Hablar de Devoción es hablar de un cambio de paradigma en el mundo del café. En una industria dominada por la exportación masiva, los procesos estandarizados y la lógica del commodity, Steven Sutton decidió apostar por algo distinto: rescatar la frescura del café colombiano y llevarla directamente a la taza, sin pasar por meses de bodegaje ni por manos que diluyeran su esencia.
La marca nació en Bogotá en 2006 con un modelo que parecía una locura: comprar café en pergamino fresco, directamente de regiones en plena cosecha, trillarlo en su propia planta en Bogotá y procesarlo de inmediato. Lo que en un principio fue una necesidad –porque no había capital para acumular inventarios– terminó convirtiéndose en un sello diferencial que hoy define la propuesta: trabajar con café fresco de alta calidad en su mejor momento.
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Una parte de ese café se exporta en verde, y allí es cuando el reloj empieza a correr: el grano comienza a perder compuestos aromáticos que son clave para su sabor. Por eso debe viajar lo más rápido posible a Nueva York, donde se tuesta y sirve casi en tiempo real, garantizando su máxima expresión en taza. Otra parte se queda en Colombia para ser tostada localmente.
El concepto es sencillo pero poderoso: como ocurre con una fruta recién cosechada, el café revela toda su dulzura, aromas y matices cuando se consume en su punto justo, no meses después.
Con esa visión, Devoción abrió su primer espacio en Williamsburg, Nueva York, no como un simple coffee shop, sino como un showroom vivo donde la gente podía ver la tostadora en acción y entender de dónde venía cada grano. Diecinueve años después, la marca cuenta con seis locales en la Gran Manzana y sigue expandiendo una filosofía que combina purismo, innovación y respeto por el origen.
Devocion tiene diferentes blends para todos los gustos. Foto:Liz Clayman
En esta conversación, Steven Sutton (nacido en Medellín) recuerda los inicios, habla del reto de educar al consumidor y de por qué Devoción es mucho más que una cafetería: es un estilo de vida.
¿Cómo nació Devoción y qué lo motivó a fundarla?
Devoción nace en 2006 en Bogotá con un sueño muy simple: mostrar los mejores cafés colombianos en un mundo donde no aparecían. Yo venía de trabajar en flores y terminé manejando una distribuidora de café sin saber nada. En ese proceso descubrí los cafés especiales, pero me sorprendió ver que nadie compraba directo al caficultor ni contaba su historia. Todo se mezclaba en acopios y se vendía como commodity. Yo no quería hacer parte de eso, así que con Elliot, mi hermano, y socios decidimos aislarnos y crear nuestra propia burbuja.
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¿Cuál fue la diferencia, o las diferencias, que los hizo destacar en esos primeros años?
Curiosamente, al principio ni nosotros lo teníamos claro. Los extranjeros nos decían “su café es diferente”, y nos pedían libras para llevar a Chicago o Europa. Después entendimos que la diferencia era la frescura del café verde. Por falta de capital, comprábamos pergamino, lo dejábamos descansar dos a cinco semanas, se trillaba y lo tostábamos rápido para vender. Esa “necesidad financiera” se volvió filosofía: nuestro café debía ser fresco antes de tostar.
Usted ha dicho que el café se parece a la fruta fresca. ¿Por qué?
Porque igual que esos productos, si no está fresco antes de cocinarse, ya arrancaste mal. El café verde guardado seis meses pierde cualidades, aparece un sabor a viejo. Y en países que no producen café, eso es lo normal. Nosotros quisimos romper esa lógica y mostrar cómo sabe realmente el origen.
Steven Sutton, fundador de Devoción. Foto:Liz Clayman
Una de las cosas que más llaman la atención del modelo de negocio es que ustedes mandan el café a Estados Unidos por FedEx. ¿Cómo surge la idea del famoso overnight delivery a Nueva York?
Viene de copiar el modelo de las flores (risas): si ellas podían llegar de Bogotá a Miami en un día, ¿por qué no el café? Nos tomó casi tres años convencer a FedEx, hasta que aceptaron. Con eso abrimos el primer espacio en Williamsburg, no como un coffee shop, sino como un showroom vivo, donde la gente viera la tostadora funcionando y entendiera lo que hacemos.
Y ahora, le tengo que hacer la pregunta del millón, ¿por qué abrir primero en Nueva York y no en Colombia?
Lo sé. Esa es la pregunta. Pero tiene una respuesta clara. Porque en Colombia, para que funcione un café, la comida que se consume en ese lugar termina siendo el 40 por ciento o más de la facturación. Yo no quería ser restaurantero. En Nueva York, en cambio, el hábito de consumo permite que el 80 por ciento de la venta sea solo de café. Y eso nos deja ser fieles a lo que somos: puristas del café.
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¿Cómo distribuyen su café en Colombia?
No distribuimos a supermercados, porque la frescura se pierde. El producto puede estar en los estantes durante meses sin rotar y pierde frescura y sabor cada día. En Colombia, por ahora, se puede conseguir el café con el apoyo de nuestros aliados wholesale que trabajan de la mano con muchos cafés, restaurantes, o por la página web. También tenemos un programa de suscripción para que les llegue café fresco justo cuando lo necesitan directo a su puerta. Nosotros tostamos fresco todos los días para ofrecerles la taza más fresca posible.
¿Qué lugar ocupa hoy Devoción en el panorama internacional?
Creo que representamos autenticidad. Nunca hemos querido hacer lo que hace la industria ni copiar modas. Tenemos un estilo de trabajo muy nuestro, desde la relación con los caficultores hasta la forma de tostar y de vender. Y eso nos ha permitido crecer sin perder el ADN.
¿Qué significa para usted, en términos personales, liderar Devoción?
Este es mi bebé, mi consentido. Todos en el equipo nos levantamos felices a hacer esto porque creemos que con este arte, que es el café, estamos generando un impacto positivo.
¿Qué planes tienen para los próximos años?
Cerramos el 2025 con una tienda más en Nueva York, y en el 2026 abriremos otras dos, y para 2027 queremos expandirnos fuera de la ciudad: tanto a otros estados de Estados Unidos como a nuevos mercados. La meta es clara: duplicar nuestra presencia en Nueva York antes de dar el salto.
Si no está fresco antes de tostar, no es Devoción
Steven SuttonFundador de Devoción.
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Lo que comenzó como un problema financiero –no poder almacenar café por largos periodos– se transformó en una propuesta única que cambió la forma de entender la frescura en el café. Hoy, Devoción no es solo una marca, sino una filosofía que ha puesto a Colombia en el mapa de una nueva manera: no como un exportador de grano genérico, sino como el origen de un café con nombre propio, rostro de caficultor y frescura garantizada.
Steven Sutton lo resume en una frase que ya es casi un manifiesto: “Si no está fresco antes de tostar, no es Devoción”.
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Los sabores insignia de Devoción
La promesa de frescura se materializa en cafés de origen único, auténticas firmas de la marca. Entre sus emblemáticos microlotes destacan: Barril Rojo, un café tolimense con notas ácidas de granada, mora y limonaria; Wild Forest, que ofrece una compleja sinfonía de frutos del bosque, cereza y manteca de cacao, y Toro, su house blend insignia con un perfil clásico de cacao, vainilla y almendra. Estas referencias, junto a otras como Sombra o Honey, demuestran cómo la compañía traduce la diversidad de los paisajes cafeteros colombianos en experiencias sensoriales únicas y consistentes para el paladar más exigente.
Úrsula Levy
Para EL TIEMPO
X: @Uschilevy














