Bruselas cede a las presiones de la industria para alargar la vida del coche de combustión

La Comisión Europea ha acabado por ceder a las presiones del sector del automóvil y va a alargar la vida […]

EL PAÍS

La Comisión Europea ha acabado por ceder a las presiones del sector del automóvil y va a alargar la vida del coche de combustión más allá de 2035. Hace menos de dos años se aprobó el veto a la venta de este tipo de vehículos dentro de 10 años. Pero la medida ha chocado con los fabricantes, un sector muy potente por las inversiones y el empleo de calidad que crea, casi desde antes de nacer. A ellos se ha sumado esta legislatura el potente Partido Popular Europeo (PPE), liderado por los conservadores de Alemania, donde esta industria tiene una gran importancia. Finalmente, este martes Bruselas ha planteado una serie de medidas que difuminan en parte esa meta marcada para dentro de 10 años.

La batalla ha sido cruenta. No solo en el seno del Ejecutivo europeo. También entre los Estados miembros. Alemania, Italia, Polonia y otros apostaban por devaluar el veto al coche de combustión. España, no. Francia presionaba para incluir medidas que impulsaran la fabricación de los vehículos made in Europe. Y todos hacían saber sus posiciones a la Comisión a través de cartas, de declaraciones públicas y, por supuesto, de movimientos menos conocidos.

Del resultado, se puede decir que Berlín puede darse por satisfecho. Ahora el objetivo es que a partir de 2035, los fabricantes redujeran un 100% las emisiones, es decir, el fin de los coches de combustión. Con la propuesta nueva, ese listón se reduce al 90%. Son solo diez puntos, pero dan margen para que alarguen su vida los coches híbridos enchufables, un tipo de vehículos de combustión en los que ha habido marcas que han invertido bastante, como Mercedes.

Esa rebaja del 10% no se logrará a cambio de nada. El fabricante que quiera acogerse a ella tendrá que utilizar acero fabricado con bajo contenido de carbono, otra vía para ayudar a una industria europea, la siderúrgica, que está atravesando un mal momento por la sobrecapacidad de fabricación instalada en todo el mundo, especialmente en China, que inunda el mercado con metales producidos con menores costes y exigencias ambientales.

Hay otra medida que apunta en la misma medida que la dilución del veto de 2035. Los vehículos comerciales, las furgonetas o camionetas más pequeñas, tendrán un objetivo de reducción de emisiones menos ambicioso para 2030. La regulación actual fija una rebaja del 50% para dentro de cinco años. Ahora se plantea que se quede en el 40%.

Antes incluso de que Bruselas anunciara la medida, el presidente del PPE, Manfred Weber, ya se felicitaba por el paso que después ha confirmado la Comisión. “Estoy feliz de haber conseguido el objetivo del 90% para 2035, que era claramente una demanda del PP europeo. Estuvimos enmendando esto cuando se discutió la legislación hace ya tres o cuatro años”.

La Comisión ya había cedido ante la industria en marzo. Este año tenía que implantarse el primer objetivo intermedio de la regulación que busca avanzar hasta la prohibición de 2035. Para 2025, los fabricantes tenían que vender vehículos con una media de emisiones en carbono de 93,6 gramos por kilómetro, un promedio que se calcula cada año sobre el total de ventas, según prevé la norma. Estaba claro que no iban a llegar y que tendrían que pagar unos 15.000 millones, según los números de la propia patronal europea del sector, ACEA. Finalmente, se estableció un cómputo trienal, no anual, por el que las compañías ganaban dos años más para adaptarse.

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