Imagínese pagar por una maestría casi cuatro veces menos y, además, obtener un título con validez internacional en la mitad del tiempo que tomaría hacerlo en Colombia. Esa es una alternativa por la que cada vez más colombianos optan gracias a la presencia de universidades extranjeras que ofrecen posgrados virtuales en el territorio nacional, una tendencia que cobra popularidad a la vez que gana detractores.
Ese fue el caso de Sofía Oyaga, quien cursó una maestría en Comunicación Corporativa en la Universidad Internacional de La Rioja. Mientras que un programa equivalente en Colombia —como el de la Universidad de La Sabana— puede costar alrededor de 18 millones de pesos por semestre y extenderse por dos años, la opción virtual internacional ofrecida por varias instituciones españolas tiene una duración de un año y un costo de 15 millones de pesos por el programa completo.
«Imagínate que cueste casi cuatro veces menos y que puedas tener una experiencia mucho más rápida en un año. Te evitas todo ese tipo de costos como el transporte o las comidas adicionales fuera de tu casa», dijo la estudiante, Sofía Oyaga, para EL TIEMPO.
Esta es la razón principal por la que miles de colombianos están optando por estudiar virtualmente en instituciones como La Universidad Internacional de la Rioja, La Universidad de Valencia, La Universidad Europea, La Universidad de Nebrija, entre otras. Pero este crecimiento exponencial de la oferta virtual extranjera deja muchas preguntas en el aire sobre la calidad académica y la regulación de estas instituciones educativas en el país.
El boom colombiano de las universidades internacionales en línea
La matrícula en programas a distancia virtual contó con 582.721 estudiantes en 2024. Foto:iStock
El auge de la educación virtual extranjera en Colombia coincide con la expansión acelerada de la virtualidad en el país. De acuerdo con las estadísticas oficiales del SNIES, la matrícula en programas a distancia virtual pasó de 251.383 estudiantes en 2020 a más de 582.721 en 2024, un incremento de más del doble en cuatro años. Aunque aún no hay cifras oficiales consolidadas para 2025, las universidades proyectan que la matrícula nacional podría superar los 600.000 estudiantes.
En este escenario, Colombia se ha convertido en uno de los principales mercados de la región para las instituciones internacionales. Según Luis Sanabria, director de operaciones online de la Universidad Europea, el país es el segundo en Latinoamérica por volumen de estudiantes.
Según el director Luis Sanabria, Desde 2020 el número de colombianos matriculados en sus programas online ha crecido más de 3.000 por ciento, alcanzando en 2025 su nivel más alto. «Yo creo que hay una conexión entre España y Colombia, que es el idioma. Eso facilita todo, no tiene que dominar muy bien un segundo idioma como un francés, un alemán o un inglés, y de todas formas cuenta con el prestigio que da una universidad europea», afirma Sanabria.
Por otro lado, la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) reporta un proceso de expansión progresiva. Su directora de Desarrollo, Carolina Aconcha, señala que desde 2016 la institución ha formado a más de 20.000 estudiantes colombianos, de los cuales más de 16.000 han convalidado sus títulos ante el Ministerio de Educación Nacional. «La mayoría de nuestros estudiantes son funcionarios públicos que hacen maestrías que van desde gestión pública, temas de recursos humanos, gestión administrativa, inteligencia artificial o ingeniería aplicada al sector público», afirma Aconcha.
La preocupación de las IES en Colombia
Pero, detrás de toda esta oferta educativa, hay una preocupación generalizada en el sector de las Instituciones de Educación Superior Nacionales, que han manifestado un malestar por el incremento de ofertas académicas de Instituciones de Educación Superior extranjeras. Una de las grandes inquietudes es que probablemente las plataformas podrían incumplir los requisitos legales establecidos.
Oscar Domínguez González, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), señala que siguen con atención la expansión de estas ofertas, especialmente en maestrías y doctorados. Para las IES nacionales, la combinación de rapidez en la obtención del título y bajos costos abre la duda de si esas ventajas se logran “a costa de la calidad y de la equidad”.
“Actualmente no existe un sistema consolidado que permita conocer cuántas instituciones extranjeras están ofreciendo estos programas ni cuántos estudiantes colombianos los cursan. Esto genera incertidumbre sobre el cumplimiento de estándares de formación, componentes investigativos y pertinencia académica”, explica Domínguez. Mientras las universidades colombianas deben pasar por registros calificados, acreditaciones y evaluaciones de pares, las internacionales pueden operar sin someterse a estos controles.
En respuesta, Luis Sanabria señala que en España, al igual que en Colombia, la educación universitaria está sujeta a regulaciones claras, desde el Ministerio hasta las comunidades autónomas, que determinan la calidad y validez de los títulos tanto a nivel nacional como europeo. “Nosotros cumplimos con los estándares y la calidad que se nos demanda, además de estar en los principales rankings del mundo”, afirma.
La preocupación manifestada por la Ascun también es compartida por otras asociaciones del sector, como la Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior (Aciet) y la Asociación de Instituciones de Educación del Caribe (Asiesca), quienes manifiestan que la principal consecuencia es que esta situación afecta el equilibrio de la oferta educativa y las condiciones de competencia justa entre las instituciones nacionales y extranjeras.
A esta discusión se suma Carolina Aconcha, directora de Desarrollo de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), quien insiste en que su rol no es competir con las universidades locales sino que al contrario, quiere complementarlas: “Nosotros somos amigos de las universidades nacionales; trabajamos con ellas en este propósito. No queremos ser competencia. Queremos apoyar los indicadores de crecimiento y gestión de las universidades colombianas”.
