“Parece que no cargas esa cámara con la mano, sino con el corazón”, dijo un hombre con su piel en carne viva, recostado en un hospital de Somalia, mientras que Brent Renaud lo entrevistaba con sus equipos al hombro. El hombre, de unos treinta y tantos, acababa de ser alcanzado por la explosión del carro bomba más grande que se había registrado hasta octubre del 2022. El atentado fue ejecutado por el grupo yihadista Al-Shabaab, dejó un saldo de al menos 100 civiles muertos y 300 con heridas profundas.
Mientras que las personas corrían para protegerse o ayudar a los afectados, Brent y su hermano Craig se abrieron paso entre la gente para llegar a los hospitales y documentar las secuelas de la guerra. Lo mismo hicieron en Haití, en Irak, en México, en la frontera de Colombia y Venezuela, pero no precisamente en clínicas, sino en campos de refugiados, comunidades, selvas, guetos. La última parada de Brent fue Ucrania, en dónde perdió la vida al documentar el conflicto con Juan Arredondo, su amigo colombiano con el que estudió en Harvard.
El recorrido y la visión del periodista fallecido, llena de esperanza entre bombardeos y dolor, está plasmada en el corto documental ‘Armado con una Cámara: Vida y Muerte de Brent Renaud’, en el que Juan y Craig hicieron un popurrí de esas historias inolvidables que Brent contó. Y ahora, ese memorial, que también es un grito de ayuda para quienes cuentan la cruda realidad del mundo, está nominado a los Premios Oscar 2026.
En los últimos 20 años, 1.668 periodistas han sido asesinados en medio de bombardeos, ejerciendo su labor o bajo condiciones de secuestro, persecución y más. Además, cargar una grabadora o una cámara para documentar la realidad se ha convertido en una de las profesiones más peligrosas y mortales según la UNESCO. Esto es lo que cuenta Juan Arredondo, colombiano que espera alzar el gran galardón el próximo 15 de marzo, sobre cómo es ser documentalista en medio del fuego cruzado.
Armado con una Cámara: Vida y Muerte de Brent Renaud Foto:Juan Arredondo
¿Qué pasó el día del asesinato de Brent en Ucrania?
Llegamos a Lviv, que se convirtió en un cuello de botella para los desplazados que salían hacia Polonia. Queríamos entender la génesis del desplazamiento, así que avanzamos hacia Kiev. La capital era una ciudad de tránsito, no de refugio, porque era objetivo militar. Vimos caravanas de carros con banderas blancas y avisos de “niños a bordo” perforados por disparos. Venían de Bucha e Irpin. El domingo 13 de marzo entendimos el recorrido, los ucranianos habían destruido puentes para frenar el avance ruso. Dejamos al conductor y al traductor que venían con nosotros y empezamos a caminar. Queríamos grabar a la gente evacuando. Un carro, conducido por Vladimir, un voluntario local que hablaba inglés nos ofreció llevarnos. Íbamos con chalecos y cascos de prensa. A los diez minutos vi a un soldado en una trinchera apuntando con una AK-47. Me tiré al piso del carro y empezó la balacera. El carro intentó girar, pero fue una emboscada. A Brent lo mató un francotirador con un disparo en la cabeza. El conductor sufrió heridas, siguió hasta que el carro quedó averiado. A mí me hirieron segundos antes de que el carro se detuviera. Me levanté, vi que Brent ya había fallecido y lo sacamos del carro. Empecé a sangrar, me estaba desmayando. Otro vehículo de evacuación llegó cinco minutos después. Me subieron ahí y me evacuaron. Dos semanas después el mundo conoció las fosas comunes de Bucha, donde las tropas rusas ponían los cuerpos de los civiles que intentaban huir del conflicto.
¿Cómo recibió la noticia de que está nominado a un Óscar?
