El cometa interestelar 3I/ATLAS no deja de sorprender a la comunidad científica. A medida que avanza por el sistema solar a una velocidad cercana a los 221.000 kilómetros por hora, este objeto —apenas el tercero de origen interestelar jamás observado— se ha convertido en una oportunidad única para estudiar materiales formados en regiones profundas del espacio. Según recoge el portal Popular Science, nuevas observaciones recogidas en un estudio preliminar sugieren que su superficie podría estar cubierta por volcanes de hielo activos, un fenómeno tan inusual como revelador.
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Detectado por primera vez en julio, 3I/ATLAS atrajo rápidamente la atención de astrónomos de todo el mundo, que dirigieron telescopios y equipos especializados para seguir su trayectoria. El interés no es gratuito: el cometa nunca ha pasado lo suficientemente cerca de una estrella como para verse alterado por el calor o la radiación, lo que lo convierte en una especie de cápsula del tiempo cósmica, intacta desde hace miles de millones de años.
Un visitante intacto del espacio profundo
3I/ATLAS mostró un comportamiento inesperado en su superficie. Tras meses de monitoreo, los investigadores registraron un aumento “brusco y sostenido” de su brillo cuando el objeto alcanzó una distancia de unas 2,5 unidades astronómicas del Sol, equivalente a cerca de 185,9 millones de millas.
De acuerdo con el análisis difundido en el servidor arXiv, la duración de ese incremento de luminosidad descarta la posibilidad de una explosión repentina. En su lugar, los datos pueden apuntar a algo mucho más extendido: una erupción que habría involucrado prácticamente toda la capa superficial de hielo de agua del cometa. Este comportamiento llevó al equipo internacional a proponer una explicación poco común en estos cuerpos: el criovulcanismo.
Volcanes de hielo que desafían los modelos
En la Tierra, el vulcanismo se asocia a lava y temperaturas extremas. El criovulcanismo, en cambio, funciona con materiales opuestos: agua líquida, vapor y otros compuestos que emergen desde el interior de un cuerpo helado. Este fenómeno ha sido observado en lunas como Europa, de Júpiter, y Encélado, de Saturno, pero sería extremadamente raro en cometas. Si se confirma en 3I/ATLAS, se trataría de un evento excepcional.
Una versión anotada de la imagen de 3I/ATLAS capturada por el Mars Reconnaissance Orbiter. Foto:NASA/JPL-Caltech/Universidad de Arizona
La singularidad del cometa va más allá. A diferencia de muchos cometas del sistema solar, 3I/ATLAS carece de una capa protectora de polvo. Esa ausencia explicaría por qué la erupción no fue localizada, sino que afectó a toda su superficie, haciéndose visible como un aumento prolongado del brillo.
El estudio preliminar también analizó la luz reflejada por el cometa, lo que sugiere que su composición se asemeja a la de un tipo raro de meteorito conocido como condrita carbonácea. Este material, uno de los más antiguos del universo, es rico en metales como hierro y níquel. Esa composición podría estar directamente relacionada con el criovulcanismo observado.
Aunque el trabajo aún no ha pasado por revisión por pares, sus autores plantean que, a medida que el cometa se calentó y el hielo superficial comenzó a derretirse, el agua líquida pudo corroer diminutos granos metálicos en su interior. Ese proceso habría liberado energía adicional y gases como dióxido de carbono, provocando la erupción helada.
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Si esta interpretación es correcta, 3I/ATLAS obligaría a replantear el modelo estándar de formación de cometas. En lugar de cuerpos relativamente uniformes, compuestos por roca, hielo y pequeñas cantidades de metal, estos objetos podrían originarse bajo condiciones mucho más diversas.
REDACCIÓN CIENCIA

















