Un video publicado en redes sociales volvió a poner sobre la mesa una realidad que muchos colombianos conocen, pero pocos han visto comparada con cifras concretas. El ejercicio fue realizado por el creador de contenido Priceitlat, dedicado al análisis de precios, decidió enfrentar dos escenarios opuestos del país, un supermercado D1 en Bogotá y otro en San Andrés Islas.
La dinámica partió de una pregunta sencilla, pero contundente: ¿cuánto cambia el valor de los mismos productos entre el interior del país y una isla? Para responderla, el creador de contenido seleccionó diez artículos de consumo frecuente y revisó sus precios en ambas ciudades.
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Aceite de canola, huevos, galletas Ducales, arroz, quesos, granos, jamón y salsa de tomate hicieron parte del listado. Productos comunes, presentes en miles de hogares, que permiten medir con claridad el impacto del lugar donde se compra.
El resultado no tardó en generar reacciones. En el video, el influencer dice que la compra del mismo grupo de artículos tuvo una diferencia marcada entre ambas ciudades: “En Bogotá nos saldrían 65.930 pesos y en San Andrés 92.610, un 40,4 % más”, explicó. Una cifra que sorprendió incluso a quienes están acostumbrados a las variaciones regionales.
Cuando la canasta básica no cuesta lo mismo
El análisis reveló contrastes marcados entre productos. El producto con mayor variación fue el aceite de canola, cuyo precio “aumentó un 58,6 %” frente al valor registrado en la capital del país. En el extremo opuesto apareció el jamón pietrán, con un incremento de “13,6 %”, de acuerdo con la comparación presentada en la grabación.
Aunque las diferencias no fueron iguales en todos los casos, el patrón fue claro, ninguno de los diez productos resultó más barato en la isla. Todos presentaron un costo superior, independientemente de su tipo o categoría.
La comparación se volvió viral precisamente por eso. No se trató de artículos de lujo ni de productos importados, sino de alimentos que hacen parte de la vida diaria y que, al final del mes, pesan en el bolsillo de las familias.
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¿Por qué una isla paga más?
La diferencia de precios no responde a una decisión aislada del supermercado. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en territorios insulares como San Andrés, la logística se convierte en el principal factor que encarece los productos. Transportar mercancía desde el interior del país implica mayores costos de flete y tiempos de distribución más largos.
A esto se suma la dependencia de bienes que deben ser trasladados desde otras regiones, e incluso importados, lo que eleva el valor final para el consumidor. En una isla, casi todo llega desde afuera.
La dinámica turística también influye. De acuerdo con estudios sobre competitividad y comportamiento económico del archipiélago, la alta demanda, especialmente en temporadas vacacionales, presiona los precios y aumenta los costos operativos, incluidos arriendos y funcionamiento comercial.
La logística influye en el valor de los alimentos. Foto:iStock
El D1 y su modelo de bajo costo
A nivel nacional, D1 es reconocido por su estrategia de precios bajos, basada en la reducción de gastos en publicidad, decoración y logística, además del uso de marcas propias. Este modelo le ha permitido posicionarse como una de las cadenas más económicas del país.
Sin embargo, esa política no implica que los valores sean idénticos en todas las regiones. Factores como la ubicación, la competencia local y los costos de operación hacen que existan variaciones entre ciudades e incluso entre barrios.
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La propia experiencia comparativa muestra que, aunque la cadena mantiene su enfoque de ahorro, no puede desligarse de las realidades económicas de cada territorio.
En San Andrés, el D1 cumple un papel clave. Su llegada fue considerada un logro para la isla, al ofrecer una alternativa más accesible frente a otras opciones del comercio local. Para residentes y turistas, sigue siendo un punto de referencia para conseguir productos básicos a precios relativamente competitivos.
La comparación realizada por el influencer no solo evidenció una diferencia numérica. También dejó al descubierto cómo la geografía, la logística y la economía influyen directamente en el costo de vida, incluso dentro de una misma marca.
La ubicación influye en el costo final de los productos. Foto:iStock
Más allá del impacto en redes, el ejercicio abrió una conversación sobre las desigualdades cotidianas que enfrentan los territorios insulares y recordó que, en Colombia, el lugar donde se compra puede cambiar, y mucho, el valor de lo esencial.
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MARÍA PAULA LOZANO
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















