No espero mucho de una marca de productos de origen animal que en los últimos años se ha especializado en anuncios navideños sensibleros. Espero poco de los que viven de la muerte. Ya está la vegetariana dando la chapa, dirán, y sí, pero estoy muy hecha al consumo de carne, no voy a rasgarme las vestiduras. Siendo medio asturiana y medio gallega, me he criado entre xatas roxas y rubias galegas que, por nobles y hermosas que fuesen, invariablemente acababan en la pota entre patatas redondas y pimiento verde. Me consuela que previamente tenían vidas dignas; no digo que fuesen parte de la familia, no me quiero poner cursi como un spot navideño, pero su efímera existencia tenía poco que ver con la de los millones de animales que hoy sufren nuestra ansiedad por llenar el carro a reventar para sentirnos ricos de supermercado. Consumimos por encima de nuestras posibilidades, vaya novedad que les cuento.

















