Desde 2020, Luxemburgo se convirtió en el primer país del mundo en ofrecer transporte público gratuito a nivel nacional, una medida pionera que busca reducir los atascos, favorecer la igualdad social y facilitar la movilidad de residentes, turistas y miles de trabajadores que cruzan a diario sus fronteras.
Con un estimado de 680,000 a 682,000 habitantes y un tamaño equivalente a una fracción de otros países europeos, según datos de la página especializada ‘Datos Macro’, decidió eliminar los tiquetes y abonos mensuales en casi todo su sistema de transporte. Desde el 29 de febrero de 2020, viajar en autobuses, tranvías y trenes nacionales de segunda clase no tiene ningún costo para el usuario, lo que convierte a Luxemburgo en un caso único a escala mundial.
Estudios del Instituto de Investigación Socioeconómica de Luxemburgo, aseguran que, antes de la gratuidad, cerca del 47 % de los desplazamientos por trabajo y más del 70 % de los viajes por ocio se hacían en carro, mientras que el transporte público asumía una porción menor de la demanda, pese a contar ya con una red densa de autobuses y trenes, apoyada por un tranvía en expansión en la capital.
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El gobierno optó en volver gratuito el servicio gracias a los trancones. Foto:Istock
A esta problemática se suman los trabajadores transfronterizos que cada día entran desde Francia, Bélgica y Alemania, muchos de ellos también en vehículo privado.
El resultado eran trancones recurrentes tanto en el centro de la ciudad de Luxemburgo como en las principales vías de acceso, lo que llevó al Gobierno a apostar por un paquete de medidas que incluye transporte gratuito, nuevas infraestructuras y grandes aparcamientos en la periferia para incentivar el uso del tren, el bus y el tranvía.
Ahora se financia casi por completo con impuestos generales. Foto:Istock
Cualquier persona que sube a un bus, tranvía o tren nacional en segunda clase no paga nada; solo la primera clase y ciertos servicios internacionales siguen siendo de pago. Antes del cambio, los ingresos por venta de billetes y abonos representaban alrededor de 41 millones de euros al año, apenas una fracción del coste total del sistema, que ahora se financia casi por completo con impuestos generales.
Los primeros balances compartidos por el gobierno muestran un aumento del uso del transporte público, especialmente del tranvía, que multiplica validaciones y se ha convertido en símbolo de este nuevo modelo de movilidad. También se reporta una mejor accesibilidad para jóvenes y personas con menos recursos, que ahora pueden desplazarse sin que el precio del pasaje sea una barrera, así como un mayor uso del transporte público durante los fines de semana y por parte de turistas.
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Su experiencia ya inspira a otros países y ciudades que estudian modelos similares Foto:Istock
No obstante, el desafío de fondo sigue siendo cambiar la cultura del automóvil. A pesar de la gratuidad, el tráfico por carretera no ha disminuido en la medida esperada y las autoridades reconocen que se requieren más medidas complementarias, como ampliar la frecuencia de los trenes en los corredores más congestionados y construir nuevos aparcamientos disuasorios cerca de las fronteras.
“La cultura del automóvil sigue muy arraigada”, afirma Merlin Gillard, del Instituto de Investigación Socioeconómica de Luxemburgo. Con todo, Luxemburgo se ha consolidado como una muestra de “utopía“, viendo hacia el futuro con respecto a la movilidad.
Su experiencia ya inspira a otros países y ciudades que estudian modelos similares, mientras sigue ajustando su red de transporte para hacerla más fuerte, eficiente y atractiva, con la gratuidad como pieza central de una estrategia que combina objetivos sociales, económicos y ambientales.
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Jaider Felipe Vargas Morales
REDACCIÓN ALCANCE DIGITAL

















