Tras la elección del nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, el Vaticano se une en cierto modo al giro político de la ciudad jubilando como arzobispo de la ciudad a Timothy Dolan, peso pesado del ala ultraconservadora de la Iglesia católica, tanto dentro como fuera de EE UU, y sobre todo, fan declarado de Donald Trump. Fue el prelado que ofició la oración inaugural en las dos ceremonias de investidura del magnate, en 2017 y el pasado mes de enero. Le sustituirá Ronald A. Hicks, más joven, de 58 años, hasta ahora obispo de Joliet, Illinois, que es exponente de una Iglesia cercana a los pobres y los inmigrantes, en la línea de Francisco. Dolan, que llevaba 16 años en el cargo, era un símbolo y supone un claro cambio de época.
Hicks también tiene un perfil afín al de León XIV, pues es de su misma ciudad, Chicago, e incluso en un barrio cercano. “Reconozco muchas similitudes entre él y yo. Crecimos literalmente en el mismo barrio, jugábamos en los mismos parques, nadábamos en las mismas piscinas, nos gustaban las mismas pizzerías”, dijo tras la elección de León XIV. Además, al igual que Robert Prevost estuvo en Perú de misionero, Hicks vivió cinco años en El Salvador al frente de un orfanato y de una organización humanitaria. Por último, de 2015 a 2020 fue vicario general del cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, referencia del sector más progresista de la Iglesia, también en este caso en EE UU y en el resto del mundo.
De este modo el papa León XIV, de nacionalidad estadounidense y peruana, mueve una pieza clave en su sigiloso duelo a distancia con Donald Trump, a quien nunca ha criticado abiertamente y con el que se está moviendo de forma muy prudente. Dolan, de carácter extrovertido y muy desenvuelto con los medios, es afín a las ideas del presidente de Estados Unidos. Por ejemplo, habló del activista de ultraderecha Charlie Kirk, asesinado el pasado mes de septiembre, como “un San Pablo moderno”.
El poderoso cardenal de Nueva York fue uno de los grandes recolectores de votos en el cónclave ―y según las reconstrucciones de la elección pontificia, fue a favor de Robert Prevost― presentó su renuncia el pasado mes de febrero al cumplir los 75 años, tal como marcan las normas eclesiásticas al llegar a esa edad. Sin embargo, lo normal en la Santa Sede es que los obispos sigan todavía algunos años más, como reconocimiento a su labor. Cuando no es así, se suele interpretar como una sutil reprobación del Papa o se debe a otros motivos que no se hacen públicos.
En este caso, Dolan puede ser uno de los primeros arzobispos en experimentar lo que puede ser un cambio de hábitos en este ámbito, pues León XIV ya ha avanzado que era partidario de hacer efectivas las renuncias al llegar a los 75 años para renovar la Iglesia. Declaró hace poco que había que “aprender a despedirse”. En otras 11 diócesis estadounidenses, sus obispos cumplirán 75 años en 2026, lo que hace prever un amplio cambio de caras en la Iglesia de EE UU, pilotado por León XIV.
Este es el primer movimiento claro del Pontífice para rediseñar los equilibrios del episcopado de su país, en el que ya ha anunciado que delegará el debate político directo con Trump. Llega justo un mes después de que la conferencia episcopal de EE UU le enviara una señal de oposición, un mensaje claro de que puede tener resistencias como las tuvo Francisco. Los obispos de EE UU, muy divididos, eligieron en noviembre como nuevo presidente el arzobispo de Oklahoma City, Paul Coakley, conservador y crítico con Jorge Mario Bergoglio, a quien parte del mundo católico estadounidense más tradicionalista consideró prácticamente un peligroso hereje. Coakley incluso se apuntó a la rebelión abierta que emprendió contra el papa argentino el exnuncio en Washington, Carlo Maria Viganò, que acabó excomulgado por el Vaticano. Coakley hasta le mostró su apoyo después de esa medida.
El mundo ultraconservador católico de EE UU es muy importante dentro de los equilibrios de la Iglesia mundial, pues las diócesis de este país son las que más fondos destinan al Vaticano. Desde EE UU se financió y partió la ofensiva contra Francisco que luego se extendió a sectores conservadores de otros países, y que trató de imponerse en el cónclave. Prevost fue elegido por este sector de la Iglesia con muchas dudas, como un compromiso aceptable, pero aún está bajo observación, y por eso mismo él se mueve con extrema cautela. El objetivo del Papa es no reavivar la polarización vivida con Francisco y mide cada movimiento que hace. El de este jueves, es de los más significativos. Pasados siete meses de su elección y cuando termina el año, León XIV empieza a mostrar sus cartas.

















