Los efectos de una guerra nuclear no se limitarían a tierra firme. Además del colapso agrícola y la hambruna global que ya han sido ampliamente estudiados, los océanos, que cubren más del 70 por ciento del planeta, también sufrirían consecuencias graves y de muy larga duración, según una investigación científica.
Un estudio publicado en la revista AGU Advances en 2023 y liderado por investigadores de la Universidad de Colorado Boulder modeló distintos escenarios de guerra nuclear y concluyó que el hollín generado por las explosiones bloquearía la luz solar durante aproximadamente una década. Este fenómeno provocaría un enfriamiento del planeta, alteraría de forma profunda los océanos y desencadenaría una crisis en los ecosistemas marinos.
De acuerdo con los autores, el enfriamiento sería tan intenso que los océanos entrarían en un nuevo estado climático durante décadas, con una expansión masiva del hielo marino, la interrupción de rutas marítimas y el colapso de la vida oceánica. En algunos escenarios simulados, los sistemas marinos nunca lograrían recuperarse.
“Esta investigación sugiere que las consecuencias de un conflicto nuclear pueden ser extremadamente graves”, explicó Nicole Lovenduski, coautora del estudio y profesora asociada del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas y del Instituto de Investigación Ártica y Alpina de la Universidad de Colorado Boulder.
Según la científica, los océanos responden lentamente a los cambios, por lo que cualquier alteración de esta magnitud tendría efectos prolongados. “En nuestros experimentos, el océano realmente nunca se recuperó”, afirmó.
Para evaluar los posibles impactos, los investigadores realizaron simulaciones de grandes conflictos nucleares —como uno entre Estados Unidos y Rusia— y de enfrentamientos regionales de menor escala, como un eventual choque entre India y Pakistán. En todos los escenarios, independientemente de su magnitud o ubicación, el resultado fue similar: el hollín alcanzaría rápidamente la estratrosfera, donde permanecería durante años.
Esas partículas bloquearían la radiación solar, provocando un descenso de las temperaturas globales. En el escenario de una guerra entre Estados Unidos y Rusia, la temperatura media del planeta caería unos 10 grados centígrados en los tres años posteriores al conflicto, dando lugar a lo que los científicos denominan un “invierno nuclear”.
Según el estudio, la extensión del hielo marino ocurriría incluso tras un conflicto nuclear regional, lo que demuestra que “incluso una guerra relativamente pequeña puede tener consecuencias climáticas a gran escala”, señaló Lovenduski.
La reducción de la luz solar también afectaría al fitoplancton, microorganismos marinos que constituyen la base de la cadena alimentaria oceánica. Sin la energía necesaria para realizar la fotosíntesis, estas microalgas desaparecerían, provocando un efecto dominó que afectaría a peces, mamíferos marinos y a todo el ecosistema oceánico.
“Si desaparecen las algas, todo lo demás también desaparece”, advirtió Lovenduski. “El océano, en esencia, se queda sin alimento como resultado de estos conflictos nucleares”.
En tierra firme, los científicos prevén fallas masivas en las cosechas debido al enfriamiento global. Y aunque la humanidad intentara compensar esa escasez recurriendo al mar como fuente alternativa de alimentos, el colapso de los ecosistemas marinos haría inviable esa opción.
Aunque la mayoría de los organismos marinos no resistirían un colapso climático de esta magnitud, existen excepciones extremas en la naturaleza. Algunos microanimales, como los tardígrados, conocidos popularmente como “osos de agua”, han demostrado una capacidad de supervivencia que desafía los límites de la biología.
Estos organismos, que apenas alcanzan hasta 1,2 milímetros de longitud, pueden sobrevivir a largos periodos sin alimento ni agua, tolerar temperaturas extremas, presiones aplastantes, altos niveles de radiación e incluso la exposición directa al vacío del espacio, según reportes del medio científico IFL Science.
Su resistencia se explica por un proceso llamado criptobiosis, mediante el cual expulsan más del 95 por ciento del agua de su cuerpo y entran en un estado de animación suspendida que puede prolongarse durante décadas. Sin embargo, esta capacidad es una excepción en el reino animal y no representa una alternativa viable para sostener los ecosistemas marinos.
REDACCIÓN VIDA DE HOY

















