¿Será que, como se repite, la voz del pueblo es la voz de Dios…? ¿Aplica eso en el fútbol con el pueblo de hinchas, de barras violentas, de canales partidarios, de fanáticos de platea o de tribuna de detrás de los arcos…?
Las redes sociales funcionan como un amplificador de todo: magnifican ideas, tendencias y emociones.
El fútbol exige un equilibrio urgente y profesional entre sentimiento, realidad y responsabilidad.
En ellas, con facilidad, hablan y atacan los inconformes, los que reprueban algo, los disgustados, los derrotados; y no porque sean más, sino porque hacen más ruido impulsados por los algoritmos y la lógica de la viralidad que privilegian el enojo, la queja, el insulto, el escándalo, la desinformación, el estigma, la reprobación y los discursos de odio.
Hinchas de Millonarios Foto:Captura de pantalla
Muchas veces esa ‘voz del pueblo’ sale desde el anonimato, como cuando los mismos escribían los mismos insultos en las paredes de los baños públicos.
Así operan las redes: el error, la falla o la inconformidad detonan avalanchas de comentarios.
De ahí el riesgo de asumir que “la voz del pueblo es la voz de Dios”, pues esa voz amplificada por las redes está profundamente matizada y sesgada.
Hinchas en una tribuna alientan a su equipo. Foto:EFE
Creer que ese coro digital representa la realidad absoluta es peligroso, más aún si se recuerda que varias de las peores barbaridades de la historia de la humanidad se han cometido precisamente en nombre de las mayorías… ¡y de Dios!
Confundir ruido con sabiduría, volumen con razón, es hoy uno de los grandes riesgos de nuestro tiempo, más cuando las culpas y los señalamientos se reparten en los nuevos –y viejos– medios, tan fácil y gratis como soltar un madrazo en la tribuna.
La sobredimensión del fútbol del siglo XXI está impulsada, entre otras sobredimensiones, por la exageración de la parcialidad de periodistas, medios y canales que han desproporcionado la importancia de eso que llaman “hinchada”, como un eufemismo de las barras violentas que ahora cuentan con medios propios de presión y comunicación en las redes.
Hinchas de Santa Fe Foto:Néstor Gómez – El Tiempo
Los contenidos de trinchera, partidistas, que enturbian el debate no puede ser la voz de Dios. El problema se agrava porque en las redes y su facilidad de “producción de contenido” se cree que cualquier hincha es periodista y, peor, uno que se escuda en el disimulo del “medio o prensa partidista”, en una cultura alimentada y patrocinada desde los medios tradicionales, en los que hay muchos “periodistas reconocidos” son y han sido solo hinchas con agenda de hinchas, intereses de hinchas, llantos, alaridos e insultos de hinchas.
Son militantes declarados y descarados. ¿Es la voz del pueblo?
La sobrevaloración de las hinchadas en el fútbol abre un debate espinoso donde se cruzan la pasión, la identidad colectiva y no pocos conflictos sociales.
Hinchas en Santa Fe celebran la décima estrella en el Parque Simón Bolívar. Foto:José Camilo Castiblanco.
Unos creen que esa devoción es el alma del juego. Pero esa idealización es peligrosa, pues ha generado y permitido varias de las peores pestes del fútbol de hoy.
El fútbol exige un equilibrio urgente y profesional entre sentimiento, realidad y responsabilidad. Pero en el fútbol, como en la política, donde hay militantes y partidarios, no siempre la voz del pueblo es la voz de Dios, y menos si es la voz amplificada de las redes sociales.
Gabriel Meluk
Editor de deportes de EL TIEMPO
@MelukLeCuenta

















