Rusia acaba de estrenar en los cines, cien años después de su lanzamiento, la película ‘El acorazado
Potemkin’ de Serguéi Eisenstein, una de las cumbres del arte
cinematográfico, que sigue cautivando a los espectadores
pese a ser una película muda y en blanco y negro.
«Ésta es
una de las películas que lograron que el cine fuera
reconocido como un arte y no sólo como mero entretenimiento
para las masas», comentó Naum Kleiman, historiador de
cine y el mayor especialista en Eisenstein.
Paradójicamente,
las autoridades soviéticas encargaron a Eisenstein una
película propagandística con ocasión del 20 aniversario de
la Revolución de 1905, cuando tuvo lugar el motín en el
buque que da nombre al largometraje.
Eisenstein vuelve a los cines
La película fue estrenada en enero de 1926 en el
Goskinoteatr -hoy conocido como Cine del Arte- y ha sido
reestrenada en ese mismo lugar, uno de los cines más
antiguos del mundo, ya que fue inaugurado en 1909.
Kleiman
destaca que son pocos los que esperaban que ‘El acorazado
Potemkin’ fuera a ser un éxito de taquilla, cuando rompía
con los cánones, ya que no había ni un héroe, ni aventuras,
ni una historia de amor.
Aunque el protagonista no era el
legendario Douglas Fairbanks, cuya película fue estrenada en
esas mismas fechas, la gente hizo grandes colas para ver la
película.
Película ‘El acorazado Potemkin’, del director soviético Serguéi Eisenstein. Foto:Archivo. EL TIEMPO
«La gente estaba dispuesta a creer que el héroe no
era el líder (Lenin o Stalin) ni una persona concreta, sino
el propio pueblo, que es el motor de la historia, algo en lo
que creía firmemente Eisenstein», señaló.
Un siglo después,
cientos de moscovitas acudieron de nuevo a la cita en la
plaza de Arbat pese a las bajas temperaturas.
«Es una
película muy innovadora y, al mismo tiempo, técnicamente muy
precisa«, explica Kleiman al término de la sesión. «Aunque
la película se consideraba vanguardista, esto no significa
alejarse del espectador», explica.
Una diatriba contra la guerra
A sus 88 años, él es el mayor especialista mundial en
Eisenstein, del que destaca no sólo «su increíble fantasía,
sino el hecho de que fuera un artista universal, no un
creador provinciano».
Y recuerda que era un enamorado de la
pintura española, especialmente Velázquez y El Greco. Con
todo, la vigencia de la película la vincula no con su
maestría técnica, sino con su argumento.
«Es muy importante
que todos estos problemas siguen siendo actuales para la
humanidad. Seguimos matándonos unos a otros. Y aunque todos
conocemos la palabra hermanos, raramente la utilizamos»,
señala.
«Mientras las personas no entiendan que matarse unos
a otros es el mayor pecado que existe sobre la Tierra, esta
película será actual. Debemos escuchar su mensaje», dijo.
Película ‘El acorazado Potemkin’, del director soviético Serguéi Eisenstein. Foto:Archivo. EL TIEMPO
La
película es, en su opinión, una diatriba contra la guerra,
ya que, al final de la película «no triunfa la violencia»,
sino «la hermandad» entre los dos bandos. De hecho, en los
últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, Eisenstein
escribió «la guerra es lo más inhumano que existe sobre la
Tierra» y que «la palabra hermanos que suena en Acorazado
Potemkin sigue estando vigente». «Yo creo que ustedes han
venido hoy precisamente por ese motivo y no sólo a ver buen
cine», concluyó Kleiman, en una inconfundible referencia a
la actual guerra en Ucrania.
La escalera más famosa del cine
Como ocurriera hace un siglo, la escena
que volvió a acaparar toda la atención de los espectadores
fue la legendaria secuencia de la escalera de Odesa. Sin
olvidar que la versión restaurada en 1976 cuenta con música
de Dmitri Shostakóvich.
Son casi diez minutos trepidantes,
donde es imposible no solidarizarse con las víctimas de los
disparos de la guardia zarista, que desciende sin rostro por
las escaleras arramplando con todo lo que se le pone por
delante.
En particular, el corazón de los asistentes se
detuvo al ver cómo la cuna con el niño se deslizaba
irremediablemente por los escalones, escena revisitada por
directores como Hitchkock, Woody Allen, Kurosawa, David
Lean, Coppola, De Palma y, más recientemente, Tarantino y
Del Toro.
Si el diario Pravda destacaba que hace un siglo
los espectadores soviéticos salieron obnubilados de los
cines, los rusos de 2026 no salieron menos impresionados,
aunque se sabe que dicho episodio histórico nunca tuvo
lugar.
Un nuevo lenguaje cinematográfico
‘El acorazado
Potemkin’ revolucionó el lenguaje cinematográfico, según
Kleiman. Como ejemplo, Eisenstein y su director de
fotografía, Eduard Tisse, diseñaron un carro para la cámara
y el operador, que rodaba por rieles de madera, con lo que
prácticamente inventaron el ‘travelling’.
‘El acorazado Potemkin’ se estrenó en 1926. Foto:Cortesía
Y contrataron a un
acróbata de circo, que portaba una cámara a su cintura, para
que saltara por la escalera, lo que agravó la sensación de
caos y pánico de la escena.
La película, que no se rodó en
el buque original, ya que había sido desguazado, vivió toda
clase de vicisitudes, ya que fue censurada tanto en la URSS
-la frase inicial de Trotski fue sustituida por una de
Lenin- como en Occidente.
Además, para que cumpliera con su
fin propagandístico original, la bandera soviética -era una
cinta en blanco y negro- fue coloreada en la sala de
edición.

















