Brayan Carreño, el colombiano campeón mundial de patinaje artístico, dice que baila salsa desde que tiene memoria: “La practiqué desde muy pequeño, antes de saber en dónde estaba parado”.
De la salsa a los patines solo hubo un paso. Cuando tenía ocho años, Brayan y su hermana mayor, Jeniffer, entraron a una pista para ver un campeonato departamental de patinaje artístico.
Brayan y su hermana, Jeniffer, unos días antes del mundial de Pekín, China. Foto:CORTESÍA
“Él se sentó con una sillita Rimax que teníamos, recostadito sobre los tubos que lo separaban de la pista y miraba cómo las niñas, peinadas y maquilladas, patinaban de allá para acá. En ese momento, él me dijo: “Jeni, yo puedo hacer eso’’, y yo le dije: ‘Ah, ¿sí? ¿Usted puede hacer eso?’. ‘Sí, yo ya sé bailar’, me respondió”, recuerda la hermana. Solo ese instante bastó para que Brayan se enamorara de la disciplina y, en unos minutos, convenciera a Jeniffer de averiguar cómo podía asistir a los entrenamientos. Es un camino que ya cumple 17 años y que ha llevado al patinador estrella de Cali a dolorosas derrotas que lo prepararon para victorias mundiales. Y también inició su carrera como médico, mientras baila en patines.
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Las primeras rodadas
Al bajar a la pista, cuando el que sería su primer entrenador, Ramiro Velasco, se dio cuenta de que Jeniffer preguntaba por las clases de patinaje para un niño y no para una niña, no dudó en dejar que Brayan se probara unos patines y en decirle que su hermano podía iniciar a entrenar la siguiente semana con una beca.
En artístico había pocos niños y el entrenador no quería que Brayan fuera a la escuela del velódromo y se enamorara de otras modalidades, así que Velasco decidió pasarlo de manera directa a alto rendimiento.
“Siempre están buscando conseguir hombres, porque en Colombia este es un deporte que, aparte de ser desconocido, a los pocos que llegan, el machismo suele frenarles esa intención de comenzar”, comenta Brayan.
Brayan Carreño durante su presentación en el mundial 2024 Foto:CORTESÍA
Desde ahí empezó la rutina de ir al colegio y en las tardes practicar sus rutinas de artístico: “Llegaba del colegio y corría para el velódromo, luego volvía, hacía tareas y otra vez lo mismo al otro día”, relata Jenniffer. En 2012, dos entrenadores argentinos, Enrique Gustavo Demata y Pedro Romero, llegaron a Cali y tomaron el proceso deportivo de Brayan: “Era un niño muy disciplinado y juicioso, lo veíamos con mucho talento, solo había que cambiar un poquito la mentalidad para poder salir a nivel internacional”, dice Demata.
El primer campeonato mundial al que se presentó el joven fue en Reus 2014, y con tan solo 13 años compitió en la categoría junior, que va hasta los 18 años. “Era la primera vez que llevábamos un deportista de esa edad, y él al principio estaba asustado”, recuerda Demata. Jeniffer dice que para ese primer campeonato su hermano pasó por uno de sus momentos más difíciles, porque por momentos pensaba que no podría más y se sentía muy triste, por eso solía ir a llorar a lo que su entrenador llamaba “el muro de los lamentos”, una pared naranja que había en el escenario deportivo.
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“Él me contaba por audios que nada de lo que hacía servía. Yo le decía: ‘Usted tiene que demostrarle a su entrenador que está ahí porque se lo merece’”.
Demata recuerda muy bien esa primera competencia mundial de Brayan: “Empezó su rutina coreográfica, se cayó y yo dije, ‘acá se viene la noche’, pero no, se levantó con más garra y dijimos, ‘bien que lo afrontó’, no se tiró para abajo, sino que esa caída lo hizo levantar mucho más”.
Poco a poco, aun con momentos de duda sobre si debía continuar en el deporte o no, Brayan empezó a cosechar triunfos.
Brayan Carreño inició a estudiar Medicina en 2024, mientras patinaba. Foto:CORTESÍA
En 2015, consiguió su primera medalla mundial, un bronce en su ciudad; al año siguiente repitió bronce en Novara, Italia; y en 2017 llegó su primer título mundial en Nanjing, China. “Me aportó esa seguridad que tanto estaba buscando y me ayudó a aprender a creer en mí y saber que soy más valiente de lo que pienso”, afirma Brayan. Para ese mismo año, terminó el bachillerato y tomó la decisión de dedicarse por completo al deporte.
En 2018, finalizó su etapa en la categoría juvenil y reafirmó su título del mundo, mientras tomaba la decisión de qué quería estudiar. Aunque desde pequeño decía que quería ser médico, tomó otro camino: “Por miedo a tener que dejar mi deporte, empecé fisioterapia, una carrera que no me gustaba, pero que fue una recomendación. La estudié durante un año y en el 2020 me di cuenta de que no era lo mío, que yo quería estudiar medicina”.
