La madrugada de este sábado, 3 de enero, el cielo ha tronado sobre Caracas con múltiples explosiones que han roto el silencio posterior a las fiestas navideñas. La capital de Venezuela, donde viven 3,5 millones de personas, ha amanecido paralizada y con las calles semivacías, en medio de la incertidumbre y las dudas de cómo evolucionará la situación en las próximas horas.
Desde hace meses, los venezolanos intentaban no pensar en el ataque militar por tierra que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prácticamente había anunciado que se produciría. Ese ataque final había venido precedido de una intensa campaña de presión de cuatro meses que incluyó bombardeos contra supuestas narcolanchas —con más de un centenar de víctimas mortales—, sobrevuelo de aviones de combate y un ataque que pasó casi inadvertido en los últimos días de diciembre contra un muelle usado para traficar con drogas. Pero lo ocurrido este sábado ha sido totalmente distinto. Durante dos horas, por primera vez, varias localidades de Venezuela, incluida la capital, han sido bombardeadas.
Los venezolanos lo han vivido sin entender bien lo que estaba ocurriendo hasta que los grupos de WhatsApp han comenzado a hablar de destellos de fuego, incendios y columnas de humo. Los vídeos difundidos por internautas mostraban incendios en el puerto de La Guaira, a 30 kilómetros de Caracas, caída de misiles en esa ciudad costera y unos edificios residenciales con las paredes destruidas por el ataque.
“En el edificio 12 murió una señora, cuando llegó al hospital no podía respirar. El bloque [edificio] quedó lleno de huequitos de la explosión. Quedó destruido”, aseguraba en redes sociales una vecina del litoral central.
En Caracas apenas se ven personas por las calles, y tampoco hay servicio de transporte público en las zonas populares. Los ciudadanos se mantienen en sus casas pese a que, aún de madrugada, el Gobierno hizo un llamamiento a salir a la calle y activar el sistema de defensa, basado en la llamada unión popular, policial y militar. En sectores como el conocido como 23 de enero, una parroquia cercana al palacio presidencial de Miraflores que concentró algunos de los ataques, los colectivos armados aliados del chavismo se mantienen haciendo rondas, según cuentan algunos vecinos.
“Escuché la primera explosión y cuando abro la puerta volaron los aviones que había ahí”, ha escrito en redes un hombre de la zona de Higuerote, a 120 kilómetros al este de Caracas, en el Estado de Miranda, donde el ataque se dirigió contra un aeropuerto.
“Fuerte Tiuna está explotando”, se oye a un joven en otra grabación también difundida en redes, que muestra el paso de una decena de helicópteros militares volando bajo sobre Caracas. En esta base militar, el principal complejo de las Fuerzas Armadas, se produjo el mayor número de detonaciones, a las que siguió una espesa nube gris que se apreciaba desde lejos.
En esa instalación está la sede del Ministerio de Defensa y también tienen una residencia Maduro y otros altos cargos. El chavismo ha construido en el recinto castrense edificaciones para oficiales y civiles, que fueron evacuados durante la madrugada.
Hora y media después de los ataques, el Gobierno ha ordenado la activación de un estado de emergencia que no se sabe bien en qué consiste. Ha llamado a sus seguidores a salir a la calle y activar “la lucha armada”, pero lo que ha reinado es el silencio, justo después de que cesaron los sobrevuelos y las explosiones. Hay temor e incertidumbre del despliegue que pueda hacer el chavismo de los cuerpos de inteligencia y de sus grupos de choque.
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, apareció en un vídeo pregrabado señalando que las autoridades estaban confirmando aún si había muertos y heridos por los ataques. Pero a las declaraciones de Padrino le ha seguido el anuncio de Trump de que Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados por Estados Unidos y sacados de Venezuela.
Al amanecer en Caracas, las autoridades venezolanas confirmaron ataques en la capital y en los Estados de La Guaira, Miranda y Aragua contra instalaciones militares. Con el mandatario y su esposa en paradero desconocido, otros altos mandos chavistas asumieron el control. En la televisión estatal VTV, la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha exigido una prueba de vida de Maduro y de Flores.
Luego, el número dos del chavismo y ministro de Interior, Diosdado Cabello, ha aparecido en la calle con chaleco antibalas y acompañado de otros funcionarios armados. Cabello ha instado a los venezolanos a “no caer en el desespero ante los hechos recientes”. Y les ha exigido “que nadie le facilite las cosas al enemigo invasor”.















