Un estudio de la Universidad de Cambridge concluye que los humanos se asemejan más a especies como los suricatos y los castores que a la mayoría de los primates en cuanto a la monogamia reproductiva. Esto se evaluó a partir de la proporción de hermanos con ambos padres en común, frente a medio hermanos.
La investigación, liderada por el antropólogo Mark Dyble, propone un nuevo enfoque para analizar los sistemas de apareamiento. En lugar de inferencias basadas solo en fósiles o normas culturales, el estudio examina datos genéticos y etnográficos sobre parentesco entre hermanos en distintas especies y sociedades humanas a lo largo del tiempo.
La premisa es que los grupos con mayor monogamia tienden a producir más hermanos completos, mientras que los sistemas polígamos o promiscuos generan más medio hermanos.
Para el caso humano, Dyble analizó información genética procedente de yacimientos arqueológicos. Foto:iStock
Para el caso humano, Dyble analizó información genética procedente de yacimientos arqueológicos, como enterramientos de la Edad del Bronce en Europa y sitios neolíticos en Anatolia, así como datos etnográficos de 94 sociedades humanas de diferentes regiones del mundo.
A pesar de la amplia diversidad cultural en normas de matrimonio y apareamiento, incluido el hecho de que el 85 por ciento de las sociedades preindustriales permitían la poliginia, el estudio concluye que incluso los extremos humanos se sitúan por encima de la mayoría de las especies no monógamas.
El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society: Biological Sciences, estima que los humanos presentan una tasa global del 66 por ciento de hermanos completos, lo que los ubica en el séptimo lugar entre once especies consideradas socialmente monógamas y con preferencia por vínculos de pareja duraderos.
En esta clasificación, los castores euroasiáticos alcanzan un 72,9 por ciento, los suricatos un 59,9 por ciento y los gibones de manos blancas un 63,5 por ciento. Por otro lado, los grandes primates más cercanos evolutivamente a los humanos muestran tasas mucho menores, entre ellos los gorilas de montaña alrededor del 6 por ciento y los chimpancés cerca del 4 por ciento.
La monogamia humana probablemente evolucionó con el paso de los años. Foto:iStock
Según Dyble, estos resultados refuerzan la idea de que la monogamia es el patrón reproductivo dominante en la especie humana, aunque con flexibilidad.
El investigador subraya que la monogamia humana probablemente evolucionó a partir de formas previas de vida grupal no monógama, un cambio poco común entre los mamíferos y que solo se observa en contadas especies como algunos lobos y zorros.
El autor aclara además que el estudio mide monogamia reproductiva, no comportamiento sexual. En los humanos, los factores culturales y tecnologías como el control de la natalidad pueden separar la sexualidad de la reproducción, dando lugar a combinaciones diversas de vínculos.
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