Hace poco mi amiga Alba, que tiene 12 años, compartió conmigo a través de su madre María, que también es mi amiga, un valioso PDF que contenía un diccionario de adolescentes para adultos y que había elaborado junto a sus compañeras Mencía y Valeria. En este fabuloso documento etnográfico describen una veintena de términos que consideran necesario que manejemos. La mayor parte han sido originados en el internet anglo o son ampliamente utilizados en línea, por lo que no me han sorprendido demasiado: pick me (la chica que busca validación masculina), de chill (estar relajada), lolazo (mucha risa), omg (dios mío), pov (punto de vista), glow up (una mejora física transformadora), lit (literal), shippeo (relación amorosa imaginaria), npc (personaje de un videojuego que no controla el jugador) o vibes (energía). Otras expresiones son tan viejas que han regresado triunfantes en el tiempo, como “me renta”. También hay términos de uso común que al parecer se han puesto de moda, como aura, chisme o amorfo. Me han extrañado más las expresiones “ella jura” (una broma sobre las buenas intenciones de alguien, como en “Voy a hacer ejercicio. Ella jura”) o laqueso, abreviatura de “la que soporte” (un nuevo “a quien no le guste que no mire”).