El anuncio fue a las 8:30 de la mañana y a esa hora yo estaba empezando clase. Terminé como a las 11 y fue cuando vi que el celular estaba estallado de mensajes. Así me enteré. Ha sido una sorpresa enorme. Empezamos a pellizcarnos un poco en diciembre, cuando quedamos entre los 15 finalistas. El proceso es así: primero califican más o menos 400 documentales, luego los votantes de la categoría hacen un filtro y seleccionan los 15 mejores, y de ahí salen los nominados. En diciembre empezamos a pensar: “¿Será que esto puede pasar?”. Tenemos un documental muy bueno, con un mensaje que está resonando mucho en este momento, sobre todo el año pasado, con la muerte de tantos periodistas. El Comité para la Protección de Periodistas sacó un informe en febrero del 2025 en donde muestra que el número de periodistas atacados —y en muchos casos asesinados— sigue aumentando a nivel mundial. Los últimos tres años, desde que nos atacaron y Brent Renaud murió, han sido los más violentos para el periodismo.
Usted antes era fotógrafo, ¿qué pasó?
Yo empecé como fotoperiodista. Siempre he sido fotógrafo independiente y trabajo principalmente para The New York Times, National Geographic y otros internacionales. Estudié y trabajé mucho tiempo en Colombia, cubriendo el periodo previo al proceso de paz y lo que vino después. También cubrí protestas en Venezuela, temas de migración en Centroamérica y en Estados Unidos. En 2018 hice me gané una beca en Harvard y ahí conocí a Brent y luego a su hermano Craig. Nos hicimos parceros y desde ese momento empezamos a trabajar juntos. Yo ya llevaba un tiempo interesado en aventurarme en el documental, en parte porque la industria periodística empezó a exigir más cosas: fotos, video, documentales, drones, una narrativa visual más completa. Estudié una maestría en periodismo y cine documental. Después de terminarla empecé a trabajar con los hermanos. Su trayectoria es larguísima, más de 20 años cubriendo conflictos en Afganistán, Irak —donde estuvieron un año siguiendo a un grupo de soldados—, Somalia, y luego Ucrania. Fue como un buen matrimonio y una gran amistad. Yo sigo trabajando con su hermano Craig, que es el director del documental ‘Armado con una Cámara: Vida y Muerte de Brent Renaud’. En este proyecto yo hago de todo: soy productor, cinematógrafo, editor, pienso en algunas de las fotografías. En este tipo de trabajos uno se pone muchas camisetas.
Armado con una Cámara: Vida y Muerte de Brent Renaud Foto:Juan Arredodno
¿Cuál fue su primera experiencia en campo y cómo se preparó para ella?
En mi caso fue mucho aprendizaje por error: ir a protestas sin casco, sin máscara, sin protección. Un bautismo de fuego. Los colegas te van enseñando. Espero que eso siga cambiando y que preparemos mejor a los periodistas, porque estos temas son importantes de cubrir. La primera vez que trabajé con Brent fue en la frontera entre Colombia y Venezuela. Empezamos un documental sobre refugiados y desplazados. Fuimos a la frontera y el primer problema fue que cerca de Cúcuta. Sin saberlo nos adentramos en una zona controlada por grupos. Trataron de secuestrarme, de quitarme la cámara y llevarme a Venezuela. No hay teoría que prepare para eso. Por eso también queremos llevar el documental a facultades de periodismo, a universidades. Al menos aquí (Nueva York) en Estados Unidos no nos preparan para este tipo de trabajo, y menos si eres periodista independiente, muchas veces tienes que financiar tus propias historias, evaluar riesgos económicos y personales, decidir si vale la pena ir a un conflicto. Cubrir estos temas, antes, implicaba comprar un tiquete, ir al lugar y desde allá proponer historias. Creo que eso empezó a cambiar desde Libia, cuando murieron periodistas como Chris Hondros y Tim Hetherington. Eso despertó la idea de que teníamos que cuidarnos más.
¿Entrar a un conflicto implica logística previa?