Durante el primer semestre, sobrepasé todos
los límites: seguía derecho, faltaba a entrenamientos por quedarme a estudiar, me saltaba comidas…
BRAYAN CARREÑOPatinador colombiano
Este es el segundo oro mundial que gana Carreño en China. Foto:CORTESÍA
Estudiante de medicina
En 2024, Brayan logró ingresar al programa de medicina en la Javeriana de Cali y allí apareció otro reto para su carrera deportiva: llevar una carrera pesada y mantenerse en el deporte de alto rendimiento a un buen nivel.
“Durante el primer semestre, sobrepasé los límites saludables de lo que es para mí el estudio: seguía derecho e iba a entrenamientos, faltaba a entrenamientos por quedarme a estudiar, me saltaba comidas… yo viví todo eso”, recuerda.
Con ayuda de una psicóloga y de su entrenador, descubrieron que el equilibrio era la solución para llevar ambas cosas: “había momentos donde había que dedicarle mucho al estudio y después, quizá, justo cuando teníamos las competencias, ahí dedicábamos más a los entrenamientos”, cuenta Demata.
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En la universidad, uno de sus apoyos más importantes para lograr esto fue Laura Vargas, una de sus mejores amigas, quien, desde el primer semestre hasta hoy, que cursa el cuarto, lo ha apoyado. Con ella empezó un grupo de estudio que le ayuda a cumplir con los entrenos sin perder las clases: “Al principio éramos solo Brayan y yo, ahora somos cinco. Cuando él sale antes de clase para ir a sus ‘entrenos’, lo ayudamos a tomar apuntes, tratamos de grabar las clases, tomamos fotos del tablero y luego él se pone al día, no sé cómo, pero se pone al día”, explica Laura.
Para el campeonato mundial de patinaje artístico en Pekín, China, había un reto grande, porque tuvo que faltar más de una semana a la universidad.
A lo largo del campeonato, Brayan siempre estuvo atento a los mensajes de Laura en los que le avisaba cuándo había evaluaciones y logró cumplir con el estudio mientras hacía sus preparativos. “Él mismo se organizó para tener al menos una hora de estudio y es increíble cómo se adelanta, es súper buen estudiante, y me atrevo a decir que es de los mejores de la cohorte”, dice Laura.
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China: el país de los sueños
Cuando llegó el momento de su competencia de solo danza, Brayan recordó que los nervios eran mucho más altos que los de anteriores campeonatos, y en ese momento pasó por su cabeza el pensamiento con el que entró a competir: “Confié al ciento por ciento en mí, en mi equipo, mis entrenadores y en mi familia”.
Entró a la pista y vivió su competencia como un sueño: “Se sintió como cuando uno ve una película que tiene alrededor bordes blancos. Todo iba en cámara lenta: escuchaba a la persona que estaba en la tribuna, veía al juez, sentía mi ropa, sentía el piso”.
Brayan Carreño durante su rutina final de solo danza, con la que conquistó el oro. Foto:CORTESÍA
Cuando terminó su interpretación de ‘Se nos rompió el amor’, en una versión de David Bisbal, toda la tribuna se puso de pie y llenó la pista de aplausos, mientras que Brayan se despedía y tomaba fotografías con su mente para guardar ese recuerdo. Mientras abrazaba a sus entrenadores, apareció su puntuación y se dio cuenta de que ganó. Empezó a llorar y gritar de alegría: “Fue especial, no lo puedo poner en otras palabras, porque todo eso que uno muchas veces ve lejano, o parece que no va a llegar, se hace realidad”.
A esta medalla se le sumó el bronce con el cuarteto sénior, equipo compuesto por Brayan, Isabela Salinas, José Pino y Jeshua Folleco, quien ha entrenado con Carreño durante años. Para Folleco, haber compartido este momento con Brayan, quien ha sido una inspiración para él, fue un momento de mucha alegría: “Brayan siempre fue un buen referente en la pista, nunca deja a nadie atrás y siempre se ha preocupado por nosotros, y poder compartir un triunfo histórico para el país junto a él y mis otros dos compañeros fue una felicidad inmensa. Todos nos abrazamos y no sabíamos qué sentir”.
Los entrenadores argentinos Romero y Demata junto con Brayan y Folleco. Foto:CORTESÍA
Demata reflexiona sobre todo lo que ha pasado junto a Brayan y se enorgullece de que continúe en el deporte.
“A veces pensamos: ‘Ya está, terminó todo, o sea, es momento de retirarse’, pero él viene mejor que antes, con más ganas y con mejor actitud, y eso asombra de él, que nunca nada está perdido”. Ahora que Brayan regresó a Colombia, recuerda a China como un lugar donde ha podido cumplir sus sueños y se enorgullece de esas medallas que ha logrado, decidido a seguir su camino como médico y como el patinador que, antes que nada, fue bailador de salsa.
MARÍA PAULA AGUDELO CARRASQUILLA
UNIDAD DE REPORTAJES MULTIMEDIA – ESCUELA DE PERIODISMO EL TIEMPO
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