¿Por qué crece la popularidad de las universidades extranjeras en Colombia?
Uno de los factores relevantes para el éxito de estas universidades en Colombia tiene que ver con el modelo educativo y flexible que ya venían implementando incluso antes de pandemia:
“Cuando la gente, en el confinamiento, comenzó a estudiar virtual, la UNIR ya tenía una plataforma consolidada. Nosotros no entendemos la virtualidad como un proceso de autonomía del estudiante, sino como un proceso en el que hacemos que esa mediación sea posible pero acompañada”, explica Carolina Aconcha.
Estas universidades suelen contar con personas que hacen acompañamiento permanente a los estudiantes para evitar la deserción. Luis Sanabria dice que son una suerte de “coach”, mientras que Carolina Aconcha les llama mentores, quienes están pendientes de los estudiantes en caso de que no puedan entrar a los foros, actividades o contenidos, brindándoles alternativas y flexibilidad en sus horarios. A eso se le suma el uso de herramientas virtuales y de inteligencia artificial para que los estudiantes puedan hacer parte de las clases de una manera inmersiva desde cualquier parte de Colombia.
Para Sofía Oyaga, poder asistir a las clases en vivo o verlas posteriormente en grabación fue una de las grandes ventajas de estudiar en la UNIR. A eso se suma la posibilidad de interactuar con estudiantes de otros países y con colombianos de distintas ciudades, algo que ella dice que enriqueció su experiencia académica.
En contraste, para Camila Rueda, quien cursó una maestría en el CEUPE (Centro Europeo de Posgrado y Empresa), estudiar virtual desde Colombia fue más desafiante. Aunque reconoce que la modalidad ofrece flexibilidad, dice que también demanda un nivel alto de disciplina. “Hay que ver las clases, hacer las lecturas, escuchar las conferencias. Al no tener un horario fijo y un plazo largo, puede pasar que uno deje todo para el final”, cuenta.
Para Juan Valencia, la decisión de estudiar en la Universidad Internacional de Valencia no estuvo motivada tanto por los horarios o la flexibilidad, sino por la variedad de programas que ofrecen estas instituciones. Él cursó Psicología Clínica y buscaba una maestría en Terapias Psicológicas de Tercera Generación, un programa que, en ese momento, no estaba disponible en Colombia.
Pese a la diferencia entre los estudiantes, las tres experiencias muestran por qué este modelo ha calado en Colombia ya que combina acompañamiento constante, horarios flexibles, una oferta académica que muchas veces supera la disponible en el país y precios más económicos. Para algunos, esa mezcla representa una oportunidad y para otros, un reto que exige más disciplina. Pero en todos los casos, explica por qué miles de colombianos están migrando hacia estas plataformas y por qué las universidades internacionales están en auge.
El camino para validar un título internacional
Según el Ministerio de Educación, todo título de educación superior obtenido en el exterior debe pasar por un proceso de convalidación para que tenga validez en Colombia. Ese trámite, regulado por la Resolución 10687 de 2019, se basa en tres criterios.
El primero es acreditación o reconocimiento: el Ministerio verifica que la institución y el programa estén avalados por una agencia acreditadora reconocida en el país donde se cursaron los estudios.
El segundo es el precedente administrativo, que consiste en revisar si existen otros títulos similares que ya hayan sido convalidados. Se comparan aspectos como el nombre del programa, contenidos, carga horaria, duración y modalidad. Para que exista precedente, deben encontrarse al menos tres decisiones anteriores en el mismo sentido.
El tercero es la evaluación académica, que entra en juego cuando el título no encaja en los criterios anteriores. En ese caso, la Conaces u otro órgano evaluador analiza el plan de estudios, la duración, la intensidad horaria y la modalidad, y emite un concepto técnico sobre la formación recibida.
Los tiempos del proceso varían: pueden ir de 60 a 180 días, dependiendo del tipo de convalidación que se solicite. La evaluación académica suele ser la más larga.
En medio de este panorama, Luis Sanabria, director de operaciones online de la Universidad Europea, sostiene que el interés de los colombianos por estas instituciones también responde a un cambio en la forma de trabajar. “Hoy la demanda laboral no es necesariamente local. Muchas multinacionales ya no se organizan por país. Los estudiantes buscan una formación global que les permita moverse en distintos mercados”, afirma.
¿Y ahora qué?
Ante los vacíos en la regulación, supervisión y convalidación de programas extranjeros virtuales, la Ascun junto con la Aciet y la Asiesca, ha solicitado al Ministerio de Educación Nacional adoptar medidas concretas. Entre ellas, actualizar la Resolución 10687 de 2019 para ajustarla a las nuevas dinámicas de la educación virtual global, y fortalecer los mecanismos de control, con normas y protocolos aplicables a las instituciones extranjeras que operan en el país.
“Necesitamos que se incluyan criterios más precisos sobre duración mínima, exigencia investigativa, producción académica y componentes curriculares”, señaló el director de Ascun.
Las asociaciones también plantean avanzar en la creación de canales de alerta temprana entre las universidades y el Ministerio, que permitan reportar posibles incumplimientos y articular respuestas conjuntas.
El propósito es evitar que la expansión de estas ofertas “se convierta en una práctica laxa, con plataformas que posiblemente irían en detrimento de los ejercicios académicos rigurosos de las IES nacionales, que sí están controladas y vigiladas por el Ministerio de Educación Nacional”.