Eso es clave, porque la gente no piensa en toda lo que hay detrás. En Ucrania el espacio aéreo estaba cerrado, así que entramos por Polonia. Tocó contactar colegas allá, entender los pasos fronterizos, coordinar traductores, conductores, seguros, protección. En Ucrania vimos muchos estudiantes de periodismo y cine trabajando como traductores o conductores porque necesitaban ingresos o no podían salir del país. Todo eso requiere planeación. A nosotros nos tomó una semana llegar allá. La invasión fue el 24 de febrero y el 8 de marzo ya estábamos entrando. La experiencia de Craig fue clave. Él siempre ha sido el productor ejecutivo y tiene muchos contactos. Cuando regresé a Ucrania un año después de la muerte de Brent, todo era mucho más estricto. Mandamos cartas al Ministerio de Defensa, credenciales específicas, permisos para zonas concretas. A medida que los conflictos avanzan, las restricciones cambian.
Armado con una Cámara: Vida y Muerte de Brent Renaud Foto:Cortesía
¿Antes de entrar a zonas de guerra dimensiona que su vida está en riesgo?
Yo no hago ese cálculo de “historia o morir”. Estamos tan enfocados en hacer la historia que no pensamos en eso así. Recuerdo en una ciudad cerca de Kiev que sonaron las alarmas y no sabíamos dónde escondernos. Para la gente local era algo de todos los días. Uno aprende a leer los sonidos, el lenguaje, a tomar precauciones como buscar hoteles con búnker, salidas claras. Convives con el peligro. Brent sufría estrés postraumático por tantos años de cubrir conflictos. Tenía pesadillas, se despertaba gritando. Eso es algo de lo que casi no se habla en nuestro gremio. Hay mucho machismo, mucha idea de “yo aguanto todo”. Espero que eso esté cambiando. Yo sigo en terapia. Son cicatrices con las que uno vive. Si hoy me preguntan si volvería a cubrir un conflicto, diría que sí. Tal vez más adelante cambie de opinión. Conozco colegas que ya no lo hacen por su familia. Yo siempre le digo a mis estudiantes que no hay foto que valga la vida.
Armado con una Cámara: Vida y Muerte de Brent Renaud Foto:Cortesía
Después de todo esto, ¿sigue creyendo que mostrar la guerra al mundo cambia algo?
Todo lo que ha ocurrido confirma que nuestro trabajo es importante. En Gaza, por ejemplo, el cubrimiento ha recaído en periodistas locales porque no dejaron entrar a extranjeros. Ellos han cargado con toda la responsabilidad. Somos quienes llevamos esos mensajes. Ojalá el periodismo se haga bien y la gente saque sus propias conclusiones. Para mí esto reafirma mi pasión, sobre todo cuando el periodismo está siendo atacado de tantas formas: asesinatos, amenazas, exilio, autocensura. Pasa en México, El Salvador, Venezuela, Haití, Colombia. La invitación del documental ‘Armado con una Cámara: Vida y Muerte de Brent Renaud’ es mostrar de forma íntima lo que algunos estamos dispuestos a hacer. Siempre digo que es como preguntarle a un bombero por qué corre hacia el fuego. Son vocaciones.
¿Cómo mediar entre documentar el dolor de las personas a las que entrevista y ayudar?
Yo me opongo al “periodismo de paracaídas”. Ese que consiste en llegar, extraer información y desaparecer. Eso ha cambiado. Hoy se trabaja más con periodistas locales, se entiende mejor el contexto, se conversa con las comunidades. Nosotros tratamos de ir con la mente abierta, escuchar. Yo hablo mucho con mis editores sobre cuál es realmente la historia. No creo que mis historias cambien el mundo, pero sí que informen mejor y den voz a quienes no la tienen. Eso es colaboración, no transacción. En el documental se ve eso, cuando el equipo está en Somalia: después de una explosión, una víctima le dice a Brent que él toma la cámara con el corazón. Eso resume mucho lo que intentamos hacer.
¿Todavía tiene esperanza?
Soy un enamorado de la humanidad. Creo que somos más los buenos que los malos. En las zonas de guerra no hay grises: hay quienes perpetúan la maldad y quienes quieren ayudar sin esperar nada a cambio. Le hago barra al equipo de los buenos. Creo que podemos mejorar el mundo, cada uno desde su lugar: con una foto, una nota, una clase. Me aferro a eso.
María Jimena Delgado Díaz
Periodista Cultural

















