el propio Trump rechaza.
El historial médico divulgado por Barbabella incluye, además, hipercolesterolemia “bien controlada”, alergias estacionales, una infección por Covid-19 en el pasado, lesiones cutáneas por exposición al sol y cirugías como apendicectomía y cataratas.
Pese a una dieta basada en comida rápida y al poco ejercicio físico más allá del golf, el presidente supera ya la esperanza de vida media masculina en Estados Unidos. Mientras él insiste en que todo se debe a sus “buenos genes”, cada nuevo detalle sobre sus pruebas médicas, medicación y señales externas es analizado con lupa, en un contexto político en el que la salud del mandatario es un asunto de interés público.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















