Desde una montaña que estaba sin pavimentar en la localidad de Usme, en Bogotá, hasta un set de Paramount Pictures en Estados Unidos, pasando por una trayectoria actoral en Londres, la vida de Miguel Hernando Torres Umba parece escrita con la misma precisión dramática de las obras que interpreta. Pero su historia no es una fábula de ascenso inmediato: es el trayecto paciente, físico y profundamente comunitario de un artista que siempre ha empezado desde cero, como el barrio donde nació.
Miguel, protagonista de ‘Primate’, la nueva apuesta de terror de Paramount, se ha convertido en un caso excepcional dentro del cine de estudio. En plena era del CGI y la inteligencia artificial, Migue interpreta a Ben, un chimpancé, una puesta completamente sin efectos digitales: todo lo que aparece en pantalla, cada impulso, tensión muscular, respiración y gesto, es su cuerpo dentro de un traje animatrónico manipulado a la vieja escuela. Su trabajo ya ha generado conversación en Estados Unidos y Reino Unido, y recibió el premio a Mejor Monstruo en el Toronto After Dark Festival 2025. Fangoria definió su interpretación como “totalmente creíble y aterradora”.
El afiche de la cinta ‘Primate’. Foto:Cortesía del estudio
Pero para entender por qué un colombiano de Usme terminó encabezando una superproducción de Hollywood, hay que volver al origen. Y en el caso de Miguel, el origen no es solo geográfico: es emocional, femenino y comunitario.
“Yo soy el legado de un montón de mujeres muy guerreras”, dice. Su nombre completo, Miguel Hernando Torres Umba, es un mapa íntimo. Miguel por su padre, Hernando por su abuelo, Torres por su linaje paterno y Umba por su madre y su abuela, una mujer que llegó analfabeta a Bogotá desde Boyacá, levantó sola a sus hijas y dejó un apellido que, según descubrió él mismo, está presente sobre todo en el Congo. En suajili, umba significa “crear”. Miguel decidió que esa coincidencia le pertenece.
Foto de la obra The Wedding Photophoby Foto:Rocío Chacón
Creció en Los Comuneros, un barrio autoconstruido por familias desplazadas que llegaron con nada: “cavaron calles, tendieron cables robados, desviaron agua, levantaron casas desde la tierra”. En su infancia convivieron la violencia periférica, los cumpleaños del barrio celebrados en potreros y una solidaridad que lo marcaría para siempre. Su refugio fueron el amor familiar y la cultura. La fundación Colpen, grupos juveniles, sacerdotes comunitarios y maestras de música, danza y teatro le dieron un lugar para imaginar otro futuro. “La cultura me salvó”, reconoce.
A los 17 años, mientras trabajaba en prácticas de electrónica, un desvío accidental en su camino artístico, recibió una llamada que cambiaría todo: dos amigos de la Academia Superior de Artes de Bogotá querían irse a estudiar inglés al Reino Unido. Él dijo sí sin pensarlo.
“Colgué el teléfono y le dije a mi mamá: me voy para Inglaterra. Ella me respondió: ‘bueno… pero termine de barrer’”.
Llegó a Londres con una mochila, un crédito del Icetex y un inglés rudimentario. Trabajó desde las cuatro de la mañana limpiando edificios y, al mismo tiempo, descubrió lo que sería su vida profesional: el mimo corporal dramático, en la prestigiosa International School of Corporeal Mime. Allí perfeccionó el lenguaje físico que hoy lo distingue en el cine y el teatro.
Grandes pasos, grandes escenarios
Su carrera se expandió con compañías como Gecko Theatre, proyectos para BBC Four, experiencias inmersivas con Secret Cinema, giras en Europa y un unipersonal que marcó su trayectoria: Stardust, una obra profundamente política que aborda el costo humano del consumo global de cocaína. Presentada en Reino Unido y Dinamarca, la pieza conmocionó al público por su precisión física y su lectura crítica sin estigmas. “Todos los colombianos cargamos ese peso, pero también quería hablar de nuestra herencia indígena, de cómo el origen puede ofrecer soluciones”.
Su llegada al cine
Ese dominio del cuerpo, técnico, emocional y narrativo, fue lo que lo llevó a ser elegido por Paramount para Primate. El papel exige una construcción física minuciosa: desaparecer como humano para convertirse en un ser completamente otro. No desde la máscara o el disfraz, sino desde la biomecánica, desde la animalidad interpretada como un texto corporal.
Hoy, desde el Reino Unido, Miguel observa su recorrido sin triunfalismos, fiel a la autogestión que aprendió en su barrio. “Vengo de un lugar que emerge desde el barro”, dice. Su carrera también ha emergido así: una suma de esfuerzos, de comunidades, de maestros y de una identidad que nunca dejó atrás.
El 8 de enero ‘Primate’ se estrenará en Colombia, Estados Unidos, Europa y Latinoamérica, y con ella, la historia de un bogotano de Usme llegará a las salas del mundo. No como un símbolo exótico ni como un afortunado azar, sino como lo que siempre ha sido: un creador. Un umba.
Maria Victoria Cristancho
Corresponsal El Tiempo
Londres

















