Nicolás Maduro lleva desde hace meses esperando un ataque de Estados Unidos que le ha llenado de zozobra a él y a todos los que le rodean. Por primera vez desde que sucedió a Hugo Chávez al mando de Venezuela siente que se encuentra en una situación de verdadero peligro y ante una posibilidad real de ser derrocado. En el Palacio de Miraflores, la sede del Gobierno y su residencia habitual, se encuentran en alerta máxima.
La sensación es que ahora sí ha ocurrido algo. Este sábado se han registrado explosiones en Caracas y otras ciudades del país, cuyo origen no está aclarado del todo, que el chavismo achaca a una agresión exterior. “Bombardearon unos cinco puntos. En Caracas, Aragua y Miranda”, explica por teléfono un alto mando chavista, cercano a Nicolás Maduro, que en todo momento mantiene la calma.
El presidente de Venezuela ha dejado algo claro a su entorno: aquí nadie se rinde. Los que lo han tratado en este tiempo aseguran que está dispuesto a llegar hasta el final y que no contempla un acuerdo con Washington que derive en su salida del poder. La posibilidad ni siquiera ha estado encima de la mesa. Maduro gobierna en solitario Venezuela, en contra de lo que muchos piensan. El número 2 del régimen, Diosdado Cabello, ejerce una enorme influencia sobre todo el Gobierno y controla las bases chavistas, pero la última palabra la tiene siempre Maduro. No hay un poder compartido ni dividido, todo empieza y termina en él.
Ninguno de sus cercanos valora iniciar una negociación que inicie con la condición de que el presidente de Venezuela debe irse. Jorge Rodríguez, su principal operador político, ha intentado llegar a acuerdos puntuales con la administración de Trump a través de Richard Grenell, enviado especial de la Casa Blanca para Misiones Especiales de Estados Unidos, pero todos los intentos han sido infructuosos.
Maduro y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, se han encargado en este tiempo de angustia de tener bajo control al ejército bolivariano. Las investigaciones internas han sido constantes para evitar cualquier tipo de alzamiento o rebelión. “Dudar es traición” es la consigna que se ha dado en todos los cuarteles, una frase que Diosado Cabello, por ejemplo, ha estampado en una gorra que usa para presentar su programa de televisión en la cadena pública.

















