Las velitas dicen que es nuestra fiesta más colombiana. Ese día todos sentimos que comienza la Navidad, las fiestas, las familias, los amigos, las buenas comidas. Se acaba el trabajo y a pasarla bueno.
Esta fiesta, parece, se celebra solo en Colombia y la sentimos muy nuestra porque desde niños la vivimos. Y se le da sentidos por región, por ejemplo, en Barranquilla se compra farol y se espera hasta las tres de la mañana para encenderlas y pedirles deseos. Prendo mis velitas y pido mis deseos para la televisión colombiana.
Que se creen más telenovelas e historias para contarnos mejor y soñarnos más colombianos, ya que las ficciones nos hacen ver que existen otras colombias en tonos de amistades, chismes, amorcitos, cariñitos, sonrisas y de todas esas cosas que nos marcan, hacen bonitos y contradictorios.
Que la televisión deportiva trabaje más sobre argumentos, datos e historias; sobre investigar más sobre gritar; que dejen esa histeria inútil; que mejoren sus recursos de habla y lenguaje; que pausen sus odios y generen sentidos. Por favor paren de ser barras bravas y recuperen la narrativa periodística y la pausa del pensar.
Que el humor colombiano evolucione hacia las ironías que nos hacen pensar, satirizar y creer que somos tan inteligentes como lo somos en la vida cotidiana: raro eso de los colombianos que tenemos tan buen humor, creativo y disruptivo en la vida cotidiana, pero nos volvemos tan patéticos, petardos y aburridos en el humor de radio y televisión. Buen humor, señores.
Que los noticieros de televisión dejen de mostrarnos que el mundo, la gente y la vida es asquerosa. Nos quieren vender que la realidad es un asunto de cínicos políticos y tomada por el crimen, como si las ciudades fueran un campo de guerra y solo reinaran la envidia y la estupidez. Meter miedo y odios no es bonito.
Que por favor no más Petro ni Uribe ni políticos como la Cabal o De la Espriella o Bennedeti. Hay más colombianos y más historias que exigen ser contadas. Somos más que estos egos machirulos.
Que los medios y periodistas le bajen al odio y la diatriba ignorante porque viene año de mundial de fútbol y de elecciones y hay que ser responsables y no premiar al que grite más, ni discrimen más duro. Intentemos que el fútbol y la política sean esos dos modos festivos de convivir.
Que los medios de comunicación y los periodistas sean conscientes de sus hablas y comentarios racistas, machistas, clasistas, sexistas, xenófobos. Que seamos conscientes que no es normal, ni chistoso esas maneras públicas de discriminar y fomentar el odio. Toda discriminación y odio habla mal es de quien la enuncia.
Que los televidentes sean más coherentes y no vean lo que les parece basura: dicen que algo no les gusta y eso es lo que ven. Si los televidentes no cambiamos nos seguirán llenando de basura.
Y, ¿cuál es su deseo de velitas? Pídalo, y felicidades.

















