El diseñador de moda Valentino Garavani, que en todo el mundo era simplemente Valentino, ha fallecido este lunes en Roma con 93 años “rodeado de sus seres queridos”, según ha anunciado la fundación que lleva su nombre. Valentino, una de esas pocas personas que pueden llamarse solo con su nombre de pila, y aún de las menos que pueden asociarse a un color, el rojo, era el otro gran rey de la moda italiana en el mundo, con Giorgio Armani, fallecido el año pasado.
El velatorio del diseñador estará ubicado en el espacio cultural PM23, en el centro de Roma, junto a plaza de Spagna, creado por el propio Valentino y su socio y pareja durante muchos años, Giancarlo Giammetti. La capilla ardiente se abrirá el miércoles 21, hasta el jueves, día 22, de 11.00 a 18.00. Después, el viernes 23, tendrá lugar el funeral a las 11.00 en la Basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires, en Roma.
Una de las primeras reacciones ha sido la de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que ha resumido el sentir de todo el país: “Valentino, el maestro indiscutible del estilo y la elegancia, y el símbolo eterno de la alta costura italiana. Hoy, Italia pierde una leyenda, pero su legado seguirá inspirando a generaciones. Gracias por todo”.
El célebre estilista, que vendió su marca en 1998, aunque mantuvo sus cargos, y se retiró definitivamente en 2007, eligió el rojo como el color de su vida cuando era niño en Barcelona. Sucedió una noche en que fue a la ópera y quedó fascinado al verse rodeado de mujeres elegantes vestidas de rojo. Nacido en Voghera, localidad entre Milán y Génova, en 1932, en realidad no se llamaba Valentino, sino Ludovico Clemente Garavani, y Valentino fue el nombre que eligió para la firma que fundó en 1959 en Roma.
Se formó en París, a donde se trasladó con solo 17 años, en 1949, con una vocación clara por la moda. Asistió a la École des Beaux-Arts de la Chambre Syndicale de la Couture Parisien y luego aprendió el oficio en los talleres de costura de Jean Dèsses y Guy Laroche. De regreso a Italia saltó pronto a la fama a partir de 1962 con su primer desfile en Florencia. Así arrancó una carrera que ha sido un fulgurante éxito internacional.
A partir de los años sesenta pronto se convirtió en un mito, entre otras cosas porque los mitos de la vida social y de Hollywood se acercaban a él, y ha diseñado modelos para reinas y princesas. Para hacerse una idea de hasta qué punto simbolizaba el lujo y la elegancia, baste recordar que Farah Diba vestía uno de sus trajes el día que se fue de Irán al exilio tras la revolución islamista. Valentino vistió a Jacqueline Kennedy tanto en el funeral de John Kennedy como en su posterior boda con Aristoteles Onassis, y luego a todas las grandes divas del cine, de Elizabeth Taylor y Sophia Loren a Julia Roberts. Hasta ocho actrices han recogido el Óscar con un vestido suyo, uno de sus récords.
Era con lo que había soñado siempre, un mundo casi irreal dominado por la belleza y que parecía su destino natural. Contaba que de niño fingía dormir y soñaba con Judy Garland y Hedi Lamarr, flotando entre las estrellas de Hollywood. Al final él mismo fue un personaje a esa altura, y llegó incluso a aparecer en la película El diablo viste de Prada, donde hace un cameo interpretándose a sí mismo como si fuera el dios de la moda que desciende a la tierra, y algo así era en ese mundo, siempre algo distante e inalcanzable en otra categoría. Era consciente, y jugaba con ese personaje de un planeta exclusivo que casi ni tocaba la tierra. En una entrevista en el Corriere della Sera en 2017, la periodista le preguntó si se movía siempre en avión privado, porque no se lo imaginaba en un vuelo de línea. “No se lo imagine, en efecto”, respondió.
El rojo, su rojo, una especie de mezcla de cadmio, púrpura y carmín, fue el hallazgo que se convirtió en su firma, aunque en una entrevista no recordaba ni cómo dio con él. “Fue un largo proceso de investigación mezclando muchos tonos… No lo recuerdo, pero quería tener un rojo un poco naranja. Al final lo conseguí”.
En 1960 tuvo en Via Veneto el encuentro que marcó su vida y su carrera fue con Giancarlo Giammetti, con quien inició una relación que en lo sentimental terminó al cabo de unos años, pero que en lo profesional ha durado hasta hoy. Han formado un tándem legendario en el mundo de la moda. Cuando le preguntaron a Valentino en una entrevista qué significaba Giammetti para él, contestó: “No sabría responder, compartir con una persona la entera existencia, cada momento, alegría, dolor, entusiasmo, desilusión, es algo indefinible”. Ambos dirigieron Valentino hasta 1998, cuando vendieron la marca por 300 millones de dólares, e incluso mantuvieron sus cargos en 2002 cuando la compró el grupo Marzotto, hasta su salida definitiva.
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