Estados Unidos volverá a llevar astronautas a la Luna en 2028, un año más tarde de lo previsto, tras la firma de una nueva orden ejecutiva del presidente Donald Trump que redefine la política espacial del país y fija el rumbo del programa Artemis para los próximos años.
La orden, emitida por la Casa Blanca, establece como prioridad “regresar a los estadounidenses a la Luna en 2028 a través del Programa Artemis, para reafirmar el liderazgo estadounidense en el espacio, sentar las bases para el desarrollo económico lunar, preparar el viaje a Marte e inspirar a la próxima generación de exploradores”, según se lee en el documento oficial. El objetivo es lograr el primer alunizaje tripulado desde la misión Apolo 17, en 1972, aunque con un nuevo calendario que reconoce los retrasos acumulados del programa.
El anuncio llega en un momento clave para la Nasa y coincide con el nombramiento de su nuevo administrador, Jared Isaacman, multimillonario, astronauta privado y cliente de SpaceX, la empresa de Elon Musk. La agencia llevaba más de un año sin una dirección en firme, luego de que la candidatura de Isaacman se estancara por las tensiones públicas entre Musk y Trump. Ahora, el nuevo jefe de la NASA tiene el reto de recuperar la credibilidad del programa lunar y cumplir con un cronograma que ha sufrido múltiples ajustes.
No es la primera vez que Artemis se retrasa. Hace un año, la misión Artemis III, que inicialmente estaba prevista para 2026, fue reprogramada para mediados de 2027. En diciembre de 2024, el entonces administrador de la Nasa, Bill Nelson, defendió la cautela: “No volaremos hasta que estemos preparados, hasta que sea posible hacerlo para las personas a bordo. Debemos hacerlo bien”.
La nueva orden ejecutiva refuerza ese enfoque estratégico, pero también introduce una presión política clara. Trump dio a Isaacman un plazo de 90 días para presentar un plan detallado que permita cumplir los objetivos fijados, entre ellos establecer “los elementos iniciales de un puesto lunar permanente para 2030”, con el fin de garantizar una presencia sostenida de Estados Unidos en el espacio y avanzar hacia futuras misiones a Marte, de acuerdo con el texto de la Casa Blanca.
El documento también enmarca el programa lunar dentro de una nueva carrera espacial. Mientras Estados Unidos redefine su hoja de ruta, China ha anunciado planes para realizar su primera misión tripulada a la Luna antes de 2030, lo que añade un componente geopolítico al calendario de Artemis y refuerza la urgencia del proyecto.
Pese al retraso del alunizaje, la Nasa mantiene sus planes para una misión tripulada alrededor de la Luna en 2026. A más tardar en abril de ese año, una tripulación de cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen— emprenderá una misión de diez días para orbitar el satélite natural y probar los sistemas y equipos necesarios para futuras exploraciones en superficie. Según la agencia, el viaje los llevará a recorrer unos 9.260 kilómetros más allá de la Luna, una distancia récord para una misión tripulada.
En total, la misión comprenderá 15 etapas, desde el lanzamiento del cohete en el Kennedy Space Center, pasando por una órbita inicial alrededor de la Tierra para impulsarse hacia la Luna, hasta la órbita lunar y el regreso seguro a nuestro planeta.
Más allá de los plazos, la orden ejecutiva deja claro que la Casa Blanca concibe el espacio como un eje estratégico. “La superioridad en el espacio es una medida de visión nacional y voluntad”, afirma el texto, que vincula la exploración lunar con la seguridad, la economía y el desarrollo tecnológico de Estados Unidos. Con Artemis, Trump apuesta a que el regreso a la Luna no sea solo un hito histórico, sino el primer paso visible de una nueva era de presencia humana más allá de la Tierra.
Redacción Ciencia

















